Palacio Cabrera.
En José Antonio Cabrera 5653, entre Bonpland y Fitz Roy, el Palacio Cabrera guarda una de esas historias donde Palermo muestra sus capas más profundas: beneficencia, arquitectura, memoria barrial y transformación inmobiliaria.
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El edificio, terminado en 1935, fue conocido durante décadas como el Segundo Hogar José Devoto. Su origen no estuvo ligado al lujo residencial, sino a una idea de amparo: dar techo a mujeres mayores, muchas de ellas sin familia o con escasos recursos. En el frente todavía quedó grabado ese pasado, como una marca de piedra que resiste al paso del tiempo.
La obra fue encargada por Filomena Devoto de Devoto, viuda de José Devoto, integrante de una familia profundamente vinculada a la historia de Villa Devoto y a distintas instituciones de caridad, educación y asistencia social. Filomena y José no tuvieron hijos, y esa ausencia familiar terminó transformándose en una vocación pública: levantar espacios para cuidar, educar y alojar a quienes quedaban fuera del abrigo familiar.
Antes del edificio de Cabrera existió otro Hogar Devoto en Palermo, ubicado en El Salvador 4930, cerca de la actual Plaza Serrano. Aquella casona funcionaba como casa de amparo para señoras adultas mayores sin familia. Según la reconstrucción histórica de la Junta de Estudios Históricos de Villa Devoto, el hogar había sido creado por el matrimonio Devoto y luego quedó bajo administración de la Asociación San Vicente de Paul.

Ese dato permite entender mejor al Palacio Cabrera: no fue una obra aislada, sino parte de una red de ayuda social impulsada por los Devoto. En una Buenos Aires donde la vejez, la viudez y la pobreza podían dejar a muchas mujeres prácticamente invisibles, estas casas ofrecían algo concreto: habitación, resguardo, comunidad y cierta dignidad cotidiana.

José Devoto aparece en la historia como esposo, benefactor y figura homenajeada. Filomena, después de su muerte, continuó y amplió esa obra con una energía notable. Participó en asociaciones de beneficencia, colaboró con el Patronato de la Infancia, integró la Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul y financió obras educativas y religiosas. Entre ellas se destacan la parroquia San Rafael Arcángel, el Colegio San Rafael, el Hogar San Rafael, el Hogar San José de la Montaña y aportes vinculados al Hospital Italiano de San Justo.
El Palacio Cabrera, entonces, debe leerse dentro de esa tradición: una arquitectura puesta al servicio del cuidado. No era un edificio cualquiera. Tenía escala, presencia, patios internos, pasillos amplios, pisos en damero, escalera de mármol, barandas de hierro, carpinterías de madera, cúpula vidriada y una distribución pensada para la vida colectiva.
Durante años, allí vivieron mujeres mayores que conservaban parte de su independencia. Algunas tenían sus propios muebles, sus objetos personales, sus pequeñas rutinas. No era el Palermo de los bares de autor ni de los alquileres temporarios: era un Palermo de patios, silencio, rezos, cocinas modestas, calderas antiguas y habitaciones que guardaban biografías enteras.
El Segundo Hogar José Devoto funcionó hasta 2010. Luego el edificio quedó cerrado, al cuidado de un casero, en medio de un Palermo Hollywood que ya había cambiado por completo. Alrededor crecían productoras, restaurantes, edificios nuevos, estudios, bares y oficinas. La casona, mientras tanto, parecía detenida en otro siglo.
La transformación llegó primero con Casa FOA 2016, cuando el edificio fue elegido como sede de la tradicional muestra de arquitectura, diseño interior, industria y paisajismo. Esa instancia permitió una primera puesta en valor: pintura, acondicionamiento general, renovación de instalaciones eléctricas, arreglo de cañerías y recuperación de sectores interiores.

