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El Gobierno busca dólares mientras el consumo y la industria retroceden

El Ejecutivo presentará modificaciones para ampliar el Régimen Simplificado de Ganancias y atraer ahorros no declarados. Sin embargo, los datos muestran que los argentinos continúan comprando dólares, las ventas en supermercados caen, la industria se contrae y los salarios registrados pierden frente a los precios. Vaca Muerta aporta divisas, pero todavía no alcanza para empujar al conjunto de la economía.

El Gobierno nacional presentará una nueva modificación de la denominada Ley de Inocencia Fiscal con el objetivo de incorporar más contribuyentes al Régimen Simplificado de Ganancias y movilizar una parte de los dólares que los argentinos mantienen fuera del sistema financiero.

La exposición estará encabezada por el ministro de Economía, Luis Caputo, en el Palacio de Hacienda. Entre los cambios bajo análisis aparecen una ampliación de los límites patrimoniales para ingresar al régimen, un mayor margen ante discrepancias detectadas por ARCA y la posibilidad de rectificar declaraciones antes de que comience una fiscalización.

La iniciativa reconoce, en los hechos, que el esquema vigente todavía no consiguió movilizar el volumen de ahorro esperado. ARCA informa unas 330.000 adhesiones al Régimen Simplificado de Ganancias, pero no existe una estadística pública que demuestre que una cantidad significativa de billetes guardados en viviendas, cajas particulares o circuitos informales haya sido destinada a inversiones productivas.

Los argentinos siguen comprando dólares

Los últimos datos cambiarios muestran una conducta prácticamente inversa a la imaginada por el Gobierno. Durante mayo, las personas humanas realizaron compras netas de billetes por USD 1.804 millones. En total, 1,4 millones de personas compraron USD 2.212 millones, mientras que 730.000 vendieron USD 408 millones.

De los aproximadamente USD 1.900 millones adquiridos sin un destino específico, el Banco Central estimó que USD 700 millones permanecieron depositados en bancos, USD 300 millones aumentaron los activos externos y USD 800 millones fueron utilizados para cancelar consumos con tarjetas. El movimiento, por lo tanto, estuvo más vinculado con dolarización, ahorro y gastos en el exterior que con nuevas inversiones productivas.

Es cierto que los depósitos privados en moneda extranjera crecieron 28,2% interanual hasta abril. Pero ese crecimiento tampoco permite afirmar que se trate exclusivamente de “dólares del colchón”: incluye compras recientes, ingresos exteriorizados anteriormente, operaciones empresariales y fondos ya incorporados al circuito bancario.

El bolsillo sigue bajo presión

La inflación nacional fue de 1,9% en junio, acumuló 16,8% durante el primer semestre y llegó al 33,5% interanual. El problema aparece al mirar la composición: los servicios aumentaron 42,4% en doce meses, la vivienda, el agua, la electricidad y el gas subieron 47,8%, el transporte avanzó 42,1% y la educación, 40%.

Una familia de cuatro integrantes necesitó en junio $1.531.473 para no ser considerada pobre y $689.853 para superar el umbral de indigencia. La Canasta Básica Total aumentó 35,7% interanual, por encima de los salarios privados registrados, que crecieron 29,3%, y de los salarios públicos, que avanzaron 27,4%.

La estadística salarial general mostró una mejora del 35,9% interanual, impulsada principalmente por la estimación correspondiente al sector informal. Pero detrás del promedio aparecen trabajadores registrados perdiendo poder de compra: los salarios del sector público nacional aumentaron apenas 23,5% interanual, diez puntos menos que la inflación.

Consumo e industria en retroceso

Las ventas en supermercados, medidas a precios constantes, cayeron 3,7% interanual en abril y acumularon una baja de 3,3% durante los primeros cuatro meses del año. También se redujo 2,4% la cantidad de trabajadores ocupados por las cadenas relevadas.

La industria manufacturera retrocedió 5,7% interanual en mayo. La actividad económica general había crecido 1,6% en abril, pero con un comportamiento cada vez más desigual entre sectores: minería, petróleo y algunos complejos exportadores avanzan mientras la producción industrial y el consumo masivo muestran señales de debilitamiento.

