Encontrándole el nicho al título universitario

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Emprendedores de diferentes rubros cuentan cómo la formación académica, la capacitación continua y la experiencia se conjugan de maneras muchas veces inesperadas para dar forma a un negocio exitoso.

A menudo, emprendedores exitosos terminan trabajando en actividades que no tienen que ver con lo que estudiaron. ¿O todo tiene que ver?

En un mercado siempre cambiante como el argentino, entre aquella carrera universitaria elegida durante la adolescencia y el emprendimiento consumado no siempre hay un recorrido lineal. Sin embargo, precisamente por tratarse de un escenario que exige gran flexibilidad para encontrar nuevos negocios y formas de desarrollo, una formación heterogénea puede resultar el secreto del éxito.

“Todo lo que estudié a lo largo de mi vida me llevó a tener la capacitación para cerrar algunos perfiles”, dispara María Martha Pizzi, creadora de Con Sabor a Hogar (www.consaborahogar.com.ar). Toda su historia profesional parece hilvanada a partir de su primer título: docente de nivel inicial. Mientras ejercía la docencia participó de una capacitación sobre Huerta, a la que iba los sábados por la mañana, en bicicleta, con el objetivo de aplicar esos nuevos saberes al ámbito escolar. De aquel curso pasaron 20 años, durante los cuales hizo una pausa para criar a sus hijos, volvió a dar clases y finalmente decidió estudiar en la escuela de Jardinería de Lomas de Zamora. “A eso, que siempre me había gustado, le fui dando forma con el estudio. Cursé como oyente el Posgrado de Paisaje en la UBA y se me abrió más el panorama. Todo lo que estudié no fue planeado y sin embargo me sirvió en algún momento, se fueron abriendo puertas que ni siquiera imaginaba tanto en la carrera profesional como en la vida. Nada llega solo, hay que ir encontrando las propias capacidades, formándose y relacionándose; todo aporta”.

Tanto es así que Pizzi se encuentra trabajando actualmente en dos proyectos para escuelas especiales (uno de ellos ya está en marcha), con un proyecto con salida laboral relacionado con la huerta, propagación, diseño de espacios verdes. “Aprender a cultivar nuestros propios alimentos es una actividad que nos hace relacionarnos con los demás y formarnos a nivel humano. Siento que la vida dio la vuelta y hoy estoy otra vez vinculada a la docencia pero desde otro lugar”, sostiene la emprendedora.

En algunos casos, la vocación viene grabada a fuego desde los primeros años de vida y el rumbo profesional se desencadena naturalmente. Es el caso de Maru Arabéhèty, creadora de Elle Van Tok (ellevantok.com.ar), quien desde niña anunciaba a quien quisiera oír que iba a ser “una diseñadora mundialmente reconocida”. Ese fue su norte, estudió Diseño de Indumentaria, pero no sólo eso. Hizo el profesorado de inglés y guiada por su pasión por las lenguas, estudió italiano, francés, alemán, polaco, japonés y lenguaje de señas austríaco y argentino. También realizó muchos cursos de Filosofía y Letras y Bellas Artes. Actualmente es docente de Diseño de Indumentaria en al FADU, UBA, así que sigue estudiando, constantemente. “Hay que estar actualizado. No llegué a aplicar todo lo que estudié en la Universidad, pero sí una gran parte, nunca se sabe qué puede llegar a servirnos en el futuro, o de qué modo”, sostiene.

De hecho, cuando puso a rodar su marca de ropa interior se vio empujada a buscar más herramientas para encarar el emprendimiento propio. “Hice cursos en el CMD de Diseño y Negocios, atendí Seminarios tales como Estrategias y Herramientas de Negocios para empresas de Moda, completé el Programa Pymes 2.0, Desarrollo Emprendedor, Buenos Aires Emprende, y otros. Fueron un par de años de curso tras curso”, enumera.

Para Maru, la formación debe combinarse con el talento para escuchar, observar el entorno, escuchar las necesidades de los demás, tener voluntad de hacer las cosas mejor. Por eso puesta a imaginarse dentro de una década dice: “Espero poder vivir muy bien y divertirme mucho con lo que hago, explorando nuevos mundos, viajando. Sería un honor para mí poder compartir mercado con marcas o diseñadores a los que admiro mucho”.

También la artista plástica Andrea Arcuri (www.andreaarcuri.com.ar) se enrola en las filas de aquellos que, desde siempre, tuvieron clara su vocación. Desde niña decía querer estudiar Bellas Artes, pero en su familia esa no era considerada una carrera universitaria. Por eso cuando terminó la secundaria comenzó el profesorado de francés en el Lenguas Vivas mientras pensaba qué hacer. Mientras cursaba el segundo año se abrió la carrera de Diseño Grafico en la UBA, así que siguió en paralelo con las dos carreras hasta que finalmente dejó el Profesorado.

