Trata, software mágico y farándula de exportación: la cruzada mística que Milei usa para esquivar el ajuste
Mientras el gobierno de Javier Milei hunde al país en un ajuste brutal que asfixia a jubilados, trabajadores, docentes y PYMEs, desde la Casa Rosada se impulsa una narrativa que parece sacada de un thriller religioso: niños esclavizados en la deep web, un software milagroso que los rescata, y una conductora televisiva que, entre un tinto y una fake news, dice denunciar una red internacional de trata. ¿El objetivo? Desviar la atención. Que la indignación no mire a la billetera, sino al infierno virtual.
La denuncia de Canosa: del prime time a Comodoro Py
Viviana Canosa, autoproclamada paladina del “bien” y la moral, anunció que llevará a la Justicia una denuncia basada en datos aportados por el exagente norteamericano Tim Ballard. El mismo Ballard que inspiró la película “Sonido de libertad”, esa producción con más marketing que rigor, más dramatismo que evidencia, y que fue abrazada por el trumpismo global como bandera del nuevo evangelismo conservador.
Ballard, recordemos, tiene más causas judiciales por abuso sexual que soluciones concretas contra la trata. Acusado por al menos 23 mujeres, expulsado de varias organizaciones internacionales y desautorizado por gobiernos que no compraron su discurso salvador, el exagente se pasea por el mundo vendiendo una “tecnología milagrosa” capaz de detectar tráfico de menores en la dark web, todo sin pedir un centavo… del Estado, claro. Pero con donantes privados que nunca se identifican. En Argentina, su paso fue fugaz: no lo quiso nadie. Ni los organismos especializados, ni la Justicia, ni las fuerzas de seguridad.
¿Y entonces por qué ahora?
Porque Milei y su gobierno están en caída libre. Porque la inflación sigue siendo insostenible. Porque el dólar baja pero los precios no. Porque las prepagas suben mientras los hospitales públicos se vacían. Porque los sueldos no alcanzan ni para el bondi. Y porque hace falta, urgente, un relato que no tenga números, sino lágrimas, miedo y épica.
Así aparece Canosa, con su habitual tono de cruzada, para contar que hay una red de trata y un software mágico que el gobierno “no quiere usar”. La acusación es confusa, ambigua y teatral. Pero no importa: lo central es el show. Mientras la gente mira el noticiero, no mira el changuito del súper.
El nuevo opio del pueblo: la “guerra del bien contra el mal”
La movida no es nueva. En 2023, durante la campaña, Milei y Villarruel firmaron una “Carta Compromiso” impulsada por Eduardo Verástegui, el productor de Sound of Freedom, el actor devenido misionero político. En esa carta, los candidatos de La Libertad Avanza se comprometían a “luchar contra la trata de personas y el tráfico de órganos de niños, niñas y adolescentes”.
Palabras fuertes. Pero vacías. No hubo políticas públicas, ni coordinación con la Justicia, ni refuerzos a organismos de asistencia. Solo una firma, una foto y mucho discurso.
Y ahora, cuando el gobierno empieza a pagar el costo social del brutal ajuste, esa vieja promesa vuelve a escena. Pero en formato telenovela: Canosa grita, Ballard se victimiza, Verástegui tuitea, y Milei… sonríe. Mientras tanto, el Ministerio de Capital Humano hace agua, la pobreza infantil se dispara, y los comedores cierran por falta de leche.
El plan es claro: distraer, emocionar, dividir
Porque nadie puede estar “en contra” de salvar niños. Es una causa sagrada. Imbatible. Ideal para encapsular todo cuestionamiento. “Si no apoyás esto, sos cómplice de la trata”. Así se borra la discusión real: el hambre, la desigualdad, el colapso de las instituciones públicas, el endeudamiento sin control.
El operativo es burdo pero efectivo. Se arma una cruzada mística, se demoniza a los críticos, se exalta la fe por sobre los datos, y se reemplaza la política pública por la moralina de exportación. No hay presupuesto para combatir el grooming ni para sostener las líneas 102 y 137. Pero sí hay tiempo en la agenda presidencial para reunirse con Ballard y posar con Canosa.
¿Y la verdad? Bien, gracias
La verdadera lucha contra la trata de personas en Argentina se juega todos los días en los barrios, en los juzgados, en las escuelas, en las organizaciones sociales que este mismo gobierno desprecia y desfinancia. La trata no se combate con películas ni con influencers. Se combate con Estado, con prevención, con protección a las víctimas y con investigaciones complejas.
Lo que está haciendo Milei no es luchar contra la trata. Es usarla para construir un relato épico que tape la miseria. Es hacer de la explotación un espectáculo. Es usar el dolor ajeno como cortina para el ajuste.
