acliba

ACILBA, Comunidad Judeo Marroquí Argentina en Palermo. Jorge Luis Borges 1932.

Publicado por

Comunidad Judeo Marroquí Argentina en  Palermo
ACILBA
Tel./Fax: 4774-7577 / 4771-6249,
Mails: info@acilba.com.ar,
https://www.facebook.com/Acilba/
C1414DGH, Jorge Luis Borges 1932, C1414DGH CABA

COMO LLEGAR
Colectivo: Colectivo – 15A, Colectivo – 41A, Colectivo – 55A
Tren: Tren – BELGRANO NORTE, Tren – SAN MARTÍN
Subte: Subte – D

«¿Quien es rico? Aquel que está contento con su suerte, pues fue dicho:
Cuando comes del esfuerzo de tus manos, dichoso eres y bien será contigo». / Pirkie Avot

Los judíos en Argentina son mayoritariamente de origen ashkenazí. Es decir, judíos europeos provenientes particularmente de las comunidades que se desarrollaron en Europa Oriental. Los sefardíes son una minoría, que incluye tanto a los descendientes de los expulsados de la Península Ibérica como a los procedentes del Medio Oriente y el norte de África.

De los sefardíes del mundo árabe, los de origen sirio, árabe-parlantes y provenientes de las ciudades de Damasco y Alepo, son la mayoría. Los de origen marroquí, procedentes mayoritariamente de Tetuán y Tánger y cuyo idioma común era el jaquetia  y/o el español, son el grupo más reducido. En conjunto se constituyeron en la mayoría de los judíos sefardíes, pero al mismo tiempo, en corrientes minoritarias dentro de otras minorías de la sociedad argentina. Por un lado, dentro de una colectividad judía de origen multiregional y por otro, dentro de las oleadas de inmigrantes de origen árabe de diferentes regiones y credos que se asentaron en el país.

Desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX la Argentina fue el destino elegido por diversas agrupaciones de inmigrantes provenientes de Marruecos. Durante ese lapso estos grupos originarios del norte de Africa estuvieron compuestos, casi en su totalidad, por integrantes de la comunidad judía de origen sefaradí asentados en Marruecos, algunos desde la más remota antigüedad, otros llegados en 1492 cuando se produjo su expulsión de la Península Ibérica.

La llegada a la Argentina de inmigrantes de la comunidad judeo- marroquí comenzó a mediados del siglo pasado. Pese a que dentro de la comunidad judía que llegó a la Argentina el que nos ocupa representa el subgrupo menos numeroso, presenta algunas características peculiares. En este sentido, se trata del primer grupo de judíos sefardíes llegados al país; en segundo lugar, fueron ellos los primeros en organizar una comunidad judía específicamente sefardí, oficialmente reconocida por la Argentina; y, por último, ya en 1897 fundaron su propia asociación de sepultura, al establecer en el barrio de Avellaneda el primer cementerio de la colectividad judía en la Argentina.

Colonos

Independientemente de esta inmigración espontánea, llegó otro grupo menos numeroso, promovido por la Alliance Israelite Universelle, cuyo número no es posible determinar, aunque sí su composición: se trata de un conjunto de maestros marroquíes, llegados al país para enseñar castellano a los pobladores judíos ashkenazíes de las colonias del interior, quienes, provenientes de Europa Central y Oriental, veían dificultada su integración al medio por desconocimiento del idioma local.

Por otra parte, una vez arribados al país no se alojaran en el Hotel de Inmigrantes, lo cual permite suponer que llegaban atraídos por parientes o amigos. Aunque algunos optaron por instalarse en la Capital, especialmente en la zona sur (en los alrededores de los barrios de San Telmo, Concepción y Montserrat), la mayoría se dispersó hacia los centros urbanos del interior, para radicarse sobre todo en la zona del litoral (provincias de Santa Fe y Entre Ríos), o en Córdoba y el Chaco.

Maestros judíos traídos desde Marruecos

Por lo que respecta a su ocupación laboral, se estima que la buhonería constituyó la principal ocupación de todos los sectores de la población sefardita, aunque más tarde muchos de ellos estuvieron en condiciones de abrir tiendas al por menor, comercios mayoristas, y finalmente industrias.

Otra característica distintiva de estos inmigrantes la constituía su lengua, llamada jaquitía, consistente en una modalidad particular del judeo-español que desarrollaron en África del Norte. El tipo fónico más emparentado con este dialecto es el andaluz, razón por la cual al llegar a la Argentina hablaban correctamente castellano, aunque esporádicamente, en la vida familiar, seguían utilizando su lengua como una forma “secreta” de comunicación.

En cuanto a sus instituciones y a su vida comunitaria, desde muy temprano se agruparon con propósitos de ayuda recíproca, con fines sociales y para celebrar oficios religiosos. La comunidad contaba con 3 asociaciones: el templo, el cementerio y el club social, que funcionaban independientemente, cada una de ellas con su correspondiente personería jurídica.

En el marco de las características generales descritas, interesa destacar los particulares vínculos que estos inmigrantes mantuvieron con el resto de la comunidad judía. En términos generales, con los judíos ashkenazíes la relación fue conflictiva y distante, lo que encuentra su explicación en las poderosas y largamente sostenidas divisiones que los separaron en torno a la cuestión religiosa. Por otro lado, es un error suponer que los sefardíes argentinos hayan constituido un conjunto uniforme: cada grupo llegó al país con las tradiciones y costumbres propias de su lugar de origen y constituyó aquí su propio sistema organizativo, como consecuencia de la estratificación judía en torno a divisiones religiosas, nacionales e incluso regionales, lo que constituye una prueba de la fragmentación interna de la vida judía en la Argentina.




La historia de los judíos sefardíes en Argentina

Sefardí viene de la palabra hebrea Sefarad que significa España.
Ellos son descendientes de las personas que fueron expulsadas de España en 1492 durante la Inquisición.
Muchos de ellos se mudaron al norte de África y Medio Oriente antes de establecerse en Argentina.