Guise

Calles inéditas de Buenos Aires: joyas escondidas para pasear sin multitudes

En un tiempo donde el turismo masivo agobia y las selfies saturan los puntos clásicos, Buenos Aires todavía guarda rincones secretos, calles silenciosas, arterias cortas y encantadoras donde el alma barrial respira sin filtros ni poses. Hoy, salimos a recorrer esas calles “de nadie”, pequeñas maravillas escondidas entre avenidas y ruido, ideales para descubrir otra ciudad.


El alma porteña se esconde en las calles que pocos caminan

Mientras la mayoría corre hacia Caminito o se amontona en Plaza Serrano, hay calles en la Ciudad de Buenos Aires que invitan a detenerse. Son cortas, a veces de apenas dos o tres cuadras, pero cargadas de historia, belleza y un aroma a barrio que no se deja encasillar. No tienen semáforos, ni hordas de turistas. Tienen árboles, cafés discretos, vecinos saludándose y ese aire antiguo que hace bien al alma.

Una de ellas es la calle Guise, en pleno corazón de Palermo Sensible. Su nombre suena a perfume francés, pero su esencia es 100% porteña. Cruza apenas cuatro cuadras entre Soler y Güemes, paralela a Coronel Díaz y Bulnes, y sin embargo, es un mundo en sí misma.


Guise, la discreta reina de Palermo

En Guise hay un jardín maternal con estética de cuento, un colegio centenario y una parroquia donde las misas se celebran como en los pueblos: con calidez y sin estridencias. El Colegio Corazón de María y la Parroquia San Ildefonso son el corazón espiritual y educativo de esta calle. Las puertas están siempre abiertas y las fachadas cuentan la historia de una Buenos Aires que aún cree en la comunidad.

Pero Guise no es sólo recogimiento. En la esquina con el boulevard Charcas —otra gema escondida— aparece el diseño, la juventud y el sabor. Allí está PÏBA, una joyita de street food con cocktelería de autor y cerveza artesanal que ya llegó hasta Milán. A metros, Kuda Omakase ofrece una experiencia gastronómica japonesa de 15 pasos, íntima y exquisita.

Y eso es lo mágico de estas calles: pueden ser tan sagradas como golosas, tan tranquilas como sofisticadas.

Otros pasajes de Palermo que merecen caminarse en silencio

La calle Guise es apenas una perla en el collar de callejones y pasajes que esconde el barrio más diverso de la Ciudad. Palermo no es solo Soho, Hollywood y un ejército de brunchs. Palermo también tiene sus rincones silenciosos, íntimos, donde todavía se puede escuchar el sonido de las hojas al caer. Estos son algunos de los pasajes que hay que caminar sin apuro y con ojos abiertos:


1. Pasaje Soria

Ubicado entre Gurruchaga y casi Thames, a metros de Plaza Serrano, este pasaje parece un túnel del tiempo. Casas bajas, enredaderas, arte callejero y una calma que sorprende. Soria es el Palermo que resiste al algoritmo.


2. Pasaje Santa Rosa

Pequeño, sinuoso, encantador. Se mete entre Thames y Gurruchaga, y es de esos lugares donde la sombra de un árbol y una maceta bien puesta hacen la diferencia. Muchos vecinos lo adornan con plantas, sillas de mimbre o carteles poéticos.


3. Pasaje Russel

Entre Gurruchaga y Thames. Una rareza: adoquines, casonas recicladas y murales escondidos. Muchos lo usan de paso sin saber que están pisando un rincón mítico del Palermo post-tanguero y pre-hipster.


4. Pasaje Voltaire

Pasa casi desapercibido entre la vorágine de Palermo Hollywood. Tiene nombre de filósofo francés pero olor a jazmín criollo. Silencio, puertas coloridas y algún que otro gato que te mira como dueño del territorio.


5. Pasaje San Mateo

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Entre Salguero y Julian Alvarez, es tan corto que si pestañeás lo perdés. Pero guarda joyas: una galería de arte autogestionada, una librería en un garage y el rumor lejano de Federico Moura que se mezcla con el canto de los zorzales.