Curiosidades sobre Borges y su vida en Palermo. La Casa de Borges.

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Curiosidades sobre Borges y su vida en Palermo, el primero de las barrios de la recorrida:




Su primera infancia transcurre en el barrio porteño de Palermo, hasta 1914. En ese momento, era un barrio muy marginal. Por ello, sus padres no decían que vivían en Palermo, sino en “el norte”. Construyeron ahí una elegante casa de dos plantas, totalmente incongruente con el barrio, pero el mundo de Borges era la biblioteca de su padre.

Durante sus primeros años, fue criado para una institutriz inglesa, la señorita Tink. Entró a la escuela formal a los 10 años, pero no la terminó por su viaje a Ginebra.

Borges nunca tuvo consciencia de las características de aquel Palermo –barrio de malevos y cuchilleros–, hasta que no entra al colegio y conoce las realidades de sus compañeros. Luego, lo reconstruyó literariamente.

Aquellos malevos y cuchilleros fueron personajes de la mitología de sus cuentos. En Evaristo Carriego, cuenta que él conoció verdaderamente el barrio de grande.

Vivían en Serrano al 2100; hoy, Borges 2135/2147. Él siempre se opuso a que la calle llevara su nombre. También le decían la manzana de Borges: Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.

No tenía una buena relación con sus compañeros de escuela. Los cruces de culturas en el colegio eran muy evidentes.

Aprendió a hablar primero en inglés. Y tuvo una relación muy cercana con su abuela paterna Fanny Haslam, quien también era inglesa, al igual que su institutriz.

Uno de los almacenes que se ubicaba en una esquina de Serrano –mencionado en su cuento “El hombre de la esquina rosada”–, sigue existiendo como almacén y restaurante.

Casa de la abuela de Jorge Luis Borges (Borges 2135)
Casa de los padres de Jorge Luis Borges (Borges 2147)
Su escuela, Escuela Superior de Varones N° 1 (Thames 2321)

Los escritores predilectos de Borges
Traducida al inglés por William Morris, la saga islandesa Völsunga –una obra anónima escrita durante el siglo XIII– fue un regalo de su padre, cuando Borges apenas era un adolescente y ya un lector excepcional. La pasión por las letras islandesas –“el latín del norte” como decía Borges– lo acompañó desde entonces. Comenzó a estudiar aquella lengua, también con María Kodama, no para hablarla, pero sí para traducirla. Y así publicó los libros Las kenningar, Literaturas germánicas medievales, y Gylfginning –este último, junto con su mujer–.

Sin bien se consideraba a sí mismo un contemporáneo de los griegos, también tenía cierta predilección por otros autores, entre ellos: Virginia Woolf, William Faulkner, E. M. Forster, Kafka, André Breton, Ray Bradbury, Lovecraft, C. S. Lewis; y, de este lado de la región, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, José Bianco, Juan Rodolfo Wilkock, Ernesto Sábato, Julio Cortázar.

Aún así, Borges explicaba: “En general lo contemporáneo no me interesa. Creo que habrá de parecerse bastante a mí. Después de todo, yo también soy contemporáneo. Tratándose de lo contemporáneo, estamos viviendo en el mismo mundo y no creo que podamos ser muy distintos. En cambio, si uno estudia literaturas de otras épocas puede encontrar novedades”.

Su biblioteca
Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo quien, con humildad y audiacia escribió en uno de sus poemas: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”.

Pero, ¿cuáles son aquellas que le dieron tanto orgullo? ¿Qué tipo de libros había en su propia biblioteca? ¿Cuáles eran sus autores preferidos? ¿A quiénes releía?

“Su gran biblioteca fue la que heredó de su padre, que venía de su abuela inglesa. Allí conoció a muchos autores. En su biblioteca personal, además, no solo había ejemplares de literatura sino, sobre todo, de filosofía, religión, astrología, matemática y ciencias. Tenía una gran curiosidad”, compartió María Kodama, especialista en literatura y mujer del escritor, quien lo acompañó hasta el último día. Y agregó: “Borges tenía la Enciclopedia Británica completa; muchas traducciones de la Divina Comedia –recorría librerías para comprar y comparar traducciones–; sagas de la literatura islandesa, y distintas obras orientales, sobre todo, japonesas como Los cuentos de Ise. Por supuesto, leía mucho a los clásicos”.

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