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Cristina, la fusilada que camina: una crónica peronista contra la amnesia gorila

En el aniversario de los fusilamientos de José León Suárez, Cristina Fernández de Kirchner parafraseó a Rodolfo Walsh con una frase que dolió más que un editorial de Magnetto: “Soy una fusilada que vive”. Mientras la gilada liberal se burla desde sus smartphones con delivery de sushi, la historia reaparece como un ladrido incómodo. ¿Qué no entienden de «Operación Masacre»? ¿Qué parte de “fusilaron militantes peronistas en basurales por pensar distinto” no les entra en la cabeza?


Buenos Aires, junio de 2025.
A 69 años de la masacre de José León Suárez, mientras la derecha tuitera juega a indignarse con frases recortadas, Cristina volvió a encender la mecha de la memoria: «Soy una fusilada que vive», dijo. La cita no fue una boutade ni un acting para la militancia, fue una advertencia con olor a pólvora literaria. Fue Rodolfo Walsh reencarnando en una mujer que, como Livraga, sobrevive a los tiros judiciales del partido militar-mediático.

Operación Masacre, el primer libro de no ficción del continente, no es solo una pieza literaria, es una denuncia impresa en tinta y sangre. Lo que Walsh narró con precisión quirúrgica fue un crimen de Estado cometido por los “salvadores de la república”, esos mismos que hoy mandan trolls, fiscalías y fake news contra quien osa desafiar el statu quo.


¿Por qué molestó tanto esa frase?
Porque los gorilas no toleran que una mujer, abogada, dos veces presidenta, senadora, y madre de Plaza virtual, tenga más historia encima que todo el archivo de LN+. Cristina no se compara con Moreno, ni con Valle, ni con Livraga. Se hermana con ellos. Se inscribe en la continuidad histórica del fusilado, el proscripto y el perseguido.
El problema no es lo que dijo. El problema es que lo dijo ella. Y que lo dijo sabiendo que el macartismo 3.0 la está esperando con la soga judicial. Porque el lawfare también fusila, sólo que con fallos, editoriales y jueces adictos al poder de turno.


¿Quién fusila hoy?
Hoy no se disparan balas en basurales. Hoy te pegan con causas armadas, tapas de Clarín, y editoriales que dictan prisión preventiva antes de la defensa. Fusilan desde Comodoro Py con la misma lógica: hay que disciplinar, hay que castigar, hay que eliminar al sujeto político que incomoda.
Cristina incomoda. Porque no se calla, no negocia y no se va. Y eso en la Argentina del marketing libertario, es delito de lesa obediencia.


¿Por qué recordar a Walsh duele tanto en este presente?
Porque Walsh no escribía por deporte ni para ganar premios, escribía para incomodar al poder. Porque la pluma de Rodolfo fue más valiente que muchos fierros, y porque su testimonio sobre la masacre fue lo que hoy llamaríamos «periodismo incómodo», ese que falta en redacciones colonizadas por pauta y miedo.

Y mientras algunos piden cárcel para Cristina entre memes de Baby Etchecopar, los que leyeron a Walsh saben que lo verdaderamente desquiciado es naturalizar el odio como discurso oficial, y el fusilamiento simbólico como forma de hacer justicia.