El peronismo volvió a encontrar algo que históricamente le resulta vital para reorganizarse: un clima social que empieza a moverse. No alcanza con la nostalgia, no alcanza con la estructura, no alcanza con la identidad. El peronismo, cuando quiere volver, necesita una grieta real entre la expectativa y la realidad. Y esa grieta, según los últimos datos, empieza a aparecer.
En paralelo a sus propias tensiones internas —que hoy lo atraviesan desde el norte hasta la provincia de Buenos Aires—, el movimiento empieza a leer un cambio en la percepción pública que puede transformarse en combustible político. No es todavía un punto de inflexión definitivo, pero sí un síntoma claro de época: casi la mitad de los argentinos ya responsabiliza directamente al gobierno de Javier Milei por la crisis económica.
Ese dato, que en cualquier otro contexto sería solo un número, en el universo peronista se traduce automáticamente en estrategia.
El dato que enciende la maquinaria política
Según el último informe de Proyección Consultores, el 49,1% de los argentinos considera que la crisis económica actual es responsabilidad del gobierno de Milei, mientras que un 37,1% todavía la atribuye a la herencia de la gestión de Alberto Fernández.
La diferencia de 12 puntos no es menor: marca el momento en que el discurso de la “herencia recibida” empieza a perder eficacia como explicación dominante.
Pero el dato más sensible no es ese, sino otro: el 58,2% de la población percibe el impacto de las políticas actuales como negativo en su vida cotidiana. Ahí es donde la política deja de ser relato y pasa a ser experiencia directa.
Un dirigente territorial del conurbano lo explicó sin vueltas en una reunión reciente: “cuando la economía te pega en la mesa, la gente deja de discutir el pasado y empieza a mirar quién está hoy”, una frase que sintetiza cómo el peronismo interpreta este cambio de humor social.
El norte arde: internas, justicia y disputa de poder
Mientras tanto, en el norte del país, el peronismo discute su estructura con una intensidad que no se veía desde hace años.
En Jujuy, la Justicia Federal declaró nula la intervención partidaria impulsada por Cristina Kirchner, en una decisión que dejó al descubierto la tensión entre el PJ nacional y las conducciones locales que reclaman mayor autonomía.
El fallo no solo reconfiguró el poder interno, sino que habilitó una discusión más profunda sobre cómo se construye autoridad dentro del movimiento. En palabras de un referente jujeño: “el peronismo no se ordena desde arriba si abajo no hay acuerdo”, una frase que resuena con fuerza en distintos rincones del país.
En Misiones, el partido decidió dirimir sus diferencias en las urnas después de 27 años sin internas, enfrentando dos modelos de conducción que reflejan la disputa entre un peronismo alineado a la conducción nacional y otro con lógica más provincial.
Y en Salta, la intervención partidaria convive con un reclamo creciente de democratización interna, en un contexto donde la discusión política ya no es solo organizativa, sino estratégica: cómo posicionarse frente al gobierno nacional y qué tipo de oposición construir.
Un militante salteño lo dijo en una asamblea: “si el peronismo no ofrece una salida, la gente va a buscar otra cosa”, una advertencia que refleja el nivel de presión que hoy atraviesa al espacio.
Sin conducción única, pero con necesidad de síntesis
El peronismo enfrenta un problema estructural que no logra resolver del todo: la ausencia de una conducción que sintetice las distintas corrientes internas.
Cristina Kirchner sigue siendo una figura central, pero su liderazgo ya no ordena automáticamente como en otros momentos. En ese vacío relativo, emergen gobernadores, intendentes y dirigentes que empiezan a construir poder con mayor autonomía.
Un viejo cuadro del PJ bonaerense lo resumió con una frase cargada de historia: “cuando el peronismo discute, parece que se rompe; cuando se ordena, parece que vuelve”, recordando esa dinámica cíclica que marcó al movimiento desde sus orígenes con Juan Domingo Perón.
Kicillof y la construcción del futuro
En ese contexto, algunos nombres empiezan a tomar volumen propio. El más evidente es el de Axel Kicillof, que avanza en una estrategia que combina gestión, proyección internacional y posicionamiento político.
Su viaje a España para participar de la Movilización Progresista Mundial, junto a líderes como Pedro Sánchez, Lula da Silva y Gustavo Petro, no solo apunta a conseguir inversiones en un contexto de escasez de recursos, sino que también lo posiciona como una figura con proyección presidencial.
En la jerga política, la frase que empieza a circular es simple: “Kicillof ya está jugando”, lo que implica que su construcción no es coyuntural, sino de mediano plazo.
El peronismo vuelve a oler poder
El cambio en la opinión pública, sumado a la crisis económica y a la reorganización interna, genera un escenario que el peronismo reconoce casi instintivamente: la posibilidad de volver a disputar el poder.
No es casual que empiecen a aparecer discursos más firmes, menos defensivos y con mayor vocación de alternativa. El movimiento, que durante meses se mostró a la defensiva, empieza a recuperar una lógica ofensiva.
Un dirigente del interior lo expresó con crudeza: “cuando la sociedad empieza a cambiar de humor, el peronismo deja de explicarse y empieza a proponer”, una frase que refleja el momento actual.
Palermo Online como juez, el periodista como fiscal
El peronismo no está ordenado, pero tampoco está inmóvil. Se mueve, discute, se tensiona y, sobre todo, empieza a leer que el contexto puede volverse más favorable.
Los datos de opinión pública, las internas provinciales y los movimientos de figuras nacionales forman parte de un mismo proceso: la reconstrucción de una alternativa de poder frente a un gobierno que empieza a ser evaluado por sus propios resultados.
La pregunta ya no es si el peronismo va a intentar volver.
La pregunta es cuándo y con quién.
Y como diría cualquier viejo militante, con una mezcla de ironía y convicción: “el peronismo siempre vuelve… pero nunca vuelve igual”.
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¿estamos viendo el inicio de una nueva etapa o apenas el primer síntoma del desgaste?
