Maquiavelo

Cavallo, el plan que estalló y la Argentina que vuelve a tentar al abismo

Cavallo, el plan que estalló y la Argentina que vuelve a tentar al abismo.

Fue el plan más ambicioso de estabilización económica en la historia argentina reciente. Y también uno de los más destructivos. Veinticuatro años después, el fantasma de Domingo Cavallo vuelve a caminar por los pasillos del poder, ahora en la voz de quienes lo reivindican como pionero. Pero, ¿cómo terminó todo en aquel fatídico 2001? ¿Y por qué seguimos insistiendo con fórmulas que ya explotaron?


De Harvard a la Rosada: Cavallo y el espejismo del “milagro argentino”

Corría el año 1991. La inflación hacía estragos, y la convertibilidad cayó como bálsamo de mercado. Un peso, un dólar. Firme como una Biblia, frío como un decreto. Cavallo era el ministro de Economía de Carlos Menem, y su fórmula parecía mágica: bajar la inflación, atraer capitales, importar barato, endeudarse como si no hubiera mañana.

Durante casi una década, Argentina vivió un simulacro de país del Primer Mundo: tarifas congeladas, electrodomésticos accesibles, Miami en cuotas y viajes a Disney en vez de Mar del Plata. Pero bajo esa fachada brillante se gestaba la trampa mortal: una economía atada al dólar, con industria destruida, deuda creciente y pobreza disfrazada de consumo.


La hoguera de los pesos: 1998-2001

Con el cambio de siglo, el modelo comenzó a resquebrajarse. Brasil devaluó. Rusia colapsó. El comercio internacional se desaceleró. Argentina, rígida en su convertibilidad, quedó atrapada en un tipo de cambio real apreciado. El desempleo voló al 18%, la recesión se volvió crónica y el FMI, siempre con libreto único, exigía más ajuste.

De la Rúa, sin liderazgo ni plan, recurrió a Cavallo como salvavidas en 2001. El economista volvió al ministerio como si fuera el Mesías. Y aplicó su peor herejía: el “corralito”. Con el sistema financiero en pánico, limitó el retiro de depósitos para frenar la sangría bancaria. Pero eso selló su destino. La gente salió a la calle. Cacerolas. Sangre. Hambre. Helicóptero.


El 20 de diciembre de 2001: el día en que la convertibilidad murió

Esa noche, Cavallo renunció entre gritos y piedras. Al día siguiente, De la Rúa abandonó la Casa Rosada por los techos. La convertibilidad estalló como un vidrio esmerilado bajo el martillo de la realidad.

Las consecuencias fueron brutales:

  • El peso se devaluó más del 300%.
  • La pobreza superó el 50%.
  • La deuda se declaró en default.
  • El sistema político entró en crisis total.

Argentina pasó en meses del supuesto “milagro” a la indigencia generalizada. Las mismas recetas que trajeron estabilidad, dejaron ruinas.


Hoy: el regreso del hijo no reconocido

En 2025, la historia parece querer repetirse, aunque con otras palabras. Milei no menciona la palabra “convertibilidad”, pero habla de “competencia de monedas”, banca sin red, emisión cero y desregulación total.

Cavallo, desde sus columnas, observa con simpatía. Aplaude la liberalización del cepo, la flotación dentro de bandas, la intención de remonetizar con reservas. Dice que emitir para comprar dólares no es inflacionario y que el sistema puede funcionar si se dolariza bien.

Pero lo que Cavallo no dice –o no quiere recordar– es que él mismo sostuvo una ficción hasta que fue tarde. Que su 1 a 1, como este nuevo plan de monedas en “libre” competencia, reposa sobre la idea de una confianza social que no existe cuando hay hambre.


El país que vendrá: ¿una segunda oportunidad o una recaída?

La Argentina que se vislumbra no está saliendo del túnel. Está cambiando de carril en medio de la oscuridad. Se eliminan retenciones industriales, se suben las agropecuarias, se busca desregular sin red de contención social.

El plan de Cavallo en los 90 funcionó mientras hubo crédito, paciencia internacional y anestesia interna. Pero hoy la situación es distinta. Milei gobierna con minoría legislativa, sin plan productivo y con un empobrecimiento masivo que no admite décadas de espera.

La competencia de monedas –esa nueva utopía– podría derivar en una dolarización de facto, sin dólares ni consenso. Como en el final de la convertibilidad, podríamos volver a tener la ilusión de estabilidad mientras se oxida la economía real.


Conclusión: la Argentina no resiste más experimentos de laboratorio

La pregunta que nos persigue como un eco tanguero es: ¿puede la historia no repetirse cuando se vuelve a escribir con la misma tinta?

Cavallo volvió. Pero ya no desde el ministerio, sino desde las columnas y los think tanks. Aporta diagnósticos agudos, pero omite que su plan terminó con muertos, saqueos y una sociedad pulverizada. La responsabilidad no se borra con la jubilación.

Y ahora, con un nuevo plan, nuevas promesas y la vieja tentación de soluciones mágicas, la Argentina camina de nuevo por el borde de un abismo que ya conoce.