La señal fue colocada el 17 de junio de 2017 en la vivienda familiar que Ernesto Guevara habitó durante sus años de estudiante de Medicina. La antigua casa fue demolida, pero una baldosa conserva la memoria de aquel joven que caminó por Palermo antes de transformarse en una de las figuras más reconocidas y discutidas del siglo XX.
Ernesto “Che” Guevara murió el 9 de octubre de 1967 en La Higuera, Bolivia. Tenía 39 años y había sido capturado el día anterior por el Ejército boliviano. Su muerte terminó con la vida del hombre, pero abrió el camino de un símbolo que atravesó países, revoluciones, canciones, libros, películas, banderas y generaciones.
Una parte de esa historia permanece en Palermo, sobre la vereda de Aráoz 2180, cerca de la esquina de Mansilla. Allí estuvo una de las casas porteñas de la familia Guevara y allí vivió Ernesto durante su juventud, mientras cursaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires.
La vivienda original ya no existe. En su lugar se levantó un edificio de departamentos. Sin embargo, desde el 17 de junio de 2017, una baldosa de color ladrillo señala que esa dirección no es un punto más en el mapa de Buenos Aires.
El día que colocaron la baldosa
La baldosa fue instalada durante una mañana fría y nublada por iniciativa de Memoria Palermo, Palermo K, vecinos, familiares y amigos de Guevara. Cerca de un centenar de personas participaron del homenaje, que buscó recuperar la memoria de su paso por el barrio.
En la pieza puede leerse:
“En este solar vivió el Che Ernesto Guevara de la Serna. En conmemoración a su lucha por la transformación y la justicia social”.
Durante la ceremonia también se colocó tierra traída desde La Higuera, la localidad boliviana donde Guevara fue ejecutado en 1967. El gesto unió simbólicamente el lugar donde transcurrió parte de su juventud con el sitio en el que terminó su vida.
Entre los presentes estuvo Juan Martín Guevara, hermano menor del Che, quien recordó la vida familiar dentro de aquella casa. También participó Carlos “Calica” Ferrer, amigo y compañero del viaje que Ernesto inició en 1953, además de Taty Almeida, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
La fecha tenía una carga especialmente dolorosa para Almeida: el 17 de junio de 1975 había sido secuestrado y desaparecido su hijo, Alejandro Martín Almeida. Durante el acto, la referente de los derechos humanos vinculó ambas memorias y se colocó simbólicamente la boina del Che.
La ceremonia quedó registrada en la crónica original de Palermonline y en el archivo de Memoria Palermo.
La vida familiar en Aráoz 2180
Los Guevara se instalaron en Aráoz 2180 alrededor de 1948. Ernesto había regresado de Córdoba, donde había pasado buena parte de su infancia y adolescencia debido a que el clima serrano resultaba más favorable para tratar el asma que padecía desde muy pequeño.
Durante su regreso a Buenos Aires, la familia vivió inicialmente en una propiedad vinculada con su abuela, en la zona de Arenales y Uriburu. Más tarde, el padre de Ernesto vendió un yerbatal que poseía en Misiones y adquirió la casa de Palermo.
Según los recuerdos familiares, era una vivienda con patio, cocina, comedor, terraza, garaje y un balcón corrido hacia la calle. Ernesto compartía con su hermano Roberto una pequeña habitación ubicada al frente. Tenía una cama marinera, un ropero, una cómoda, algunas bibliotecas y una mesa para estudiar.
En aquel balcón se tomaron fotografías donde aparece un Guevara muy joven, recostado y con una actitud desafiante. Todavía no existían la boina, la barba ni la imagen mundialmente conocida a partir del retrato realizado en 1960 por el fotógrafo Alberto Korda.
La casa también tuvo sus pequeñas historias. En el garaje, que la familia no utilizaba para guardar un automóvil, Ernesto instaló un improvisado laboratorio para fabricar un insecticida al que bautizó “Vendaval”. El emprendimiento duró apenas unos meses. También habría funcionado allí un pequeño club de fútbol.
Son detalles domésticos que permiten mirar detrás del personaje histórico. Antes de convertirse en el Che, Ernesto fue un muchacho asmático y obstinado que jugaba al rugby, estudiaba de madrugada, discutía de política, leía poesía y filosofía y ensayaba proyectos que algunas veces naufragaban sin gloria. Como ocurre en las mejores familias.