Después avanzó el proyecto de BrodyFriedman, con intervención del Estudio C4 / Cortiñas Arquitectos. La propuesta fue convertir el antiguo hogar en un desarrollo contemporáneo, pero conservando la estructura histórica y la fachada protegida. Allí empezó la convivencia más delicada: el edificio viejo, con su peso patrimonial, y una nueva construcción pensada para viviendas, estudios profesionales y oficinas.
El nuevo Palacio Cabrera se transformó en un conjunto de unidades de entre 50 y 200 metros cuadrados, con usos flexibles: departamentos, estudios profesionales y oficinas. La obra sumó nuevos niveles modernos sobre la estructura existente, pero mantuvo sectores clave del edificio original. La idea fue que lo nuevo no borrara completamente lo viejo, aunque la tensión entre memoria y negocio inmobiliario sigue estando presente.
Entre los elementos preservados se destacan los pasillos con mosaicos blancos y negros en damero, la escalera interior, las barandas trabajadas, los patios, la cúpula vidriada y parte de la nobleza material del antiguo hogar. También se incorporaron ascensores, patios de uso común, piscina, solárium, bicicletero, Wi-Fi en espacios comunes, control de acceso y locales gastronómicos en el ingreso.
Así, el edificio pasó de ser una casa de amparo para mujeres mayores a convertirse en un desarrollo urbano de alta gama en Palermo Hollywood. La postal es potente: donde antes había una institución de cuidado, hoy hay viviendas, oficinas, diseño, amenities y gastronomía. Buenos Aires en estado puro: bella, contradictoria y siempre vendiendo el metro cuadrado con perfume de nostalgia.
La protección patrimonial fue clave. El edificio fue incluido como inmueble representativo por la Ley 2548 de la Ciudad de Buenos Aires, lo que impidió una demolición lisa y llana. En una ciudad donde tantas casas antiguas desaparecen sin despedida, el Palacio Cabrera logró sobrevivir, aunque cambiado de función y de público.
La pregunta de fondo es inevitable: ¿qué queda de una obra social cuando se transforma en emprendimiento privado? Queda la fachada, quedan los patios, queda la escalera, quedan los mosaicos, queda el nombre de José Devoto tallado en la memoria material del edificio. Pero también queda la distancia entre el destino original y el uso actual.
No hay que mirar esa transformación con ingenuidad. La recuperación evitó la ruina y salvó una pieza valiosa de la arquitectura barrial. Pero también desplazó definitivamente el sentido social que había dado origen al lugar. Antes alojaba a mujeres mayores sin familia; hoy aloja una nueva forma de habitar Palermo, más ligada al diseño, la inversión y la vida profesional contemporánea.
Aun así, el Palacio Cabrera conserva algo importante: permite contar una historia que de otro modo se habría perdido. La historia de José Devoto y Filomena Devoto de Devoto. La historia de las casas de amparo para señoras mayores. La historia de una Palermo anterior a Palermo Hollywood. La historia de un edificio que nació para cuidar y terminó convertido en símbolo de renovación urbana.
En Cabrera y Fitz Roy, el pasado no desapareció del todo. Está ahí, mezclado con hormigón nuevo, vidrios, patios recuperados y locales gastronómicos. Como pasa tantas veces en Buenos Aires, el edificio cambió de traje, pero debajo todavía se le ven las costuras antiguas.
José Devoto: el benefactor detrás del nombre del Palacio Cabrera
José Devoto fue parte de una de las familias italianas más influyentes de la Buenos Aires de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Pertenecía al amplio clan Devoto, una familia de origen ligur que se integró a la elite económica porteña a través del comercio, la banca, las inversiones inmobiliarias, la industria y la beneficencia.


Era hijo de Giobatta Devoto —también citado como Bautista Devoto en algunas fuentes—, uno de los hermanos mayores de la familia Devoto que no llegó a radicarse en la Argentina. José se casó con su prima Filomena Devoto, hija de Cayetano Devoto y sobrina de Antonio, Bartolomé y Tomás Devoto. El matrimonio no tuvo hijos, y esa ausencia marcó el destino de una parte importante de su patrimonio: muchas de sus obras quedaron ligadas a la caridad, la educación, la salud y el amparo de mujeres, niñas, ancianos y personas sin recursos.

