El chocolate de Dubái y la receta de la viralidad gastronómica
El llamado “chocolate de Dubái” —una golosina de lujo con pistachos y diseño de alta pastelería— podría explicar por qué algunos alimentos conquistan internet y se transforman en fenómenos globales. Lo dice nada menos que un académico de Oxford, y lo confirman los influencers y reposteros que vieron cómo las redes sociales devoraban este postre como si fuera oro comestible.
Un postre que encandila al algoritmo
En cuestión de meses, este dulce se volvió un símbolo del lujo moderno: color verde intenso, brillo de cacao puro, textura crujiente y cremosidad perfecta. Un contraste diseñado, literalmente, para triunfar en cámara.
El profesor Charles Spence, especialista en percepción sensorial de la Universidad de Oxford, analizó el caso como ejemplo de cómo la estética se vuelve sabor en la era digital.
Según Spence, la viralidad culinaria no depende tanto del gusto real sino del impacto visual y sonoro: el “crack” del chocolate, el color que salta del plato, la luz que rebota en el brillo del pistacho. Es el lenguaje del algoritmo traducido a comida.
Y no es menor: la fiebre por este chocolate fue tal que provocó una escasez mundial de pistachos, disparando su precio y alterando el mercado. Un ejemplo perfecto de cómo un simple posteo puede sacudir la economía real.
La comida como trofeo social
Spence señala otro punto crucial: el deseo de ser los primeros en descubrir algo exótico. Lo mismo pasó con el té de burbujas taiwanés, el matcha, los cronuts o los cafés con nitrógeno.
Las redes convierten cada hallazgo culinario en una forma de prestigio digital. Comer bien ya no alcanza: hay que mostrarlo, compartirlo y hacerlo viral.
Y ahí entra el fenómeno del “status gastronómico”: no todos pueden viajar a Dubái, pero cualquiera puede subir un reel con un chocolate parecido, y sentirse parte del mismo lujo.
¿Estamos comiendo para sentir o para mostrar?
La pregunta es inevitable. Entre tanto filtro y cámara lenta, ¿cuánto del placer real queda en el acto de comer?
Spence advierte que el espectáculo gastronómico está reemplazando la experiencia sensorial por la visual, y que los algoritmos tienden a premiar lo exagerado: colores imposibles, sabores extremos, reacciones fingidas.
Como diría cualquier porteño frente a una medialuna tibia y un cortado de bar: “Mucho video, pero dame algo que tenga gusto a verdad.”
La inteligencia artificial ya está en la cocina
El académico también apunta al papel creciente de la inteligencia artificial en detectar tendencias culinarias. Plataformas y marcas usan algoritmos para anticipar cuál será el próximo “alimento viral”: el helado de carbón, el café dalgona, el pan nube, o lo que venga.
Sin embargo, Spence aclara que ningún modelo puede reemplazar al olfato humano ni a la emoción que despierta un bocado genuino.
El sabor de la época
El “chocolate de Dubái” no es solo un postre caro: es un espejo de nuestra cultura. Representa cómo el lujo se disfraza de contenido, cómo el gusto se mide en likes, y cómo los alimentos viajan de los restaurantes a los reels con la velocidad de un clic.
En el fondo, lo viral no es el chocolate: somos nosotros, buscando belleza y pertenencia en cada foto, en cada plato.
Y aunque Oxford lo analice con ciencia, acá en Palermo lo sabemos bien: nada reemplaza al placer de un buen alfajor, un helado de dulce de leche o un café compartido sin necesidad de publicarlo.