El estudiante que comenzó a recorrer América
Durante sus años en Palermo, Guevara estudió Medicina y trabajó en investigaciones relacionadas con las alergias y el asma. Su propia enfermedad influyó en su interés por la medicina y en su acercamiento a pacientes con afecciones respiratorias.
En 1950 realizó un extenso recorrido por el norte argentino en una bicicleta equipada con un pequeño motor. Poco después emprendió junto con Alberto Granado el viaje sudamericano que inspiraría sus diarios y, muchos años más tarde, la película Diarios de motocicleta.
Aquellos recorridos le permitieron conocer de cerca la pobreza, las enfermedades, la explotación laboral y las profundas desigualdades de América Latina. El joven estudiante comenzó a mirar al continente como una unidad atravesada por problemas comunes.
El 7 de julio de 1953 volvió a partir. Se encontró con Carlos “Calica” Ferrer en la estación de Retiro y comenzó otro largo viaje por Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica y Guatemala. Ya no regresaría a vivir a la Argentina.
En México conoció a Fidel y Raúl Castro y se incorporó al movimiento que preparaba la expedición del yate Granma. Participó en la guerrilla de la Sierra Maestra y se convirtió en uno de los comandantes de la Revolución Cubana, triunfante en enero de 1959.
Posteriormente ocupó importantes cargos en Cuba, entre ellos la presidencia del Banco Nacional y el Ministerio de Industrias. También representó al nuevo gobierno en diferentes misiones internacionales. Más tarde abandonó sus funciones para participar en experiencias guerrilleras en el Congo y Bolivia.
Una figura que continúa generando debates
La imagen del Che se transformó en uno de los símbolos políticos más difundidos del mundo. Para sus admiradores representa la coherencia, la rebeldía, el internacionalismo y la lucha contra la injusticia. Para sus críticos, su trayectoria permanece vinculada con la violencia revolucionaria, los fusilamientos realizados durante los primeros años del gobierno cubano y la defensa de la lucha armada.
Su figura no admite una lectura única. Guevara continúa provocando admiración, rechazo, curiosidad y discusiones políticas. Pero incluso quienes cuestionan sus ideas reconocen la enorme dimensión histórica y cultural alcanzada por aquel médico argentino.
El rostro fotografiado por Korda fue reproducido en murales, afiches, tatuajes, banderas y prendas de vestir. Paradójicamente, una imagen nacida de la revolución también terminó convertida en uno de los objetos más comercializados de la cultura contemporánea.
Una parada de turismo histórico en Palermo
La baldosa de Aráoz 2180 puede visitarse libremente porque se encuentra sobre la vereda. La propiedad actual es privada y no funciona como museo ni posee espacios interiores abiertos al público.
El lugar puede incorporarse a una caminata por el Palermo histórico, junto con la Basílica del Espíritu Santo, conocida como iglesia de Guadalupe, la avenida Santa Fe, el área de Alto Palermo y las antiguas calles residenciales que todavía conservan balcones, patios y fachadas de otras épocas.
No hay grandes monumentos ni una reconstrucción de la vivienda. La casa fue demolida y apenas quedan fotografías y testimonios. La baldosa cumple precisamente esa función: detener por un momento al caminante y contarle que, detrás del edificio actual, alguna vez hubo un joven estudiando, leyendo y preparando sus viajes.
Datos para visitar
- Dirección: Aráoz 2180, cerca de la esquina de Mansilla, Palermo.
- Tipo de sitio: baldosa conmemorativa sobre la vía pública.
- Fecha de colocación: 17 de junio de 2017.
- Acceso: libre y gratuito.
- Importante: el edificio es una propiedad privada y no puede visitarse por dentro.
- Qué recuerda: la residencia de Ernesto Guevara y su familia durante su etapa de estudiante de Medicina.
La vieja casa desapareció, pero la memoria encontró refugio debajo de los pasos. En una esquina de Palermo permanece la huella del joven Ernesto, antes de la Sierra Maestra, de Cuba, de Bolivia y de la boina convertida en emblema universal.
¿Cuántas veces pasamos frente a un lugar histórico sin conocer lo que ocurrió allí? ¿Cuántas historias de Buenos Aires permanecen escondidas detrás de una fachada nueva o debajo de una baldosa?
