El día después que caiga Milei: análisis de caídas estrepitosas en la política argentina
Mientras los fanfarrones del poder se pavonean por los canales de los ensobrados de Milei, un 52% de pobres y un 12% de indigentes se calientan como un caldo de cultivo para un estallido social y la anomia.
El colapso de un liderazgo político rara vez sucede de la noche a la mañana; sin embargo, el momento en que se manifiesta suele ser tan contundente que lo transforma en un evento espectacular. En la historia reciente de la política argentina, se han registrado ejemplos paradigmáticos de figuras que encarnaron una promesa de cambio radical, solo para terminar siendo abandonadas por aquellos mismos sectores que las llevaron al poder. Javier Milei, en caso de que caiga, bien podría encajar en esa serie de caídas abruptas que dejan un eco profundo en la sociedad. Se analizarán las razones que podrían llevar a Milei al ocaso político, trazando paralelismos con otras caídas estrepitosas.
Cuando se mencionan caídas estrepitosas en la política argentina, la memoria se remite al gobierno de Fernando de la Rúa, quien, tras una fuerte expectativa de restaurar la confianza económica y política, fue abandonado no solo por el voto popular, sino también por el empresariado y la clase media que inicialmente lo apoyaron. La crisis de 2001 no fue solo el fin de una presidencia, sino un símbolo del quiebre de las ilusiones que se habían generado. Del mismo modo, se ha observado que Milei ha logrado cautivar a una clase media asfixiada por la presión tributaria y la inflación, así como a un sector empresarial que ve en él la posibilidad de reducir el peso del Estado en la economía.
Sin embargo, esa clase media y los empresarios que hoy respaldan su figura podrían también darle la espalda al observar que las promesas de libertad económica no se traducen en mejoras palpables para el bolsillo. Tal como ocurrió con Carlos Menem, cuyos primeros años de privatizaciones fueron celebrados por el mercado, pero cuyo modelo luego mostró sus profundas grietas, Milei podría enfrentarse a la paradoja de la sobreexpectativa y el desencanto. La creencia en su poder como figura disruptiva sería también su mayor debilidad, al depender casi exclusivamente de resultados inmediatos en un contexto que exige, a gritos, estabilización.
Las caídas políticas no solo están relacionadas con errores en la gestión, sino también con la incapacidad para mantener intactas las alianzas que sostienen el poder. Mauricio Macri es otro ejemplo: ascendió con el apoyo de la clase media y el empresariado prometiendo un cambio en la economía y las instituciones, pero esa misma clase media fue la que le retiró su apoyo tras la sucesión de ajustes y devaluaciones que erosionaron su calidad de vida. Milei podría enfrentar un destino similar si no logra sostener la confianza de aquellos que lo llevaron a la Casa Rosada.
La clase media argentina, tradicionalmente vista como la columna vertebral del poder electoral, también es la que se torna más volátil cuando se siente traicionada. La figura de Milei, basada en el carisma y la promesa de barrer con la «casta», podría desgastarse rápidamente si las expectativas no son satisfechas. Los empresarios también se alejarían si los costos de la gobernabilidad y el caos institucional superan los beneficios esperados de la desregulación.
Finalmente, Milei podría caer como otros antes él si subestima la complejidad de gobernar un país como Argentina. La historia política enseña que aquellos líderes que se creen invencibles muchas veces terminan siendo los más vulnerables. La arrogancia del poder y la desconexión con la realidad de la gente han sido las causas de caídas tan resonantes como la de Menem, De la Rúa y Macri. La caída de Milei, si ocurre, será una más en la historia de líderes que creyeron tener el poder absoluto, pero que fueron abandonados por quienes depositaron en ellos la esperanza de un cambio.
Definiciones filosóficas y éticas La caída de un líder político también puede ser entendida desde una perspectiva filosófica como un ejemplo de la fragilidad del poder humano y la imposibilidad de controlar el devenir de la historia. Como enseña Aristóteles en su ética, el bien común es lo que legitima a un gobernante. Si la política se desvía hacia el egoísmo, inevitablemente se pierde la legitimidad. En el caso de Milei, la desconexión con la realidad podría ser vista como un quiebre del contrato social, un concepto explorado por Rousseau, donde la confianza y las expectativas depositadas por la sociedad se desmoronan por la falta de reciprocidad y de beneficios colectivos.
