Crónica completa: La liberación de Juan Grabois tras su detención por la toma del Instituto Perón desata una tormenta política.
Meteme preso Milei, pero la bandera argentina no me la sacás. pic.twitter.com/O02sNBd8Vv
— Juan Grabois (@JuanGrabois) June 7, 2025
Juan Grabois fue detenido este sábado tras ocupar el edificio donde funcionaba el Instituto Juan Domingo Perón. La noticia corrió como reguero de pólvora y sacudió al tablero político nacional: una toma simbólica en defensa de la memoria histórica terminó con gases, golpes y un dirigente arrastrado por las fuerzas federales. La escena pareció sacada de otro siglo, pero sucedió este fin de semana, en pleno centro de Recoleta.
La ocupación del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, realizado por militantes del Frente Patria Grande y legisladores afines, fue una respuesta directa al cierre del histórico organismo dispuesto por el gobierno de Javier Milei. En menos de tres horas, lo que comenzó como una sentada pacífica, terminó en un violento operativo de desalojo con Juan Grabois y Valentín Peralta Ramos detenidos por “daños, lesiones y tentativa de usurpación”.
Una protesta que tocó un nervio nacional
Alrededor de las 14 del sábado, unas cincuenta personas ingresaron al edificio a través del café temático “Un café con Perón”, y desde allí accedieron al espacio declarado Monumento Histórico Nacional. Desde los balcones colgaron banderas con las leyendas: “Si no podés elegir, no hay democracia” y “Defendamos nuestra historia”. Junto a Grabois estaban los diputados Itai Hagman, Natalia Zaracho y Victoria Montenegro, entre otros.
El propio dirigente anunció en redes la “recuperación del Instituto por parte de la juventud del movimiento nacional”, denunciando la clausura como “un acto de odio gorila”. Más tarde, acusó a la ministra Sandra Pettovello por “la destrucción del patrimonio simbólico del pueblo”.
El operativo y la detención
Poco antes de las 17, efectivos de la Policía Federal avanzaron sobre el edificio con gases y escudos. En medio de forcejeos, detuvieron a Grabois en la vereda. Lo subieron a un camión celular mientras el dirigente gritaba: “¡Meteme preso Milei, pero la bandera no me la sacás!”. La imagen recorrió todo el país. Fue trasladado a la Superintendencia de Investigaciones Federales, en Villa Lugano, donde quedó detenido durante unas nueve horas.
La detención generó una reacción inmediata en redes sociales y en el arco político. Axel Kicillof reposteó una exigencia de libertad, Matías Lammens escribió “dejen de jugar con la democracia”, Julia Strada pidió la “inmediata libertad del compañero Juan Grabois” y Nicolás del Caño, desde la izquierda, exigió lo mismo.
El repudio del peronismo
“El Partido Justicialista Nacional exige la inmediata liberación de los compañeros Juan Grabois y Valentín Peralta Ramos”, se publicó en redes sociales oficiales. En el comunicado, el PJ repudió la “detención ilegal, sin orden judicial” y calificó el hecho como “un avance contra la militancia y el patrimonio simbólico del peronismo”. Recordaron que el edificio fue la Residencia Presidencial hasta 1955, donde vivieron Perón y Evita.
El cierre del Instituto, anunciado en mayo por el vocero presidencial Manuel Adorni, fue presentado como una medida de austeridad: “Una carga presupuestaria injustificada”. El gobierno prometió convertir el espacio en una biblioteca para personas con discapacidad y destinar el café a jóvenes neurodivergentes.
Una herida abierta en la memoria popular
Desde el Frente Patria Grande, la ocupación fue explicada como un “acto de reafirmación pacífica del derecho a la memoria histórica”. Grabois declaró: “Acá había un museo, un lugar de homenaje. Pusieron una bolsa mortuoria en la estatua de Perón y Evita. Fue una provocación”.
Para él y su entorno, la clausura del Instituto no es una decisión administrativa, sino una operación cultural de borramiento histórico: “Quieren desarmar los símbolos para desarticular a un pueblo con memoria”.
La celebración oficialista
Mientras tanto, desde el Gobierno la reacción fue de júbilo. Patricia Bullrich encabezó la línea dura: “Se terminó el vale todo. Detuvimos al piquetero que ejecuta usurpaciones. Ni Grabois ni ningún kirchnerista tiene privilegios”. Y añadió: “Basta de vivir del pasado y del bolsillo de los argentinos. Las hacés, las pagás”.
El presidente Javier Milei replicó un posteo del periodista Javier Lanari, que celebraba la detención con una tilde verde. No dijo más. No hizo falta. La narrativa estaba armada: orden vs. caos. República vs. mafia. La bandera, sin embargo, seguía colgando del pecho de Grabois mientras lo subían al furgón.
Un domingo con olor a pólvora simbólica
Pasada la medianoche, su abogado Nicolás Rechanik confirmó la liberación de Grabois y Peralta Ramos. «Estuvieron encerrados durante horas en condiciones indignas», declaró. Y denunció una “vocación política de persecución” por parte del gobierno.
La ministra Bullrich, en cambio, consideró que “las medidas de resguardo del patrimonio evitaron que se produjera su destrucción por quienes irrumpieron con violencia”. Desde el Ministerio de Capital Humano, se defendió el cierre asegurando que el Instituto contaba con solo 20 empleados y costaba “más de 400 millones de pesos al año”.
Una grieta que no se tapa con cemento
La toma del Instituto Perón no fue un simple hecho de protesta. Fue una puesta en escena de la nueva tensión que atraviesa la política argentina: la disputa por el sentido común de la historia. El cierre de espacios simbólicos, la criminalización de referentes sociales y la épica de la desobediencia civil reviven un viejo conflicto que parecía dormido.
¿Es esto un acto ilegal o un gesto de resistencia legítima? ¿Fue una toma o un grito desesperado por defender lo que queda del relato colectivo? ¿Quién defiende la memoria cuando el Estado la desarma a decretazos?
Y vos, ¿de qué lado estás? ¿Con los que piden orden o con los que gritan por la historia? Escribinos a lectores@palermonline.com.ar y participá del debate.
