Pericón Nacional

Así se vestía la revolución: estilo y elegancia en los días de Mayo

Así se vestía la revolución: estilo y elegancia en los días de Mayo

Pocas fechas despiertan tanto espíritu de época como el 25 de Mayo de 1810. Ese día, mientras se gestaba el primer gobierno patrio en el Cabildo de Buenos Aires, la moda también se rebelaba, con prendas criollas, mixturas coloniales y guiños al Viejo Mundo. Porque hacer la patria no era excusa para no estar en facha.

Lejos de los excesos de Versalles pero también alejados de la simpleza de campo, los hombres y mujeres de 1810 sabían que vestir era también un acto político. Una declaración. Una manera de ubicarse en el mundo, con sombrero, mantilla o galera. La moda, como el mate, también forjaba identidad.


Moda criolla con aires imperiales

La Buenos Aires de 1810 era una ciudad portuaria, húmeda, algo polvorienta, pero profundamente cosmopolita. Españoles peninsulares, criollos, negros libertos, indios mestizos, ingleses recién expulsados y franceses ilustrados compartían veredas, tertulias y ocasionales miradas.

La influencia de la moda napoleónica (a través de Francia) convivía con la tradición española y con las vestimentas gauchas de las afueras. De esa fusión nació el look revolucionario: criollo pero con pretensiones de elegancia europea. Algo así como un “Haute Campo Couture”.


Ella en 1810: mantilla, abanico y rebeldía

Las damas patriotas no lucían minifalda, pero sí sabían causar impresión. El look más visto ese 25 de Mayo en la Plaza Mayor incluía:

  • Vestido de talle imperio, de lino o algodón, con escote cuadrado y mangas cortas. Colores neutros o pasteles. Nada de brillos exagerados: la sobriedad era símbolo de virtud.
  • Mantilla bordada en los hombros o cubriendo la cabeza, como signo de decoro y distinción.
  • Chal o peineta, según el estatus y la ocasión. Las más osadas usaban peinetones pequeños, precursoras de los monumentales que llegarían en décadas posteriores.
  • Zapatos bajos o botas suaves, generalmente hechas a mano.
  • Abanico, no solo para el calor, sino para comunicarse en código. Una dama podía rechazar a un pretendiente con solo un gesto del abanico. Alta moda y estrategia emocional.
  • Moño blanco y celeste, como toque final. Según se cuenta, fue Mariquita Sánchez de Thompson quien bordó la primera escarapela.

Él en 1810: galera, levita y criollaje

Entre cabildantes, revolucionarios y comerciantes, el estilo masculino del 25 de Mayo tenía una amplia gama, que iba del traje militar al gaucho de ciudad con aspiraciones de diplomático.

  • Camisa de lino con cuello alto, muchas veces almidonada.
  • Chaleco de brocato o paño fino, con botones metálicos.
  • Levita oscura, entallada, heredada de la moda española. A veces reemplazada por poncho de vicuña, para los más nacionales.
  • Bombacha o pantalón ceñido, a veces dentro de las botas.
  • Botas de cuero o zapatos de hebilla, según el nivel económico.
  • Galera negra o sombrero de ala ancha, imprescindibles en la jornada política y en la tertulia.
  • Algunos llevaban la faja patria, tejida en hilo o lana, atada a la cintura como símbolo de adhesión al movimiento.

Lo invisible también cuenta: perfumes y accesorios

Las perfumerías de la época ofrecían aguas de colonia de lavanda, jazmín o naranja amarga, que se usaban en muñecas y cabellos. Las mujeres llevaban prendedores, rosarios y medallones. Los hombres, relojes de cadena y bastones con puño de plata o hueso. Porque hasta el bastón decía de qué lado estabas.


¿Y el pueblo? El pueblo también tenía estilo

No todo era aristocracia en esa Buenos Aires criolla. Los vendedores ambulantes, las negras candomberas, los soldados del cuartel y los changarines del puerto, también tenían lo suyo:

  • Faldas largas, delantales, pañuelos en la cabeza.
  • Camisas abiertas, pantalones arremangados, alpargatas.
  • Ponchos, chiripás, sombreros de paja.

No había lujo, pero sí identidad. No había moda prêt-à-porter, pero sí porte y dignidad.


Reflexión de época: vestir para ser libre

En 1810, vestirse era tomar partido. Cada prenda, cada tela, cada corte, hablaba de una pertenencia. La moda no era frívola, era un gesto. Una forma de estar de este lado de la historia.

Hoy, al evocar ese estilo, no se trata de disfrazarse, sino de recordar que la elegancia criolla estaba hecha de materiales nobles, de diseño con propósito y de símbolos compartidos.

¿Y vos?
¿Te animás a sacar del placard ese poncho heredado?
¿O a reinventar la levita en una campera de jean con galera vintage?
La moda patriótica no es pasado, es futuro con memoria.


¿Querés compartir tu look patrio del 25 de Mayo?