Manuel Belgrano

22 de mayo de 1810: el día en que Manuel Belgrano ayudó a quebrar el poder del virrey

El 22 de mayo de 1810 Buenos Aires dejó de ser solamente una colonia obediente y empezó a discutir algo que hasta hacía pocos años parecía impensable: si el poder del virrey podía ser desafiado por los propios habitantes del Río de la Plata.

No fue todavía la independencia. No hubo fuegos artificiales ni discursos cinematográficos. Hubo tensión, barro en las calles, operaciones políticas, miedo, discusiones jurídicas y un grupo de criollos que entendía que el sistema colonial español estaba entrando en agonía. Entre ellos estaba Manuel Belgrano.

Aquel jueves se realizó el histórico Cabildo Abierto convocado tras varios días de presión política y militar sobre el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. La situación en España era caótica: Fernando VII estaba preso de Napoleón y la autoridad de la Corona se había desmoronado. Entonces apareció una pregunta peligrosísima para la época: si el rey ya no gobernaba, ¿quién tenía legitimidad para mandar en América?

Belgrano llevaba años pensando esa respuesta.

Belgrano no era solamente un militar: era un revolucionario intelectual

En 1810 Manuel Belgrano tenía 39 años y era uno de los hombres más preparados intelectualmente del Virreinato. Había estudiado leyes en Salamanca y Valladolid, en España, donde absorbió ideas de la Ilustración europea. Leía economía política, filosofía y teoría del Estado mientras gran parte de la dirigencia colonial seguía discutiendo privilegios comerciales como si el mundo nunca fuera a cambiar.

Cuando volvió al Río de la Plata como secretario del Consulado, Belgrano empezó a impulsar ideas absolutamente revolucionarias para la Buenos Aires colonial: educación pública, desarrollo agrícola, industria nacional, libre comercio controlado y formación técnica.

El hombre veía futuro en un territorio todavía organizado como una dependencia extractiva de España.

Y ahí aparece uno de los puntos más importantes para entender el 22 de mayo: Belgrano no odiaba solamente a un virrey particular. Lo que cuestionaba era todo el sistema colonial que impedía que estas tierras decidieran por sí mismas.

Qué pasó exactamente el 22 de mayo

Aquella mañana comenzaron a reunirse en el Cabildo los vecinos más importantes de Buenos Aires. Habían sido invitados militares, comerciantes, religiosos y funcionarios para debatir si Cisneros debía seguir gobernando.

La discusión fue feroz.

Los sectores más conservadores querían mantener la autoridad virreinal para evitar una ruptura política y económica con España. Del otro lado estaban los criollos revolucionarios, entre ellos Belgrano, Castelli, Paso y Saavedra, que sostenían que la soberanía debía regresar al pueblo mientras el rey estuviera cautivo.

Belgrano no fue el principal orador de aquella jornada. Ese rol lo tuvieron especialmente Juan José Castelli y Juan José Paso. Pero sí formó parte activa del núcleo revolucionario que había impulsado el Cabildo Abierto y que venía conspirando políticamente desde días antes para desplazar al virrey.

Después de largas horas de debate, la votación resultó adversa para Cisneros.

La mayoría decidió que el virrey debía cesar en el mando.

Ese fue el verdadero terremoto político del 22 de mayo.

Porque por primera vez en el Río de la Plata se quebraba formalmente la legitimidad del representante del rey español.

La revolución no fue un acto romántico: fue una pelea por el poder

Muchas veces la Semana de Mayo se cuenta como una especie de escena escolar prolija, llena de paraguas y escarapelas limpitas. Pero la realidad fue bastante más áspera.

Había intereses económicos enormes en juego. Comerciantes españoles que no querían perder privilegios. Militares que dudaban. Criollos moderados que tenían miedo de una revolución total. Y revolucionarios que entendían que, si no avanzaban rápido, el poder colonial iba a reorganizarse.

Belgrano pertenecía a este último grupo.

No era un caudillo de grito fácil ni un militar de carrera formado para la guerra. Era algo más peligroso para el sistema virreinal: un tipo educado que entendía cómo funcionaba el poder económico, político y cultural de una colonia.

Por eso su figura terminó siendo tan importante en los años siguientes.

Porque además de participar en la Revolución de Mayo, impulsó expediciones militares, creó la bandera argentina, defendió la educación pública y donó dinero de sus premios militares para construir escuelas.

Murió pobre en 1820, prácticamente olvidado por buena parte de la dirigencia porteña que sí había sabido enriquecerse.

¿Qué pensaría Belgrano de la Argentina actual?

Acá entra inevitablemente una pregunta incómoda.

Manuel Belgrano defendía el comercio, sí, pero también insistía en fortalecer la producción local, la educación técnica, la industria nacional y el desarrollo económico propio. Criticaba la dependencia absoluta de potencias extranjeras y creía que un país debía construir soberanía económica además de soberanía política.

Por eso es difícil imaginar a Belgrano celebrando una Argentina reducida solamente a la especulación financiera o a la venta indiscriminada de recursos estratégicos.

Ahora bien, decir exactamente qué apoyaría hoy sería inventar un pensamiento imposible de comprobar históricamente. Belgrano vivió hace más de dos siglos, en otro contexto político y económico completamente distinto.

Lo que sí puede afirmarse es que su proyecto de país estaba asociado a una nación educada, productiva y con capacidad de decidir su propio destino sin subordinación automática a intereses externos.

Y justamente esa discusión —la de soberanía, dependencia y modelo económico— sigue atravesando la Argentina desde aquel 22 de mayo de 1810 hasta hoy.