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De los escenarios al escarnio: la farándula argentina se convirtió en un barro de narcisismo y drogas

De los escenarios al escarnio: la farándula argentina se convirtió en un barro de narcisismo, drogas y berrinches

La Argentina del showbiz ya no se mide por talento ni por gracia. Se mide por escándalos en Instagram, cautelares por Zoom y peleas en guardias judiciales. Lo que alguna vez fue la cuna de actrices como Libertad Lamarque o la picardía radial de Tato Bores, hoy se arrastra entre posteos de Wanda Nara, videos de Mauro Icardi, exabruptos de Melody Luz y denuncias cruzadas entre influencers, panelistas y futbolistas sin club. ¿En qué momento la farándula se volvió un consultorio psiquiátrico con cámara?


Un circo de egos en guerra

Que una historia de amor se rompa no es novedad. Que termine en una guerra pública de carpetazos, amenazas legales y transmisiones en vivo desde Dubai, ya es otra cosa. Mauro Icardi y Wanda Nara protagonizan una de las telenovelas más burdas del siglo XXI: celos públicos, hijas judicializadas, influencers acusadas de “zorras” y futbolistas que firman mensajes como si fueran guionistas de Casados con Hijos.

El último episodio nos ofrece un Icardi pidiendo tenencia con amenaza incluida (“¡Tic, tac, Johnny!”), una Wanda insultando a la China Suárez por ir a buscar a las hijas al colegio (“Zorra hija de puta”) y una Justicia que regula con lupa quién puede o no merendar con quién. Todo, mientras las redes sociales hierven con mensajes crípticos y la TV repite los fragmentos como si fuera Shakespeare… pero en versión Rappi.


Farándula de papel picado y autos de lujo

Se pelean por un Lamborghini rosa, por la agenda escolar de las hijas, por quién vio pasar a quién en cuero por Nordelta. Todo en medio de una exhibición obscena de narcisismo y carencia emocional. Porque, en el fondo, nadie actúa: todos sobreactúan. Como si tuvieran la necesidad compulsiva de gritar sus miserias al país entero, para no sentir el silencio ensordecedor de sus propias vidas.

La Argentina que aplaudía a Norma Aleandro en La historia oficial, hoy consume con avidez los berrinches de pseudo-celebridades que confunden una orden judicial con un posteo viral.


Del Maipo a LAM: la decadencia sin maquillaje

Compará, si te animás, esta farándula con la de los años ‘60 y ‘70. Donde las vedettes sabían bailar, cantar y sostener una obra dos temporadas seguidas. Donde los actores se mataban arriba del escenario y no en tribunales. Donde los escándalos, si los había, quedaban entre bambalinas, porque lo importante era el arte. ¿Te imaginás a Nélida Lobato haciendo una historia para bardear a Zulma Faiad?

Hoy, en cambio, tenemos a Melody Luz anunciando que irá a LAM porque se cansó de “cerrar el orto”. A Caniggia lo traicionan las redes y lo rematan las exparejas. Y a las nuevas parejas las presentan con una selfie y se despiden con un juicio.


Una sociedad adicta al quilombo ajeno

Pero, ojo, no es solo culpa de ellos. Es nuestra. Nosotros miramos. Nosotros reproducimos. Nosotros hacemos virales a estas personas porque el escándalo es un nuevo opio. ¿Para qué pensar en el precio del dólar o en la reforma laboral si podés indignarte con Wanda diciendo «¡Zorra!» o con Icardi posteando una foto con los hijos de otro?

Consumimos a esta farándula como quien ve un accidente en cámara lenta. No por placer, sino por morbo. Como si, en el fondo, quisiéramos verlos arruinarse en vivo para no sentir que somos los únicos que no la tenemos clara.


El show debe seguir… ¿pero así?

¿Esta es la televisión que queremos? ¿Estos son los ídolos que le mostramos a nuestros hijos? ¿Wanda, Melody, Icardi y los panelistas que comentan todo como si fueran fiscales de TikTok?

¿Qué pasó con el brillo del Colón, con el talento del San Martín, con la televisión que enseñaba algo entre sketch y sketch? ¿En qué momento el drama fue reemplazado por el drama queen?


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