Monumento al Escape una obra que transforma el encierro en libertad Parque de la Memoria

Monumento al Escape: una obra que transforma el encierro en libertad

En el Parque de la Memoria, sobre la Costanera Norte de la Ciudad de Buenos Aires, una de las esculturas que más llama la atención es «Monumento al Escape», del reconocido artista estadounidense Dennis Oppenheim (1938-2011). Su extraña composición de volúmenes geométricos inclinados, con paneles de vidrio rojo y estructuras metálicas, invita a detenerse y reflexionar.

La obra fue realizada entre 1999 y 2001 en acero, vidrio laminado y otros materiales. Oppenheim imaginó tres estructuras inspiradas en los centros clandestinos de detención, pero alteró su forma para que dejaran de representar el encierro y pasaran a simbolizar la liberación, la fuga y la esperanza. Las «celdas» aparecen abiertas, torcidas y sin función, como una metáfora de la recuperación de la libertad frente al terrorismo de Estado.

El Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado ocupa unas 14 hectáreas sobre la ribera del Río de la Plata, junto a Ciudad Universitaria, en Avenida Costanera Norte Rafael Obligado 6745, muy cerca del Aeroparque Jorge Newbery. Fue creado por ley en 1998 como un espacio público de homenaje, reflexión y educación dedicado a recordar a las víctimas del terrorismo de Estado ocurrido durante la última dictadura militar argentina. Además del monumento con los nombres de los desaparecidos y asesinados, alberga un importante programa internacional de esculturas contemporáneas y la Sala PAyS para exposiciones y actividades culturales.

Para quienes recorren la Costanera Norte, el Parque de la Memoria ofrece una experiencia distinta a la de otros espacios verdes porteños. Sus senderos frente al río, el diálogo entre arte, paisaje e historia y la posibilidad de contemplar obras de artistas de prestigio internacional lo convierten en una de las visitas culturales más significativas de Buenos Aires.

La escultura que aparece en la imagen es, precisamente, una invitación a pensar que incluso los espacios concebidos para el encierro pueden resignificarse y convertirse en un símbolo de libertad, memoria y futuro.