El modelo de Milei choca contra la realidad: el consumo no despega y la Ciudad muestra señales de agotamiento
Arranquemos sin caretas. En el fondo, muchos de los que votaron a Milei saben que este modelo termina mal.
No es ignorancia: es resignación ideológica. Lo saben porque ya lo vivieron, porque lo leyeron, porque la heladera no miente y el chango tampoco. Pero aun así prefieren seguir adelante.
¿Por qué? Porque antes que volver a un gobierno peronista —donde, les guste o no admitirlo, había consumo, empleo, paritarias y el chango se llenaba— eligen inmolarse en nombre del antiperonismo. Es una pulsión casi religiosa: mejor sufrir con orgullo que vivir mejor “del lado equivocado de la historia”.
El argentino promedio hoy acepta perder poder adquisitivo, trabajo y horizonte con tal de no darle la razón a aquello que detesta. Y así, entre espejitos de colores, ajuste eterno y promesas de futuro, se abraza un suicidio económico lento pero ideológicamente puro. Porque acá, muchas veces, el odio puede más que la comida.
Mientras el discurso oficial insiste en promesas de orden macroeconómico, libertad de mercado y un futuro luminoso que estaría “a la vuelta de la esquina”, los números reales empiezan a contar otra historia. Una historia menos épica, más pedestre, más de barrio. En la Ciudad de Buenos Aires, el consumo sigue sin repuntar y los datos del tercer trimestre de 2025 confirman que el modelo económico libertario empieza a encontrarse con su primer límite serio: la vida cotidiana de la gente.
Según el último informe del Instituto de Estadísticas y Censos Porteños (IDECBA), las ventas cayeron con fuerza en los autoservicios mayoristas y en los shoppings, mientras que los supermercados apenas lograron un crecimiento mínimo, insuficiente para hablar de recuperación. El consumo, ese termómetro brutal de la economía real, no acompaña el relato.
Supermercados: una mejora mínima que no alcanza
En los supermercados porteños, las ventas crecieron apenas un 0,4% interanual durante el tercer trimestre (julio-septiembre). El dato, a simple vista positivo, esconde una señal de alarma: representa una desaceleración de 4,4 puntos porcentuales respecto del trimestre anterior, cuando el crecimiento había sido del 4,8%.
En el acumulado del año, el consumo en supermercados subió 2,5%, pero con un patrón claro: se compra menos cantidad, aunque se pague más. El ticket promedio alcanzó los $20.101, mejorando en términos reales, aunque a un ritmo menor que en los meses previos. Dicho en criollo: la gente sigue yendo al súper, pero ajusta, recorta y elige con lupa.
El comportamiento por rubros expone el cambio de hábitos:
- Verdulería y frutería: +13,3%
- Panadería: +3,1%
- Carnes: +2,8%
- Almacén: +0,4%
En contrapartida, aparecen caídas fuertes en bienes no esenciales:
- Bebidas: -6,6%
- Rotisería: -8%
- Electrodomésticos: -18,6%
La mesa se sostiene, el gusto se posterga y el consumo duradero se congela.
Mayoristas: derrumbe sostenido y sin piso
Donde el golpe es directo y sin anestesia es en los autoservicios mayoristas. Las ventas cayeron 15,6% interanual en el tercer trimestre y acumulan una baja del 8,9% en lo que va del año. Desde el IDECBA fueron tajantes: se trata del retroceso más importante de los últimos siete trimestres consecutivos de deterioro.
La compra media alcanzó un nuevo mínimo histórico de la serie, incluso por debajo del último trimestre de 2024. A esto se sumó un dato estructural nada menor: en septiembre cerró una boca mayorista en la Ciudad, lo que implicó una reducción del 21,5% de la superficie comercial disponible. Menos ventas, menos locales, menos empleo.
Shoppings: consumo recreativo en retirada
Los centros comerciales, símbolo del consumo aspiracional urbano, tampoco escapan a la tendencia. En el tercer trimestre, las ventas en shoppings porteños se retrajeron 6,8% interanual, luego de un primer semestre con números positivos. El acumulado anual se mantiene apenas en alza (1,5%) gracias al buen arranque de enero a marzo.
Desde el organismo estadístico señalaron un dato contundente: fue el nivel de actividad más bajo para un tercer trimestre, solo superado por los registros de la pandemia en 2020 y 2021.
Los rubros más golpeados reflejan una sociedad que recorta ocio y vestimenta:
- Indumentaria: -11%
- Ropa deportiva: -9,7%
- Librería: -6,5%
- Patio de comidas: -4,3%
- Esparcimiento: -0,2%
La excepción aparece en electrodomésticos y artículos para el hogar, con una suba interanual del 11,7%, aunque con una fuerte ralentización respecto de trimestres anteriores. El propio IDECBA explicó que este comportamiento estuvo influido por la desaceleración inflacionaria, mejores condiciones de financiamiento y una mayor presencia de productos importados. Pero incluso ahí, el impulso se enfría.
El relato y la heladera
El modelo económico de Javier Milei se sostiene, en gran parte, sobre una promesa: aguantar hoy para vivir mejor mañana. Sin embargo, los datos del consumo muestran que ese mañana no termina de llegar y que el ajuste empieza a erosionar la base social que creyó en los “espejitos de colores” del libre mercado inmediato.
Menos consumo implica menos ventas, menos producción y menos empleo. Y sin empleo ni ingresos reales en alza, la macro se vuelve un castillo de cifras sin gente adentro. La Ciudad de Buenos Aires, históricamente resiliente, empieza a mostrar señales de cansancio.
La pregunta ya no es técnica ni ideológica. Es simple y brutal: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un modelo económico que ordena números pero enfría la vida cotidiana? Palermo Online observa, toma nota y deja el interrogante abierto. Porque al final del día, la economía no se mide solo en gráficos: se mide en changos, en persianas y en mesas familiares.
