El nuevo “negocio de pulgas”: licitación millonaria en Colegiales y otra oportunidad para hacer caja
En nombre de la recuperación del espacio público y el folklore porteño, el gobierno de Jorge Macri lanza un proyecto de casi 3.000 millones de pesos para ampliar el Mercado de las Pulgas de Colegiales. ¿Homenaje al alma barrial o excusa para otro gran negocio encubierto?
En la intersección de Enrique Martínez y Concepción Arenal, donde se mezclan el aire bohemio con los recuerdos de la abuela, se levanta desde hace décadas el Mercado de las Pulgas, uno de los enclaves más queridos del barrio de Colegiales. Pero esta semana, el gobierno de la Ciudad, mediante una resolución publicada en el Boletín Oficial, dio a conocer una noticia que reaviva el eterno debate porteño: ¿se recupera un espacio para la gente o se blanquea otra vez un negocio para pocos?
La licitación pública Nº 351-0018-LPU25, impulsada por el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, prevé una inversión oficial de $2.884 millones para construir una plaza y mejorar el entorno del tradicional mercado. En los papeles, el proyecto se plantea como una puesta en valor de la zona y una ampliación del predio actual, que data de 1988. Pero en la práctica, el contexto, los montos y los antecedentes invitan a levantar la ceja con escepticismo.
Un playón, una plaza… y un plan que huele a hormigón
La zona a intervenir comprende el playón de Concepción Arenal y Enrique Martínez, más los alrededores del Mercado, incluyendo Plaza Mafalda y Plaza Clemente. Las obras incluyen alumbrado, desagües, rejas, pintura, carpintería, paisajismo, riego y «mejoras» en la fachada. El plazo estimado para su ejecución es de siete meses, con inicio luego del 19 de junio.
Todo suena bien en el PowerPoint: se habla de rescatar el alma del barrio, de preservar la identidad del cambalache porteño, de restaurar el diálogo entre vecinos, objetos con historia y turistas con nostalgia. Pero la letra chica y el número gordo (2.884 millones) despiertan la vieja sospecha: ¿acaso no estamos ante otro lavado de imagen disfrazado de licitación pública?
En otras palabras: ¿cuánto costará realmente plantar algunos árboles, pintar rejas y levantar una plaza sin convertir la obra en una oportunidad para los amigos del poder?
La política de la nostalgia y la economía del show
El Mercado de Pulgas, con su mezcla de antigüedades, bohemia y memoria colectiva, se ha convertido en una postal porteña que resiste a la gentrificación. Pero al igual que ocurrió con otros espacios de identidad barrial —desde los patios gastronómicos de los ex depósitos ferroviarios hasta la reconversión del Borda—, todo indica que la inversión pública será el primer paso para una posterior explotación privada.
¿Ya se habló de concesiones futuras? ¿Habrá un patio de comidas gourmet donde antes había sifones y bronces? ¿Quién se quedará con la cafetería “restaurada”? ¿El mercado seguirá siendo un punto de encuentro popular o pasará a ser otro paseo de diseño para influencers con tote bag?
El proyecto no lo aclara. Pero lo que sí queda claro es que en medio del ajuste feroz, la inflación galopante y un contexto social dramático, el gobierno porteño sigue apostando a los grandes anuncios con factura millonaria, mientras los hospitales no tienen insumos y las escuelas públicas se caen a pedazos.
¿Una plaza más o un negociado más?
La pregunta de fondo es otra: ¿a quién beneficia esta obra? ¿A los vecinos de Colegiales, que ya tienen la Plaza Mafalda a metros del mercado? ¿O a los desarrolladores inmobiliarios, que sueñan con convertir la zona en un nuevo polo de consumo cultural, como ocurrió en Palermo Hollywood o en los docks de Puerto Madero?
No sería la primera vez que un “plan de regeneración urbana” termina desplazando a los vecinos que no pueden pagar el nuevo canon de alquiler o que ven cómo se encarece el costo de vida en su propia manzana. La gentrificación avanza más rápido cuando viene con respaldo estatal.
Y la historia es vieja: primero viene la obra, luego el precio del metro cuadrado se dispara, y finalmente aparecen los operadores inmobiliarios con sus renders y sus promesas de “vida premium con espíritu vintage”.
Un barrio que resiste
La identidad de Colegiales no está en licitaciones ni en renders: está en los vecinos que caminan sus veredas, en los anticuarios que heredan saberes, en los muebles que se pulen a mano, en los artistas que habitan sus pasajes. Está en esa mezcla de melancolía barrial y curiosidad porteña que no se puede replicar ni comprar.
Quizás por eso, muchos vecinos ya se muestran en alerta. Porque saben que cada vez que se habla de “recuperar un espacio”, hay que mirar quién firma el cheque, qué empresa gana la licitación y quién corta la cinta.
¿Otra postal para el marketing de Jorge Macri?
En plena precampaña, el primo del ex presidente parece decidido a construir una ciudad de escenografía: luminosa, ordenada, linda para las fotos… pero vacía de contenido social real. Así, el Mercado de las Pulgas podría convertirse en otra postal de campaña: un antes y después al servicio de Instagram, no del barrio.
Porque mientras se pinta una reja de verde oliva y se inaugura una nueva glorieta, la Ciudad sigue sin cumplir con el cupo laboral para personas con discapacidad, sin garantizar vacantes escolares suficientes, y sin resolver los problemas de vivienda en la Comuna 13.
Y la pregunta inevitable vuelve a flotar como una lámpara Art Decó en el galpón:
¿Esto es para la gente o para el negocio?
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