el desayuno de los cafetines cafe con leche medialunas

Bares y restaurantes en crisis

Bares y restaurantes en crisis: la Ciudad ofrece alivio fiscal, pero la calle cuenta otra historia

En Palermo, donde cada cuadra supo ser una postal de mesas llenas, brindis largos y turistas sacando fotos a cualquier plato con nombre francés, hoy el murmullo cambió. Hay persianas a medio bajar, mozos que miran la vereda con más tiempo que clientes, y dueños que hacen cuentas como si fueran equilibristas sin red.

En ese contexto, el Gobierno de la Ciudad mantiene hasta el 31 de marzo el plazo para que bares, restaurantes y hoteles pidan la exención del ABL por seis meses. La medida, impulsada por la AGIP, ya alcanzó a 4.267 inmuebles, un número que suena grande… pero que, cuando se lo pisa en la calle, parece apenas un parche sobre una herida más profunda.

Porque la pregunta no es solo cuántos acceden al beneficio.
La pregunta es cuántos llegan.

La exención cubre el período entre enero y junio de 2026. Y hay un detalle no menor: quienes ya pagaron las primeras cuotas no pierden esa plata, se les descuenta más adelante. Un alivio técnico, prolijo, administrativo. Bien armado desde el escritorio.

Pero Palermo no es un Excel.

Acá el problema es otro. Es el cliente que dejó de salir tres veces por semana y ahora sale una. Es la pareja que comparte plato. Es el turista que mira la carta, sonríe… y se va. Es el delivery que reemplazó la experiencia, pero también achicó el margen.

Y mientras tanto, los costos siguen subiendo como si no pasara nada.

El beneficio se tramita por TAD, con datos de la partida inmobiliaria, contrato, CUIT, actividad. Todo en regla, todo digital. Pero el gastronómico promedio no está pensando en cargar formularios: está pensando en cómo pagar sueldos, proveedores, alquiler y servicios en un mes que siempre cierra en rojo.

Desde la Ciudad aseguran que el sector es “estratégico”. Y lo es. No solo por lo económico, sino por lo simbólico: Buenos Aires sin gastronomía es un cuerpo sin alma.

Sin embargo, en la práctica, el alivio fiscal convive con una presión que no afloja. Porque mientras se ofrece una exención por un lado, por el otro siguen cayendo tarifas, costos y un consumo que no levanta.

En paralelo, se anunció la eliminación del impuesto de Sellos para financiar tarjetas. Bienvenido sea. Menos carga para el consumidor. Pero otra vez: es una medida que impacta en el borde del problema, no en el corazón.

En Palermo, la sensación es clara y se repite en voz baja, en la barra, en la cocina, en la vereda:
no alcanza.

La gastronomía no se está cayendo de golpe. Se está desgastando lento. Como esas mesas de madera que nadie cambia, pero todos saben que en algún momento van a ceder.

Y entonces queda flotando una duda incómoda, bien porteña, bien de café con medialuna fría:

¿Esto es un puente para cruzar la crisis… o apenas una pausa antes de que siga la caída?