El escorpión y la rana.

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EL ESCORPION Y LA RANA
Por Mariano A. Reissian
@MarianoReissian

La cuenta regresiva comenzó la misma noche del domingo 11 de agosto cuando se dieron a conocer los primeros resultados oficiales. La bomba que se encontraba latente desde el último sacudón económico ocurrido a comienzos del año pasado y que Mauricio Macri aspiraba a desactivar quirúrgicamente en los próximos 4 años, se despertó repentinamente de su letargo como sucede en las películas cuando se corta el cable del color equivocado.

Esa bomba, que este gobierno no pudo o no supo desactivar desde su llegada al poder, representa ni más ni menos que los fantasmas que persiguen a la Argentina desde hace décadas: la falta de credibilidad ante el mundo, el escepticismo de los mercados, la escasa confianza en la moneda y en definitiva, en nosotros mismos como sociedad.

Lo demás es anecdótico. Mientras debatimos si los resultados de las PASO deben tomarse como definitivos o no, si el Presidente debía felicitar a Alberto Fernández apenas conocidos los aplastantes guarismos y a quien o quienes atribuir la responsabilidad de lo ocurrido, la cuenta regresiva continúa a un ritmo vertiginoso. Y es que saliendo del plano literario, las consecuencias de no desactivar este artefacto de destrucción masiva a tiempo serían realmente dramáticas. Basta con revisar el pasado no muy lejano o haber escuchado alguna vez a Redrado, Melconian o Milei, sólo por nombrar a algunos de los economistas que vaticinaron el actual escenario político-económico.

Resulta paradojal que el propio pueblo, a través de su expresión democrática y con el legítimo afán de promover un cambio de rumbo, haya sido, en la práctica, quién pusiera en marcha la angustiosa cuenta regresiva a la catástrofe. También lo es, el hecho que –ya en el plano político- sea el Presidente Macri y no el propio Alberto Fernández, quien resulte alcanzado por la onda expansiva de una debacle económica generada a partir del temor de los mercados al “efecto K.”

El escenario es complejo, acuciante y no admite soluciones mágicas, en especial si no existe el compromiso y acuerdo de todo el arco político en la necesidad de evitar la explosión. En ese sentido las declaraciones de Axel Kicillof y el propio candidato a Presidente por el kirchnerismo al día siguiente de los comicios resultan por lo menos irresponsables, cuando no sugestivas. ¿Existe realmente la voluntad por parte de la oposición de que la bomba se desactive cuanto antes?; ¿ o por el contrario esconden bajo un discurso templado inconfesables y oscuros intereses políticos que aceptarían de buena gana un escenario hiperinflacionario y de desintegración social, si con ello lograran sepultar las aspiraciones políticas del partido gobernante?.

Por último, en un contexto de descalabro económico ¿podrá el futuro Presidente retomar el rumbo y garantizar el orden político y social?. ¿ A que costo?

Una de las parábolas que tal vez mejor describan a este momento político del país sea la del Escorpión y la Rana.

La Rana está dispuesta a sacrificar su vida por ayudar al prójimo. El Escorpión sabe que pone en juego su existencia si clava su aguijón en el lomo del gentil batracio. Sin embargo, a mitad del rio y contra cualquier pronóstico racional el arácnido no puede contener su instinto, lo pica y ambos mueren. Su esencia es más fuerte.

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