El peor gobierno de la historia otorgó un premio cultural: Eduardo F. Costantini fue declarado Personalidad Emérita de la Cultura de la Nación
En un escenario donde la gestión cultural de la Argentina atraviesa su momento más oscuro, con recortes, vetos y un vaciamiento sistemático del patrimonio público, la Secretaría de Cultura de la Nación organizó una ceremonia para entregar una distinción que, paradójicamente, brilla más que quienes la conceden.
El martes 9 de septiembre, en la cúpula del Palacio Libertad, Eduardo F. Costantini —fundador y presidente del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba)— recibió la placa que lo reconoce como Personalidad Emérita de la Cultura de la Nación. El homenaje, encabezado por el secretario Leonardo Cifelli, buscó resaltar la trayectoria de un hombre que apostó al arte latinoamericano cuando el Estado, una vez más, elegía mirar para otro lado.
La contradicción de un premio en tiempos de desierto cultural
Resulta casi grotesco que un gobierno señalado por el vaciamiento de la vida cultural, el cierre de programas, la precarización de artistas y el desprecio por la tradición académica, se arrogue el derecho de premiar a uno de los principales mecenas culturales del país. Costantini levantó el Malba en 2001, en medio de otra crisis, con un gesto que contrastaba con la indiferencia política: abrir al público obras de Frida Kahlo, Diego Rivera, Xul Solar, Antonio Berni y tantos más, que de otro modo hubieran quedado escondidas en colecciones privadas.
Mientras el Estado se achica, Eduardo expandió. Mientras se cierran espacios, Malba abre sedes nuevas como Malba Puertos en Escobar, donde el arte dialoga con la naturaleza. La paradoja está servida: el hombre que hizo de la cultura un proyecto comunitario es distinguido por un aparato estatal que, en simultáneo, arrasa con la infraestructura cultural del país.
Una ceremonia entre discursos y silencios
Durante la entrega, Cifelli sostuvo que el reconocimiento era “un gesto de gratitud hacia alguien que convirtió sus pasiones en un legado invaluable para los argentinos”. Se proyectó un video con momentos destacados de la carrera del empresario y coleccionista, seguido por una entrevista pública con la periodista Matilde Sánchez. Allí, Costantini recordó los orígenes del Malba y remarcó que su propósito siempre fue compartir con el público, no acumular para beneficio privado:
“Estas obras nunca se van a vender. Siempre pensé en compartirlas con la gente”, afirmó.
El contraste entre esas palabras y el contexto político no pudo pasar desapercibido: mientras el homenajeado habla de comunidad y permanencia, el gobierno de turno insiste en un modelo cultural reducido a cenizas y marketing vacío.
Malba, 25 años y un futuro más allá de los gobiernos
De cara al 25° aniversario del museo en 2026, Costantini adelantó la preparación de dos pisos con una selección de obras entre las 1.500 que integran la colección. También mencionó planes de gobernanza y sostenibilidad para asegurar la continuidad del proyecto más allá de cualquier coyuntura.
“El Malba es joven, pero queremos que perdure en el tiempo”, concluyó, con una visión que trasciende las miserias políticas del presente.
Una ironía histórica
La foto final del acto resulta casi una sátira: un Estado culturalmente quebrado, encabezado por funcionarios que vacían presupuestos y vetan leyes educativas, posa sonriente al lado de un empresario que construyó, con capital propio y visión de futuro, la institución cultural más importante de Latinoamérica.
¿No será, acaso, que este reconocimiento más que premiar a Costantini condena la mediocridad de una gestión cultural que pasará a la historia como la peor de todas?
