CUGGINI, el peluquero incoherente: de Milei a la botella de Moreno, un personaje a navaja abierta
A Fabio Cuggini lo conocimos con tijera en mano, sonrisa canchera y esas frases de peluquero porteño que te dejan pensando más que un terapeuta. Pero con el tiempo, el estilista de Recoleta se transformó en un personaje tan inclasificable como polémico. Hoy, más que arreglarte el flequillo, te corta la paciencia. Y la coherencia, a veces, también.
El último episodio lo tuvo como protagonista en el programa de streaming Lo del Turco, conducido por el exfutbolista Claudio «Turco» García. En plena transmisión, Cuggini se cruzó con el exsecretario de Comercio, Guillermo Moreno. No fue un debate. Fue una amenaza a punto de estallar. Entre insultos y gritos, volaron frases como “¡pegame con la botella, lastimame!”, mientras una botellita de vidrio aparecía misteriosamente sobre la mesa como si fuera un actor más de esta tragicomedia argenta.
De «Perón liberal» a la fuga del streaming
Este nuevo escándalo no es una excepción sino más bien una constante en la carrera pública de Cuggini, que desde hace algunos años decidió dejar el secador y agarrar el micrófono político. En 2021, lanzó su propio spot electoral declarando, sin rubor: “Perón hoy sería liberal”. Se sumó al espacio de Milei y Espert, en un volantazo ideológico que desconcertó incluso a sus clientes más fieles.
Lo insólito es que el mismo Cuggini, tiempo antes, había dicho que no votaba desde el 2001 porque “todos lo cagaron”. Palabras textuales. Así, quien se presentaba como un outsider harto de la política terminó abrazado a los mismos a los que acusaba de destruir el país. Un camaleón con gel, digamos.
El peluquero que no escucha, pero opina
Hay quienes todavía lo defienden como un personaje pintoresco, una especie de “Rey de la peluquería y la rosca”, mezcla de artista capilar y opinador sin filtro. Pero la incoherencia constante, los exabruptos televisivos y el doble discurso político lo convirtieron en algo peor que un mal peluquero: un referente que no se sabe a qué juega. Ahora en realidad es candidato de Karina.
La incoherencia no es solo ideológica, también humana. Cuggini pasó de hablar de amor por la gente a maltratar panelistas, de criticar la inflación a sumarse a un gobierno que la multiplicó, de cortar el pelo a insultar como barrabrava. Un giro dramático, con más espuma que sustancia.
¿Qué representa realmente Cuggini?
Lo que inquieta no es solo él, sino lo que encarna: esa figura argentina que habla desde el resentimiento disfrazado de verdad. Un mal humor. Un tipo que cuando no sabe qué decir, levanta la voz. Que cuando se queda sin argumentos, agarra la botella.
