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Empresarios en retirada: la Argentina de Milei se queda sin interlocutores serios

El lunes amaneció con el Riesgo País trepando a más de 1.000 puntos, un número que no es solo un índice financiero sino una confesión brutal: el mercado no cree en el gobierno de Javier Milei. No es una diferencia ideológica ni una disputa académica sobre escuelas económicas; es algo más simple y feroz: la plata no le presta a un payaso.

Los empresarios, que durante meses lo aplaudieron como quien aplaude al mono de circo que hace malabares con antorchas, comprendieron de golpe que el experimento libertario se quedó sin red. La derrota en la provincia de Buenos Aires, con un peronismo que sacó más de 13 puntos de ventaja, no solo le sacudió el tablero político: dejó claro que Milei ya no gobierna, improvisa.


De la luna de miel a la orfandad política

En diciembre de 2023, los hombres de negocios aceptaron darle crédito al outsider. No lo querían, pero lo toleraban. “Si baja el gasto y ordena, mejor para todos”, decían. El riesgo país bajaba lentamente, los bonos se acomodaban y se abría una ventana.

Esa ventana se cerró el domingo. El voto bonaerense fue un portazo: la sociedad no convalidó el ajuste brutal ni el relato de la motosierra. Los industriales, banqueros y exportadores lo leen con frialdad: sin poder político real, el programa económico es papel mojado.

El mercado no vota, pero interpreta. Si el peronismo gana cómodo en Buenos Aires y las encuestas nacionales no muestran repunte libertario, ¿para qué arriesgar capital? El riesgo país se dispara porque la plata es cobarde, y cuando huele sangre, huye.


Karina Milei: la herida que no cierra

El escándalo de la hermana del Presidente robándole recursos a discapacitados a través de la ANDIS fue el tiro de gracia. El empresario argentino, que ya convive con la corrupción como con el smog, tiene un límite: que el choreo sea tan burdo que ni siquiera pueda disimularse.

En los cócteles de Puerto Madero y las oficinas de la City se comenta sin eufemismos: “Una cosa es que roben para financiar la política, otra que lo hagan con el 3% de los más vulnerables”. Karina no solo desnudó la precariedad moral del gobierno: rompió la última excusa de Milei. Ya no puede hablar de “la casta” cuando su propia familia se sienta a la mesa del botín.


Payasadas en cadena nacional

A eso se suma la sobreactuación presidencial. Mientras la economía cruje, Milei se entretiene con tuits sobre memecoins, insultos a periodistas y peleas con gobernadores. Los empresarios ya no lo toman en serio. El viaje a Los Ángeles con Caputo fue la postal definitiva: aplaudieron por protocolo, pero no soltaron un dólar.

Los grandes jugadores —fondos de inversión, bancos globales, multinacionales— no necesitan discursos incendiarios ni promesas mesiánicas. Necesitan certezas mínimas: que los vencimientos de deuda se paguen, que haya reglas claras, que el Presidente se bañe antes de recibirlos. Milei no dio ninguna de esas garantías.


Cambio de interlocutores

La realidad es simple: los empresarios argentinos cambiaron de ventanilla. Ya no golpean la puerta del Ministerio de Economía ni esperan guiños de Santiago Caputo. Miran a gobernadores, intendentes y al peronismo en ascenso. Porque entienden que la película ya tiene final: Milei no reelige, y difícilmente termine el mandato con poder real.

La historia argentina es pródiga en ejemplos de presidentes que terminaron antes de tiempo o vaciados de autoridad. El mercado lo sabe: la estabilidad política vale más que cualquier reforma. Por eso, aunque los libertarios insistan con discursos de épica, las mesas chicas del poder económico ya se sientan con otros actores.


Filosofía de la desconfianza

Lo que ocurre es casi hegeliano. Georg Wilhelm Friedrich Hegel decía que “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa”. Milei es la farsa de aquel Menem de los ’90 que sí tuvo poder, pactos y dólares. El filósofo italiano Antonio Gramsci agregaba: “Lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”. Estamos en ese interregno: el viejo peronismo resucitado y el nuevo libertarismo convertido en sketch de televisión.

El empresariado, que nunca fue romántico, entiende rápido estas lecciones filosóficas. Si el Presidente deja de ser útil, se lo reemplaza por otro. Y Milei ya dejó de ser útil.


El voto como correctivo

Gabriel Katopodis lo sintetizó en radio: “El voto fue un freno, pero también una esperanza”. Puede sonar a slogan, pero en la jerga del mercado significa otra cosa: que hay un nuevo equilibrio de poder. Los bonos caen porque saben que el ajuste libertario murió en las urnas y que el próximo programa económico, cualquiera sea, necesitará negociar con la oposición.

El pueblo bonaerense votó con bronca, y ese voto tiene precio en Wall Street. Cada punto que pierde Milei en las urnas son diez puntos más de Riesgo País. El mercado ya no le cree porque el pueblo ya no lo acompaña.


Conclusión: la orfandad del Presidente

El desenlace parece escrito: Milei se queda solo. Sin empresarios que le financien, sin pueblo que lo vote y con una hermana que lo arrastra al barro de la corrupción más grotesca. El riesgo país a 1.000 no es un número técnico: es la lápida de un experimento que agoniza.

Palermo Online como juez lo sentencia: el ciclo libertario entró en su fase terminal. Pablo Editor, como fiscal, acusa: se gobernó con soberbia y payasadas mientras el país se incendiaba. Y ustedes, lectores, son el jurado: ¿qué interlocutor preferirá ahora el empresariado argentino para salvar la economía?


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