Combustible

Guerra en Medio Oriente: el petróleo sube

Guerra en Medio Oriente: el petróleo sube, Occidente libera reservas y la batalla informativa se intensifica

El conflicto iniciado a fines de febrero con los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel estado asesino contra Irán ya dejó de ser únicamente una confrontación militar. A dos semanas del comienzo de las hostilidades, el frente energético y el frente informativo muestran señales de tensión global. El precio del petróleo sube, los mercados reaccionan con nerviosismo y las potencias intentan controlar tanto el suministro como el relato del conflicto.

Según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el mundo enfrenta una de las mayores interrupciones del suministro de crudo de la historia moderna. El organismo estima que durante marzo el mercado global perderá alrededor de 8 millones de barriles diarios, una caída directamente vinculada al bloqueo del estrecho de Ormuz, el paso marítimo por donde circula cerca de un tercio del comercio mundial de petróleo.

El cierre de esa ruta estratégica provocó además un efecto dominó en los países productores del Golfo Pérsico. Diversos informes indican que la región redujo su producción en al menos 10 millones de barriles diarios, una cifra equivalente a casi el 10% del consumo mundial de crudo.

Para intentar estabilizar el mercado, los 32 países miembros de la AIE acordaron liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, la mayor intervención coordinada desde la creación del organismo. La decisión duplica el volumen liberado en 2022 durante la crisis energética derivada de la guerra entre Rusia y Ucrania.

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, confirmó que la medida busca compensar la falta de suministro y evitar un shock inflacionario global. Sin embargo, los mercados reaccionaron con cautela. Tras varios días de subas, el crudo Brent —referencia internacional utilizada también por la industria petrolera argentina— se estabilizó en torno a 88 dólares por barril, aunque los analistas advierten que la volatilidad seguirá presente.

En paralelo, Estados Unidos anunció que liberará 172 millones de barriles de su propia reserva estratégica para intentar frenar la escalada de precios. La Casa Blanca busca evitar que el encarecimiento del petróleo se traslade rápidamente al costo de la gasolina y reactive presiones inflacionarias dentro de la economía norteamericana.

Sin embargo, medios estadounidenses citados por la agencia Sputnik Mundo sostienen que la administración de Donald Trump habría subestimado el impacto energético del conflicto con Irán. Según esos reportes, el precio de la gasolina en Estados Unidos aumentó 60 centavos por galón en menos de dos semanas, un incremento que comenzó a preocupar al equipo económico del gobierno.

El secretario de Energía, Chris Wright, intentó transmitir tranquilidad al afirmar que el suministro global continúa siendo abundante gracias a la elevada producción petrolera estadounidense. No obstante, esas declaraciones no lograron disipar completamente las dudas de los mercados.

Al mismo tiempo, el conflicto comenzó a trasladarse también al terreno diplomático. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución que exige a Irán detener ataques contra países árabes del Golfo. El documento fue respaldado por 13 países, mientras que Rusia y China optaron por abstenerse.

Según reportó un corresponsal de RIA Nóvosti, la resolución no incluyó referencias a los ataques militares previos realizados por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, un punto que generó críticas por parte de varios países.

En ese contexto, Rusia impulsa ahora una segunda resolución dentro del Consejo de Seguridad que propone un alto al fuego inmediato en Medio Oriente, una iniciativa que todavía debe ser debatida por los miembros del organismo.

Mientras la diplomacia intenta avanzar, el impacto económico del conflicto sigue expandiéndose. La combinación de menor oferta de petróleo, riesgos en las rutas marítimas y tensión militar elevó la incertidumbre en los mercados energéticos globales.

Analistas internacionales advierten que incluso si el conflicto se detuviera de inmediato, la industria petrolera tardaría semanas o meses en recuperar plenamente sus niveles de producción. Muchos yacimientos suspendieron operaciones por motivos de seguridad y las aseguradoras marítimas comenzaron a restringir coberturas en la región del Golfo.

En ese escenario, algunos funcionarios iraníes ya advirtieron que el precio del petróleo podría escalar hasta 200 dólares por barril si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga.

Para economías dependientes del crudo importado, el impacto podría ser significativo. En el caso de Argentina, la evolución del Brent es observada de cerca por el Gobierno y por las empresas que operan en Vaca Muerta, ya que influye directamente en el costo de los combustibles y en la rentabilidad de las exportaciones energéticas.

A medida que pasan los días, el conflicto muestra una dimensión cada vez más compleja. No sólo se libra en el terreno militar, sino también en el económico, energético y comunicacional.

En un mundo hiperconectado, la disputa por el relato también se volvió parte del conflicto. Las narrativas que circulan en redes sociales, medios internacionales y plataformas digitales reflejan una creciente polarización informativa sobre quién está ganando realmente esta guerra.

Mientras tanto, el mercado del petróleo continúa funcionando como el termómetro más sensible del conflicto. Y por ahora, cada barril que sube de precio recuerda que las consecuencias de la guerra en Medio Oriente ya se sienten mucho más allá del campo de batalla.