“La universidad me formó en el método de trabajo, en pensar la idea, darle forma y procesarla gráficamente. Creo que pasar por la universidad te cambia y ordena, la UBA fue muy importante para mí por la diversidad de profesores con diferentes pensamientos que me formaron”, sostiene.
En efecto, Arcuri trabajó 10 años en Diseño y simultáneamente se formó extrauniversitariamente y experimentando por su cuenta trabajo de artista visual, un terreno que explora a diario con sus trabajos de pintura sobre seda, en su taller de San Isidro. “Uno tiene que estar convencido de lo que está haciendo, yo no tengo formación en marketing, pero trato de seguir con mi intuición y mis ideales. En mi equipo de trabajo la creatividad y proactividad es primordial. Y mi mejor publicidad son mis clientes felices”, dice. Tal vez por eso, su meta a largo plazo no es estar en un lugar determinado, sino evolucionando y reinventándose día a día.

Para Pizzi, el paso por la universidad es fundamental para el desarrollo profesional. “No sólo te da conocimientos, te da herramientas. A una edad en la que todavía no te conocés a vos mismo, encarás un proyecto de al menos cuatro años, siguiendo un programa pensando por especialistas, con instancias parciales y finales de cada materia. A esa edad, terminar algo que te propusiste, me parece la mejor enseñanza para el resto de la vida. Hoy en día, en que todo es muy relativo, eso me parece que no está del todo valorado. En mi caso, además de perseverancia, aprendí a investigar, interpretar, organizar, sintetizar y valorar información; a discernir el subtexto en todo discurso, a encontrar mi propia manera de interpretar los textos y que los textos habían sido narrados por alguien con su propia manera de interpretar el mundo. Aprendí a argumentar y defender mi posición, a ponerme en el lugar del otro, a comprender un hecho en relación al contexto, a enfrentar un jurado evaluador en cada examen final. Vas adquiriendo, entonces, seguridad en vos mismo, inteligencia emocional, a aprender de los errores y algo substancial: la capacidad de frustración. A caerte, aguantar un rato en el suelo, y levantarte”.

Guadalupe Giani fundadora de MUDO Objetos, supo siempre que quería una vida relacionada con el arte y el diseño. Al terminar la secundaria, Guadalupe se inscribió en diseño Industriall.

Comenzó trabajando en estudios de diseño de diferentes rubros y luego se lanzó como diseñadora independiente.

“La formación académica es importante; sin embargo el desarrollo profesional depende de cada persona, de sus inquietudes y ambiciones personales, y también de las posibilidades que tenga para llevarlas a cabo. Estudiar nos forma como personas, pero es una base. Además no siempre se tiene la suerte de poder trabajar en lo que a uno le gusta o estudió. La preparación ayuda en muchos puestos a ser más competitivo que otros postulantes y poder así obtener una posición que implica muchos requisitos, pero no es garantía de nada”, coinciden las emprendedoras quien hoy trabajan abocadas a su sueño de ver crecer a MUDO y convertirse una marca en mercado deco en el mediano plazo.

Cada emprendedor hace su propio camino, con sus aciertos y a su tiempo. Alejandro Raizman es socio fundador de Gama Gourmet (www.gamagourmet.com.ar) y de Aldente Group (www.aldente-group.com). A partir de los 15 años siguió los pasos de su padre, fotógrafo, y aún hoy se sigue teniendo su estudio. “Me considero un fotógrafo publicitario en actividad aunque nuestro core no es la fotografía publicitaria”, dice Raizman, hoy. En efecto, cuando surge un trabajo publicitario para cualquiera de sus proyectos, es quien se pone al frente de la tarea.

Alejandro aprendió el oficio trabajando, a la par de su padre (empezó como cadete en el estudio y terminaron asociándose), y luego hizo diversos cursos en la Argentina y Nueva York. Trabajó para grandes clientes como Nestlé, Arcor, Renault o Isenbeck. Nunca detuvo su formación. Cursó y terminó tres carreras terciarias, Diseñador Gráfico, Dirección de Arte y Chef, e hizo un posgrado en Dirección de Empresas. “Siempre tuve inquietud de formarme y lo que estudié tiene que ver con mis dos empresas. Aplico el 100% y los caminos que he ido tomando pasan por el estudio. Sin embargo no considero que lo académico sea lo más importante, es una herramienta más para profesionalizar la empresa. Por ejemplo, una de las cosas que más me alimentó profesionalmente fueron los viajes, que me dieron riqueza cultural, artística, de comunicación, de lenguaje, de diversidad”, define Raizman, quien afirma que su secreto pasa por un mix de trabajo, formación y pasión por emprender.

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