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Bajo tierra en Palermo: túneles, lagos artificiales y una joya olvidada

Bajo tierra en Palermo: túneles, lagos artificiales y una joya olvidada

Una cámara subterránea fue descubierta bajo el lago Darwin, en pleno corazón de Palermo. Se trata de una pieza monumental de ingeniería hidráulica del siglo XIX que funcionó como parte del antiguo sistema de riego del parque Tres de Febrero. Esta revelación pone en evidencia la profundidad histórica de un barrio que, más allá de sus bares de autor y ferias de diseño, late sobre cimientos de agua, ladrillo y memoria.

El hallazgo se realizó en 2018, en el predio del ex Zoológico porteño, hoy reconvertido en Ecoparque. Técnicos que inspeccionaban el terreno detectaron una estructura de ladrillos abovedados, con entradas selladas y detalles constructivos que remitían a un sistema de canalización. Pronto se supo: era una cámara hidráulica diseñada para drenar, contener y redistribuir el agua de los lagos artificiales que embellecen Palermo desde fines del siglo XIX.

Esta cámara está ubicada en la isla central del lago Darwin. A simple vista, se observa una antigua fuente de piedra. Pero al levantar una tapa metálica se accede a una bóveda de 2,30 metros de diámetro, construida con ladrillo a la cal y revestida en piedra, que conecta con un túnel de más de seis metros. Desde allí, en otro tiempo, el agua caía a presión y era bombeada por un sistema de vapor que se alimentaba de los pozos del parque.

El diseño se remonta a los tiempos en que Carlos Thays, el gran paisajista francés, soñaba Buenos Aires como un vergel europeo. Pero los antecedentes más profundos nos llevan incluso más atrás: a las obras encargadas por Juan Manuel de Rosas, quien en sus estancias ya trabajaba con reservorios y canales para regar jardines y alimentar aguadas.

El parque Tres de Febrero, inaugurado oficialmente en 1875, fue desde el inicio un prodigio técnico. Contaba con una usina que transformaba la energía del vapor en fuerza hidráulica. Un sistema de válvulas, conductos subterráneos y cámaras como la hallada permitía mantener el nivel de los lagos, generar cascadas decorativas y asegurar el verdor de los jardines aún en sequías.

Con el tiempo, muchas de estas estructuras quedaron sepultadas, selladas, olvidadas. El paso de los años, los cambios urbanísticos y el abandono sellaron estos espacios. Lo que hoy se recupera no es solo una pieza física: es una parte del alma material de Palermo.

Desde ya, el hallazgo despierta un renovado interés por el turismo subterráneo. En ciudades como París, Roma o Ciudad de México, los túneles históricos son parte clave del circuito turístico. ¿Por qué Buenos Aires no podría sumarse? Palermo tiene el potencial. Con relatos, planos antiguos, visitas guiadas, y un relato urbano bien armado, podría ofrecer un paseo único: una caminata entre raíces, agua y tiempo.

Hay que destacar que la recuperación de esta cámara fue posible gracias a un trabajo conjunto entre arqueólogos, ingenieros, urbanistas y trabajadores del Ecoparque. Un esfuerzo interdisciplinario que, lejos del show, apunta a conservar, documentar y, con suerte, abrir al público este tipo de patrimonio invisible.

Mientras tanto, el turista común sigue sacando fotos a los cisnes del Rosedal, sin saber que, a metros de ahí, un sistema hidráulico digno del Imperio Romano duerme bajo tierra. ¿Cuántos túneles más habitan el subsuelo porteño? ¿Cuántas cámaras, acueductos, bóvedas esperan ser descubiertas?

El turismo en Palermo no debería limitarse al brunch, las compras en Plaza Serrano y las selfies con murales. Palermo es también historia, técnica, política hidráulica del siglo XIX. Palermo es Thays, es Rosas, es ladrillo mojado bajo el cemento moderno.

Abrir estos espacios al turismo responsable sería una manera de revalorizar la memoria técnica de la ciudad. En lugar de tirar abajo, cuidar. En lugar de tapar con cemento, excavar con criterio. En lugar de mirar solo la superficie, sumergirse. El verdadero lujo de Buenos Aires está bajo nuestros pies.

Porque no hay desarrollo turístico sin relato, sin contexto, sin historia. Y si hay algo que le sobra a Palermo es historia. Lo que falta es decisión para convertirla en un circuito vivo.

Desde Palermo Online, te lo decimos sin vueltas: este hallazgo no es una curiosidad de museo. Es una oportunidad. ¿La tomaremos o la volveremos a enterrar?