José Devoto no debe confundirse con Antonio Devoto, el empresario y banquero asociado al nacimiento del barrio de Villa Devoto. Antonio fue la figura más famosa del apellido. Pero José pertenecía al mismo universo familiar: una red de comerciantes, banqueros, industriales y terratenientes que tuvo enorme peso económico en la Argentina. Para entender la dimensión de esa familia hay que mirar el mapa completo: Banco de Italia y Río de la Plata, Banco Inmobiliario, operaciones de tierras, industrias, propiedades urbanas, obras religiosas, hospitales, asilos, escuelas y casas de amparo.

Piso damero blanco y negro, escaleras enfrentadas, barandas de hierro y una lectura clara de la recuperación patrimonial. De casa de amparo a edificio residencial/profesional de alta gama. BrodyFriedman presenta el proyecto como la puesta en valor del antiguo Hogar Devoto, sede de Casa FOA 2016.
No aparece una cifra confiable y documentada sobre la fortuna personal de José Devoto. Pero sí hay una señal clara de escala: los Devoto integraban una de las familias más ricas e influyentes de la colectividad italiana en Buenos Aires. Antonio Devoto llegó a ser considerado uno de los hombres más ricos del país y de Sudamérica; el grupo familiar participó en bancos, compañías comerciales, emprendimientos industriales y grandes operaciones inmobiliarias. José, dentro de ese linaje, no fue un simple vecino acomodado: fue un miembro de una familia con capacidad real para levantar instituciones, financiar obras y sostenerlas en el tiempo.
La memoria de José Devoto quedó especialmente unida a Filomena. Juntos impulsaron obras de asistencia social y, luego de la muerte de él, Filomena continuó esa tarea con una intensidad notable. En Palermo, esa historia tuvo dos hitos: el primer Hogar Devoto, ubicado en El Salvador 4930, cerca de Plaza Serrano, y el Segundo Hogar José Devoto, en José Antonio Cabrera 5653, el edificio que hoy conocemos como Palacio Cabrera.
El primer hogar estaba destinado a mujeres mayores sin familia. El segundo, levantado en Cabrera, profundizó esa misma idea: ofrecer un lugar de resguardo a señoras adultas mayores que necesitaban compañía, habitación y cuidado. No era una obra ornamental ni una donación para figurar en una placa. Era una institución concreta, con camas, habitaciones, patios, vida diaria y una misión social definida.
El Palacio Cabrera fue construido en 1935 por encargo de Filomena Devoto de Devoto y llevó el nombre de su esposo: Segundo Hogar José Devoto. Durante décadas funcionó como casa de amparo. Allí vivieron mujeres mayores que podían conservar parte de su intimidad y sus objetos personales, en un edificio pensado para alojar con dignidad. En una Buenos Aires donde la viudez, la soledad y la pobreza podían condenar al silencio, este tipo de hogares cumplía un papel social enorme.
La obra de José Devoto también aparece vinculada al Hospital Italiano de San Justo. Un documento histórico conservado en torno a la Capilla del Sagrado Corazón lo menciona como “ex presidente y gran benefactor” de esa institución. Filomena costeó esa capilla en memoria de su esposo y también financió una casa-habitación para las Hermanas de Caridad que asistían a los asilados. Ese dato ayuda a dimensionarlo: José no fue solo el nombre sentimental de una dedicatoria, sino una figura reconocida dentro de instituciones de salud y beneficencia.
Filomena, en memoria de José y dentro de la tradición familiar Devoto, financió además obras religiosas y educativas. Entre ellas se destacan la parroquia San Rafael Arcángel, el Colegio San Rafael, el Ateneo San Rafael, el Hogar San Rafael y el Hogar San José de la Montaña, en Pilar. También realizó aportes vinculados a instituciones asistenciales y educativas, muchas veces asociadas a congregaciones religiosas.
