El relato del superávit: por qué el informe económico que celebra al Gobierno no explica la crisis real
Mientras la Argentina real sigue discutiendo alquileres impagables, caída del consumo y deterioro de servicios públicos, un nuevo informe macroeconómico difundido por consultoras privadas y agencias de comunicación intenta instalar una narrativa triunfal: dos años de superávit fiscal bajo la gestión de Javier Milei.
Sin embargo, una lectura detallada de los números, las comparaciones y los supuestos revela que el documento está construido más como pieza de comunicación política que como análisis económico riguroso.
Un superávit que existe solo en el Excel
El informe abre celebrando un superávit fiscal primario del 1,4% del PBI en 2025. El dato, en términos contables, es correcto. El problema es qué se mide y qué se omite.
El resultado primario excluye intereses de deuda y se apoya en una contracción inédita del gasto público. No mide bienestar, no mide inversión futura, no mide actividad económica ni capacidad productiva. Es, básicamente, una foto de caja, no una radiografía del país.
Hablar de “activo central del Gobierno” sin explicar el costo social, productivo y territorial del ajuste es, como mínimo, una simplificación interesada.
El primer truco: mezclar indicadores para inflar el logro
El informe alterna sin aclararlo entre:
- superávit primario
- superávit financiero
- metas del Presupuesto 2026
- sugerencias del FMI
El lector promedio queda con la sensación de una línea ascendente y ordenada. En realidad, se están mezclando definiciones distintas, años distintos y criterios distintos. El famoso “1,5% del PBI” para 2026 no es un dato cerrado ni consolidado: depende de qué se considere gasto, de cómo se calcule el PBI y de qué supuestos macroeconómicos se utilicen.
No es error técnico: es marketing económico.
Volver a 2006 no es un mérito, es una alarma
El informe celebra que el gasto público “volvió a niveles de 2006”. La frase suena épica, pero es profundamente engañosa.
En 2006:
- el Estado tenía menos funciones,
- no existía la actual estructura previsional,
- la infraestructura hoy deteriorada aún no estaba colapsada,
- y la población era menor.
Reducir el Estado a niveles de hace veinte años sin reducir las demandas sociales actuales no es eficiencia: es desfinanciamiento. No es modernización: es regresión institucional.
Infraestructura, subsidios y provincias: el ajuste que no se quiere nombrar
Los principales recortes celebrados por el informe explican por qué el “éxito fiscal” no se siente en la calle:
- Infraestructura (-1,2% del PBI): obra pública en mínimos históricos. Rutas, hospitales, escuelas y redes urbanas sin mantenimiento. El ahorro de hoy es el colapso de mañana.
- Subsidios (-1,1% del PBI): el gasto no desaparece, se traslada a hogares y pymes vía tarifas. El Estado ahorra; la sociedad paga.
- Transferencias a provincias (-0,5% del PBI): ajuste centralista que asfixia economías regionales y servicios locales.
El informe los enumera como logros. Para millones de argentinos, son problemas cotidianos.
Empleo público: el número que no cierra
Se afirma que hubo 61.000 empleados menos y que eso representa el 18% del personal. El porcentaje no se explica, no se abre el denominador y no se aclara qué universo se toma.
Además, se admite que los salarios públicos cayeron más de 14% en términos reales. Menos trabajadores, peor pago y menos servicios. El ahorro fiscal se construye, otra vez, por licuación y recorte, no por productividad.
Jubilaciones: la bomba que el informe patea para adelante
El documento reconoce que las jubilaciones representan el 42% del gasto primario, pero sostiene que “no habrá más ajuste” si no hay inflación o reforma explícita. Es una afirmación temeraria.
La mejora contable reciente se explica por:
- rezago de fórmulas,
- bonos discrecionales,
- y licuación previa.
Sin crecimiento real del empleo formal y sin un sistema previsional sostenible, el problema no está resuelto: está postergado.
La gran promesa: crecer para recaudar
El informe apuesta a que la consolidación fiscal futura vendrá por mayor recaudación producto del crecimiento económico. No muestra evidencias, solo expectativas.
El problema es circular:
- el ajuste frena actividad,
- la caída de actividad frena recaudación,
- la falta de recaudación exige más ajuste.
El “equilibrio virtuoso” que se promete nunca aparece en los datos reales de consumo, industria y empleo.
Superávit no es desarrollo
El mayor problema del informe no es lo que dice, sino lo que intenta instalar: que ordenar las cuentas públicas equivale a ordenar la economía.
No lo es.
Un país puede tener superávit y, al mismo tiempo:
- caer en recesión,
- destruir infraestructura,
- empobrecer jubilados,
- desfinanciar provincias,
- y perder capacidad productiva.
Eso no es una paradoja: es exactamente lo que está ocurriendo.
Una economía contable, no real
El informe funciona como pieza de legitimación de un modelo que mide éxito solo en planillas fiscales. Pero la economía no es solo Excel: es trabajo, inversión, consumo, servicios, territorio y futuro.
Reducir todo a un superávit logrado por motosierra no es una política económica integral. Es una narrativa de corto plazo que confunde ajuste con solución.
Y cuando la economía real no acompaña al relato, el relato termina siendo lo que es: una ilusión estadística.