El mercado laboral también mantiene luces amarillas. La desocupación fue de 7,8% durante el primer trimestre, la subocupación alcanzó el 12,1% y la informalidad laboral llegó al 44,2%. Esto significa que una parte considerable de los trabajadores atraviesa la suba de tarifas, alquileres y alimentos sin estabilidad contractual ni ingresos previsibles.

Vaca Muerta crece, pero no derrama automáticamente

El petróleo y el gas constituyen la cara más dinámica del modelo económico. En mayo, la extracción de petróleo crudo aumentó 19,2% interanual, mientras que la producción no convencional avanzó 38,5%. La extracción de gas natural creció 5,5%.

El comercio exterior también dejó números favorables: durante junio las exportaciones alcanzaron USD 9.055 millones, las importaciones sumaron USD 6.861 millones y el país consiguió un superávit comercial de USD 2.194 millones.

Pero una balanza comercial positiva no resuelve por sí sola la situación de los hogares. Las divisas energéticas fortalecen las cuentas externas y ofrecen una oportunidad estratégica, aunque su impacto inmediato sobre el empleo urbano, el consumo cotidiano y los ingresos familiares sigue siendo limitado. Vaca Muerta puede ser una locomotora, pero todavía arrastra pocos vagones.

El equilibrio fiscal mostró su primera fisura mensual

En junio, el Sector Público Nacional registró un déficit primario de $696.843 millones y un resultado financiero negativo de $1.024.891 millones, después del pago de $328.049 millones en intereses. Fue el primer déficit primario mensual de la gestión de Javier Milei.

El primer semestre, de todos modos, terminó con un superávit primario equivalente al 0,6% del PBI y un resultado financiero positivo del 0,1%. El dato de junio no implica el derrumbe del programa fiscal, pero expone sus límites: menor recaudación, caída del consumo, postergación de vencimientos tributarios y mayores gastos estacionales comenzaron a presionar sobre la principal bandera económica del Gobierno.

La protesta vuelve a las calles

En este escenario, la CGT, las dos CTA, la UTEP, organizaciones sociales y agrupaciones de jubilados retomarán las movilizaciones frente al Congreso. Los reclamos se concentran en los haberes previsionales, el deterioro salarial, el costo de los servicios públicos y el rechazo a nuevas reformas impulsadas por el Ejecutivo.

No es posible afirmar con rigor que el conflicto social inevitablemente “estallará”. Sí puede sostenerse que existen condiciones objetivas de tensión: caída del consumo, retroceso industrial, salarios formales por debajo de la inflación, 44,2% de informalidad y una canasta familiar superior a $1,5 millones.

El Gobierno quiere acelerar las reformas y necesita dólares privados para sostener la inversión. Pero la confianza no se construye solamente modificando declaraciones juradas. Los ahorristas continúan comprando divisas, las familias recortan consumos y la recuperación avanza a dos velocidades: una para el petróleo, la minería y las exportaciones, y otra mucho más lenta para el comercio, la industria y el bolsillo.

Los números que describen la tensión

  • Inflación interanual: 33,5%.
  • Servicios: 42,4%.
  • Vivienda, electricidad y gas: 47,8%.
  • Canasta familiar para no ser pobre: $1.531.473.
  • Salario privado registrado: 29,3% interanual.
  • Salario público: 27,4% interanual.
  • Ventas reales en supermercados: -3,7%.
  • Producción industrial: -5,7%.
  • Desocupación: 7,8%.
  • Informalidad laboral: 44,2%.
  • Compras netas de dólares de personas humanas en mayo: USD 1.804 millones.
  • Déficit financiero de junio: $1,025 billones.
  • Superávit comercial de junio: USD 2.194 millones.
  • Producción de petróleo crudo: +19,2% interanual.

La pregunta que queda abierta es sencilla y brutal: ¿puede sostenerse una aceleración económica cuando buena parte de la sociedad continúa a la defensiva? ¿Alcanzará con ofrecer garantías fiscales o será necesario reconstruir algo mucho más difícil de recuperar: la confianza?