El atraso en los créditos alcanzó el nivel más alto de las últimas dos décadas. Casi seis millones de personas ya están en mora y la irregularidad en billeteras virtuales superó incluso el récord de la pandemia. Detrás de las estadísticas aparece una realidad que el Gobierno intenta ocultar: millones de argentinos se endeudan para llegar a fin de mes, no para darse lujos.
El Gobierno de Javier Milei celebra el equilibrio fiscal, habla de una supuesta recuperación y repite que la pobreza disminuyó. Pero mientras el Presidente se ríe, festeja y presenta planillas como si gobernara una empresa, millones de familias argentinas se hunden en tarjetas, préstamos personales y créditos de billeteras virtuales para pagar alimentos, medicamentos, servicios, alquileres y expensas.
La morosidad con bancos alcanzó en mayo el 7,6% y acumuló 19 meses consecutivos de crecimiento, según un informe del Centro de Economía Política Argentina. Es el nivel más alto de las últimas dos décadas. En octubre de 2024, cuando comenzó la escalada, el indicador general era de apenas 1,5%.
El dato oficial del Banco Central es incluso ligeramente superior: su Informe sobre Bancos de mayo de 2026 ubicó la irregularidad del crédito privado en 7,7%, la mora de las familias en 12,8% y la de las empresas en 3,5%. La pequeña diferencia responde a las distintas formas de procesar la información de la Central de Deudores.
Casi seis millones de argentinos ya no pueden pagar
De los 20,9 millones de personas que mantienen deudas con bancos, financieras o proveedores no bancarios, 5,8 millones están en situación irregular. Esto significa que aproximadamente uno de cada cuatro deudores ya presenta atrasos graves.
La crisis se concentra en los hogares. Según el procesamiento realizado por CEPA, la mora bancaria de las familias pasó del 2,5% en octubre de 2024 al 12,3% en mayo de 2026. En apenas un año y siete meses se multiplicó casi por cinco.
Los préstamos personales presentan una irregularidad del 14,9% y las tarjetas de crédito, del 12,5%. Entre ambos instrumentos explican el 73% del saldo familiar impago: unos $3,2 billones en préstamos personales y $2,8 billones en tarjetas, de acuerdo con los últimos datos desagregados disponibles.
No es turismo, ropa importada ni consumos extravagantes. La tarjeta se convirtió en una prolongación desesperada del salario. Se compra comida en cuotas, se refinancia el resumen y después se pide otro préstamo para pagar el anterior. La bicicleta financiera dejó de ser patrimonio de los grandes jugadores: ahora también existe en la mesa familiar, pero sin ganancias y con la heladera cada vez más vacía.
Las billeteras virtuales superaron el récord de la pandemia
La situación más alarmante aparece en las fintech y billeteras virtuales. La mora familiar pasó del 7,3% en noviembre de 2024 al 29,6% en mayo de 2026. El porcentaje superó el récord de mayo de 2020, cuando durante la paralización provocada por la pandemia había llegado al 27,1%.
Del total de personas en mora, 3,4 millones tienen compromisos impagos exclusivamente con billeteras virtuales; 1,3 millones adeudan únicamente a bancos y otros 1,1 millones presentan irregularidades en ambos sistemas.
Las plataformas ocuparon el espacio dejado por los bancos y prestaron dinero rápidamente, con pocos controles y tasas mucho más elevadas. En mayo, mientras los bancos redujeron en 594.395 la cantidad de clientes con créditos normales, las billeteras sumaron 610.346. El fenómeno sugiere que numerosas familias estarían tomando créditos digitales para cancelar o refinanciar deudas bancarias.
El sistema parece sencillo: un botón, una aprobación inmediata y dinero disponible. Pero detrás de esa pantalla amable comienza una rueda de intereses, refinanciaciones y vencimientos que puede transformar una necesidad cotidiana en una deuda prácticamente impagable.
Los jóvenes, atrapados desde el comienzo
Casi cuatro de cada diez deudores de entre 18 y 34 años están en mora. Entre los menores de 24 años, el porcentaje alcanza el 40,9%. Una generación que debería comenzar a trabajar, ahorrar o proyectar una vivienda entra a la vida adulta con tarjetas bloqueadas, créditos vencidos y antecedentes negativos en la Central de Deudores.
La distribución entre varones y mujeres es casi idéntica: 50,2% de los morosos son hombres y 49,8%, mujeres. Sin embargo, los varones concentran una mayor participación en la mora bancaria, mientras las mujeres aparecen más expuestas al endeudamiento mediante billeteras virtuales.
La crisis también tiene un mapa federal. La Rioja presenta una morosidad total del 22,8%; San Luis, del 20,1%, y Catamarca, del 20%. En el otro extremo se encuentran La Pampa, con 9,1%, y la Ciudad de Buenos Aires, con 10,1%. Incluso en CABA, la jurisdicción con mayores ingresos promedio del país, el 16,4% de las personas endeudadas ya se encuentra en situación irregular.
La deuda no surge por ignorancia, sino porque el salario no alcanza
El Gobierno intenta atribuir el problema al desconocimiento financiero, a decisiones irresponsables de los consumidores, a bancos que prestaron sin analizar los riesgos o a personas que supuestamente esperaban una devaluación para licuar sus compromisos.
El informe de CEPA rechaza esa explicación y vincula directamente la morosidad con la caída del poder adquisitivo. Desde la llegada de Milei, el salario real de los trabajadores registrados habría retrocedido un 8,7%. La pérdida alcanzaría el 18,7% si la inflación se calculara utilizando los patrones de consumo más recientes de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares.
Además, en abril de 2026, los servicios mensuales de las deudas familiares ya representaban el 24,1% de la masa salarial. Cerca del 80% de esa pesada carga correspondía a préstamos personales y tarjetas de crédito.
Dicho sin tecnicismos: el problema no es que las familias no sepan sumar. El problema es que el sueldo termina antes que el mes.
Milei festeja mientras la deuda entra en las casas
El Presidente sostiene que redujo la pobreza al 27% o 28%. Los últimos datos oficiales disponibles efectivamente registraron una baja hasta el 28,2% en el segundo semestre de 2025, aunque esa medición no alcanza para describir completamente la fragilidad económica de los hogares. Una persona puede quedar estadísticamente por encima de la línea de pobreza y, al mismo tiempo, depender de una tarjeta para comprar alimentos o pagar la luz.
La morosidad muestra precisamente esa zona que el relato oficial prefiere no mirar: trabajadores que conservan un ingreso, pero perdieron capacidad de pago; comerciantes que sobreviven refinanciando; jubilados que eligen entre medicamentos y servicios; jóvenes incorporados al crédito digital antes de conseguir un empleo estable.
Mientras Milei se ríe de sus adversarios, insulta a quienes lo cuestionan y celebra el ajuste como una victoria, la Argentina real acumula intereses. El superávit fiscal puede cerrar en una planilla, pero el déficit reaparece dentro de cada casa.
El Gobierno pretende iniciar un nuevo ciclo de crédito “más saludable y selectivo”. En los hechos, esa selectividad puede dejar fuera del sistema a quienes ya refinanciaron sus deudas. Es decir, a las mismas familias que el modelo empujó a pedir dinero para sostener gastos básicos.
La pregunta ya no es solamente cuánto deben los argentinos. La verdadera pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse una economía donde el Estado festeja, los bancos se protegen, las billeteras cobran tasas enormes y las familias pagan el ajuste con su salario, su tranquilidad y su futuro.
