Copa del Mundo

Opinión | El silencio también juega: Cuatro estilos de liderazgo: Pelé, Maradona, Messi y Mbappé

Cuatro estilos de liderazgo: Pelé, Maradona, Messi y Mbappé

El Mundial 2026 volvió a poner sobre la mesa una pregunta tan incómoda como necesaria: ¿todos los seleccionados compiten realmente en igualdad de condiciones?

La controversia estalló después de la conferencia de prensa del capitán iraní, Mehdi Taremi, quien denunció que su selección sufrió problemas logísticos durante toda la fase de grupos. El delantero afirmó que el equipo no pudo descansar como el resto de los participantes, que parte del personal de logística ni siquiera obtuvo las visas necesarias y que los constantes traslados entre México y Estados Unidos perjudicaron la recuperación física de los futbolistas. Según sus palabras, el torneo fue «un Mundial desastroso» para Irán desde el punto de vista organizativo.

Taremi también reveló que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, visitó el vestuario iraní tras uno de los encuentros y prometió ayudar a resolver los inconvenientes, aunque aseguró que los problemas continuaron hasta el final de la participación de su equipo.

El entrenador Amir Ghalenoei fue incluso más duro. Denunció que a once integrantes de la delegación les negaron el ingreso a Estados Unidos, criticó las restricciones de viaje y sostuvo que Irán fue tratado de manera diferente respecto de otras selecciones. Además, pidió que este tipo de situaciones «nunca vuelvan a ocurrir» en una Copa del Mundo.

Sin embargo, la discusión no termina allí.

La agencia Associated Press recordó que FIFA sostiene que muchas selecciones también viajaron el día previo a sus partidos y que parte de las complicaciones sufridas por Irán estuvieron vinculadas a las restricciones migratorias y de seguridad derivadas del conflicto geopolítico entre Estados Unidos e Irán, más que a una decisión deportiva de la organización.

La polémica generada por el reclamo de la selección iraní también invita a mirar cómo ejercen —o ejercieron— el liderazgo las grandes figuras del fútbol mundial.

Pelé construyó una imagen de embajador global del deporte. Durante la mayor parte de su carrera evitó involucrarse públicamente en conflictos internacionales y privilegió un perfil institucional, representando al fútbol como un espacio de unión por encima de las diferencias políticas.

Diego Armando Maradona eligió el camino opuesto. Nunca ocultó sus posiciones ideológicas ni sus críticas a gobiernos, dirigentes y organismos internacionales. A lo largo de su vida habló de política con la misma intensidad con la que hablaba de fútbol. Por esa trayectoria pública, muchos creen que probablemente habría expresado una opinión si una selección denunciaba que no competía en igualdad de condiciones. Sin embargo, eso sigue siendo una interpretación, ya que no puede saberse con certeza qué habría dicho en este caso concreto.

Lionel Messi representa otro modelo de liderazgo. Su perfil público está centrado casi exclusivamente en lo deportivo. Rara vez interviene en debates geopolíticos o institucionales y suele reservar sus declaraciones para lo que ocurre dentro de la cancha. Quienes respaldan esa postura sostienen que un futbolista no tiene obligación de convertirse en portavoz de conflictos políticos. Sus críticos, en cambio, creen que el capitán del campeón del mundo podría utilizar su enorme influencia para defender el principio de igualdad deportiva cuando otro seleccionado denuncia desventajas.

Kylian Mbappé ocupa una posición intermedia. A diferencia de Messi, en distintas oportunidades se pronunció sobre cuestiones sociales y políticas, especialmente en Francia, aunque no suele hacerlo respecto de todos los conflictos internacionales.

El fair play también existe fuera de la cancha.

El Mundial 2026 dejó una discusión que va mucho más allá de un resultado. Cuando el capitán de Irán denunció que su selección no compitió en igualdad de condiciones por problemas de logística, descanso y traslados, el fútbol tuvo una oportunidad de demostrar que el fair play también existe fuera de la cancha.

Desde esta redacción creemos que los grandes líderes del deporte no solo se miden por los goles o las copas. También se miden por el momento en que deciden hablar… y por el momento en que eligen callar.

Lionel Messi es, probablemente, el mejor futbolista del mundo. Nadie discute su talento. Pero justamente por ese lugar privilegiado, su silencio frente a un reclamo de igualdad deportiva resulta decepcionante para quienes esperan que el capitán del campeón del mundo también defienda principios, además de títulos.

Diego Maradona representó otra forma de entender el liderazgo. Se podrá coincidir o no con sus ideas políticas, pero nunca fue un hombre del silencio. Se enfrentó a la FIFA, criticó a dirigentes poderosos y opinó sobre conflictos internacionales sin calcular demasiado las consecuencias. Muchos recuerdan ese compromiso como parte inseparable de su personalidad.

Kylian Mbappé también ha demostrado, en distintos momentos de su carrera, que está dispuesto a opinar sobre cuestiones sociales y políticas cuando considera que corresponde, aun sabiendo que eso puede generarle críticas.

Pelé, en cambio, construyó una figura mucho más institucional y menos confrontativa. Sus detractores sostienen que evitó cuestionar al poder cuando podía haberlo hecho; sus admiradores responden que eligió ser un embajador global del fútbol antes que un dirigente político.

No todos los ídolos entienden el liderazgo de la misma manera. Algunos creen que alcanza con jugar bien. Otros piensan que el prestigio también implica levantar la voz cuando un rival denuncia que no compite en igualdad de condiciones.

En definitiva, el debate no es quién juega mejor al fútbol. El debate es qué significa ser el número uno. ¿Alcanza con ganar partidos o también hace falta defender el espíritu deportivo cuando aparece una situación que muchos consideran injusta? Esa pregunta seguirá abierta mucho después de que se entregue la Copa del Mundo.