La cadena española redujo parcialmente sus pérdidas operativas, pero continúa vendiendo menos productos, mantiene un EBITDA negativo y no prevé nuevas aperturas. Aunque no existen datos que permitan hablar de una quiebra inminente, el grupo analiza desprenderse de una operación que emplea a miles de personas.
La posible venta de Supermercados Dia se convirtió en otra postal incómoda de la economía argentina. Mientras el Gobierno nacional promete una lluvia de inversiones, una de las principales cadenas de proximidad del país busca un comprador o un socio que le permita reducir su exposición a un mercado marcado por el derrumbe del consumo, los márgenes mínimos y la incertidumbre.
Según trascendió en el mercado, Grupo Dia habría encargado al Banco Santander la búsqueda de interesados en su filial argentina. La compañía evitó confirmar oficialmente la operación y su CEO global, Martín Tolcachir, se limitó a declarar que el grupo no realiza comentarios sobre “rumores de mercado”.
Sin embargo, los números muestran por qué la Argentina dejó de ser una prioridad para la empresa.
Ventas en caída y pérdidas millonarias
Durante el primer semestre de 2026, Dia Argentina alcanzó ventas brutas por 722,5 millones de euros, una caída interanual del 12,4% medida en la moneda europea. En pesos, la facturación creció 20,3%, pero este incremento estuvo impulsado fundamentalmente por los precios y la variación cambiaria.
El indicador más revelador es el volumen: la cantidad de productos comercializados cayó 4,6% durante el semestre. Es decir, las cajas registradoras movieron más pesos, pero por ellas pasaron menos alimentos, bebidas y artículos de consumo cotidiano.
La filial argentina terminó el período con una pérdida neta cercana a los 24 millones de euros. El margen de EBITDA ajustado mejoró 30 puntos básicos, aunque continuó en terreno negativo, en aproximadamente -0,2%. España, mientras tanto, alcanzó un margen de 6,5% y una ganancia neta superior a los 50 millones de euros. El contraste es brutal: el negocio español crece y financia la paciencia del grupo, mientras la operación argentina todavía destruye rentabilidad. Grupo Dia informó que sus resultados consolidados dependen cada vez más del mercado español.
El problema viene de arrastre. Durante 2025, Dia Argentina había registrado una pérdida neta de 51,3 millones de euros, frente a un rojo de 12,7 millones en el ejercicio anterior. Sus ventas brutas alcanzaron los 1.510 millones de euros, con una caída del 15,1%. La empresa atribuyó esa evolución a la contracción del consumo doméstico y a la depreciación del peso.
¿Dia Argentina puede quebrar?
Por el momento, no existen elementos públicos suficientes para afirmar que la compañía se encuentre próxima a presentar un concurso preventivo o pedir la quiebra. Tener pérdidas o EBITDA negativo representa una señal de alerta, pero no significa automáticamente estar en cesación de pagos.
De hecho, Dia Argentina cerró junio con una posición de caja neta positiva de 40 millones de euros y sin deuda financiera neta. Ese dato contradice, al menos por ahora, la hipótesis de una quiebra provocada por falta inmediata de capital.
La verdadera amenaza es otra: que las pérdidas continúen, que el volumen comercializado no se recupere y que la casa matriz decida dejar de sostener una filial sin rentabilidad. En ese escenario, una venta, el ingreso de un socio, una reducción más profunda de la estructura o una retirada ordenada resultarían alternativas más probables que una quiebra repentina.
La búsqueda de un comprador tampoco significa que Dia vaya a cerrar sus supermercados. Si aparece un interesado, la operación podría continuar con otro propietario y mantener la marca, las franquicias y buena parte del personal. La Nación informó que el proceso todavía estaría en una etapa inicial, sin compradores ni valuaciones confirmadas.
Casi mil supermercados y miles de empleos en juego
Dia opera actualmente 996 tiendas en la Argentina: 245 son administradas directamente y 751 funcionan como franquicias. Durante el primer semestre cerró 11 locales, aunque la empresa aseguró que esa rotación se encuentra dentro del comportamiento habitual de su red.
La cadena emplea aproximadamente a 3.200 trabajadores directos y genera otros 4.500 puestos dentro de sus franquicias. También trabaja con cerca de 200 proveedores locales, en su mayoría pequeñas y medianas empresas, y cuenta con más de cuatro millones de clientes adheridos a Club Dia.
Tolcachir aseguró que la empresa se encuentra enfocada en sostener el negocio argentino, pero reconoció que no existen planes de expansión inmediatos. En otras palabras: Dia no anunció su retirada, pero tampoco piensa apostar nuevo capital para abrir supermercados mientras espera una recuperación que nunca termina de llegar.
El consumo sigue siendo el agujero del modelo
El caso Dia no puede analizarse de manera aislada. Según el INDEC, las ventas de los supermercados a precios constantes retrocedieron 0,7% interanual en mayo. Además, durante marzo, el 37,3% de los empresarios del sector calificó como mala su situación comercial y el 58,7% señaló a la falta de demanda como el principal límite para aumentar su actividad.
Datos privados posteriores mostraron un deterioro todavía mayor: el consumo masivo cayó 2,7% interanual en junio y acumuló una contracción del 2,9% durante el primer semestre. Las ventas de los supermercados de cadena bajaron 2,6%, mientras los almacenes y kioscos sufrieron un retroceso del 4,6%.
La macroeconomía podrá exhibir superávit fiscal, desaceleración inflacionaria o crecimiento de sectores exportadores, pero para los supermercados existe una realidad mucho menos épica: los consumidores llegan con menos dinero, compran menos unidades y dependen cada vez más de descuentos, promociones bancarias y segundas marcas.
Otra empresa que mira la puerta de salida
Dia no sería la primera multinacional que revisa su permanencia en el país. Durante los últimos años vendieron o transfirieron sus operaciones locales compañías como HSBC, Telefónica, ExxonMobil, Procter & Gamble, Mercedes-Benz y Makro, aunque cada operación respondió a razones particulares y no todas implicaron cierres o pérdida completa de puestos de trabajo.
Carrefour también buscó desprenderse de su filial argentina, recibió propuestas de grupos locales y regionales, pero finalmente desistió porque las ofertas no alcanzaron la valuación pretendida. Ese antecedente muestra que buscar comprador no garantiza encontrarlo: en la Argentina pueden existir interesados, pero el riesgo y la debilidad del consumo empujan los precios hacia abajo.
Dia todavía tiene caja, una extensa red comercial y una posición relevante en el mercado. No está quebrada. Pero una empresa con casi mil supermercados, miles de trabajadores y más de dos décadas en el país está evaluando si continúa sola, incorpora capital o entrega las llaves a otro dueño.
La pregunta ya no es solamente qué hará Grupo Dia. La pregunta de fondo es cuántas empresas más deberán poner el cartel de venta antes de que el Gobierno reconozca que ordenar las cuentas públicas no alcanza cuando las cuentas de las familias permanecen en rojo. ¿Podrá recuperarse el consumo antes de que Dia encuentre comprador? ¿O la Argentina sumará otra marca histórica a la larga lista de compañías que decidieron buscar la puerta de salida?
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