Uno de cada siete mensajes del presidente Milei contiene insultos, según un estudio de FOPEA
Un informe basado en el análisis de más de 113.000 publicaciones del jefe de Estado advierte sobre el uso sistemático de la agresión como estrategia política y su impacto en la libertad de expresión y el debate democrático.

Buenos Aires — Un estudio especial difundido por el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) encendió una señal de alerta sobre el estilo comunicacional del presidente Javier Milei. Según la investigación, el 15,2% de los posteos publicados por el mandatario en la red social X contienen insultos, agravios o expresiones ofensivas, lo que equivale a uno de cada siete mensajes.

El trabajo, titulado “El insulto como estrategia. Un análisis de 113.000 tuits del presidente Milei”, fue realizado por el programa Data Journalism Visualization (DJV) Bootcamp y tomó como universo 113.649 publicaciones realizadas entre el 10 de diciembre de 2023 —día de asunción presidencial— y el 15 de septiembre de 2025.
De ese total, 16.806 posteos incluyeron expresiones insultantes, una cifra que, lejos de ser marginal, muestra un patrón sostenido en el tiempo.

Una forma de gobernar también se expresa en el lenguaje
El relevamiento indica que el presidente publica, en promedio, 406 mensajes diarios entre posteos propios y retuits, de los cuales alrededor de 60 contienen frases descalificatorias o estigmatizantes. La cuenta es simple y contundente: la agresión no es un exceso ocasional, sino un recurso recurrente.
Entre los términos más utilizados aparecen expresiones como “kuka”, “casta”, “mandril”, “delincuente”, “degenerado” y “terrorista”, según detalla el informe. Los investigadores clasificaron los insultos en tres grandes categorías:
- Animalización, con referencias como “mandril”, “burro”, “rata” o “parásito”.
- Repulsión, mediante términos como “basura”, “excremento” o “putrefacto”.
- Sexualización, con expresiones degradantes dirigidas a desacreditar al adversario.
FOPEA sostuvo que el ascenso de Milei a la arena pública —primero como panelista, luego como diputado y finalmente como presidente— consolidó una modalidad discursiva basada en la confrontación permanente y la deshumanización del que piensa distinto.

Promesas moderadas, prácticas intactas
El informe recuerda que en agosto de 2025 el presidente se había comprometido públicamente a moderar su tono. Sin embargo, el análisis concluye que ese compromiso fue cumplido solo de manera parcial, sin alterar el núcleo duro de su estrategia comunicacional.
Un dato clave del estudio señala que los picos de insultos coincidieron con anuncios económicos relevantes, lo que sugiere que la agresión funciona como una herramienta de amplificación y viralización en redes sociales. En otras palabras, el conflicto no es un efecto colateral: es parte del método.
Periodismo bajo ataque y democracia en tensión
Según el relevamiento, el periodismo aparece como uno de los blancos principales de los ataques presidenciales, una situación que FOPEA considera especialmente grave. “Este tipo de agresiones no solo afecta a quienes ejercen el periodismo, sino que pone en riesgo un principio fundamental de la democracia: la libertad de expresión y el acceso a información independiente”, advirtieron.
El informe fue elevado formalmente al jefe de Gabinete y al área de comunicación presidencial, pero no se recibieron respuestas oficiales.
La investigación incluye además un buscador interactivo de insultos y el acceso público a las bases de datos utilizadas, reforzando la transparencia del trabajo.
Cuando el insulto se vuelve política de Estado
FOPEA cerró su informe con una advertencia que excede a un presidente y apunta al clima de época: “La libertad de expresión no se pierde de golpe: se erosiona post a post”.
En una democracia madura, el lenguaje no es un detalle menor. Las palabras ordenan el mundo, habilitan o clausuran el debate, construyen autoridad o la degradan. Gobernar también es hablar. Y cuando el insulto se vuelve rutina desde el vértice del poder, lo que se desgasta no es solo el tono: se desgasta la convivencia democrática misma.
Palermo Online observa, registra y pregunta. El poder habla. La sociedad escucha. ¿Quién paga el costo cuando el grito reemplaza al argumento?