La riqueza de José Devoto, entonces, debe medirse menos por una cifra exacta —que no aparece con claridad en las fuentes disponibles— y más por la escala de las obras que su familia y su viuda pudieron sostener. Hablamos de una fortuna capaz de financiar edificios completos, templos, hogares, escuelas, capillas, órganos importados, vitrales, terrenos y casas de asistencia. En criollo: plata grande, de la vieja elite porteña, pero convertida en ladrillo social.
Ese es el punto que vuelve importante su nombre en la historia del Palacio Cabrera. José Devoto representa una forma antigua de filantropía: la de las familias ricas que, desde una mirada católica y paternalista, entendían que parte de su prestigio debía transformarse en obra pública, beneficencia y asistencia. Era otra Buenos Aires, con sus luces y sombras, pero también con una idea muy concreta: la fortuna debía dejar huella.
Por eso, cuando hoy se mira el Palacio Cabrera ya transformado en un desarrollo residencial, profesional y gastronómico de alta gama, conviene recordar qué decía su nombre original. Segundo Hogar José Devoto no era una marca inmobiliaria. Era una declaración de origen: un edificio nacido para alojar, proteger y acompañar a mujeres mayores que no tenían red familiar suficiente.
La ciudad cambió, Palermo cambió y el edificio también. Pero debajo del nuevo Palacio Cabrera todavía late el nombre de José Devoto, asociado a una obra de amparo que formó parte de la historia social del barrio. Y esa memoria vale tanto como la fachada, los patios, los mosaicos y la escalera: porque los edificios no solo se conservan por sus muros, también se conservan por las vidas que alguna vez cuidaron.
Datos clave de José Devoto
Nombre: José Devoto.
Familia: integrante del clan Devoto, de origen ligur.
Padre: Giobatta Devoto, también citado como Bautista Devoto.
Esposa: Filomena Devoto de Devoto.
Hijos: no tuvieron descendencia.
Vínculo familiar: Filomena era hija de Cayetano Devoto y sobrina de Antonio, Bartolomé y Tomás Devoto.
Perfil: benefactor, integrante de una familia empresaria y filantrópica de gran peso en Buenos Aires.
Instituciones asociadas a su memoria: Primer Hogar Devoto, Segundo Hogar José Devoto, Capilla del Sagrado Corazón del Hospital Italiano de San Justo, obras San Rafael y Hogar San José de la Montaña.
Dato destacado: fue recordado en documentación histórica como ex presidente y gran benefactor del Hospital Italiano / Casa San Justo.
Fortuna: no hay una cifra pública confiable de su patrimonio personal, pero perteneció a una de las familias más ricas e influyentes de la colectividad italiana en la Argentina.
Datos para ubicar la historia
Nombre actual: Palacio Cabrera.
Nombre histórico: Segundo Hogar José Devoto.
Dirección: José Antonio Cabrera 5653, entre Bonpland y Fitz Roy.
Barrio: Palermo Hollywood.
Año de finalización: 1935.
Comitente: Filomena Devoto de Devoto.
Uso original: hogar de amparo para mujeres mayores.
Funcionó hasta: 2010.
Primer Hogar Devoto: El Salvador 4930, cerca de Plaza Serrano.
Transformación contemporánea: desarrollo de viviendas, estudios profesionales, oficinas y locales gastronómicos.
Desarrolladora: BrodyFriedman.
Proyecto y dirección: Estudio C4 / Cortiñas Arquitectos.
Protección patrimonial: edificio representativo protegido por la Ley 2548 de la Ciudad de Buenos Aires.
Para que la memoria barrial no quede muda
Cada edificio antiguo de Palermo guarda algo más que ladrillos: guarda usos, familias, instituciones, oficios, silencios y formas de vivir que ya casi no existen. Por eso vale la pena que los vecinos también aporten su mirada. Una foto vieja, un recuerdo familiar o un dato escuchado de los mayores puede ayudar a reconstruir la historia del barrio antes de que se pierda.
¿Conocías la historia del Palacio Cabrera y del Segundo Hogar José Devoto?
¿Recordás el Hogar Devoto de El Salvador 4930 o escuchaste historias de esa casa cerca de Plaza Serrano?
¿Creés que la recuperación del Palacio Cabrera respetó la memoria del edificio o cambió demasiado su sentido original?
¿Qué otros edificios de Palermo deberían protegerse antes de que desaparezcan?








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