John Malkovich cayó en Palermo, comió en Don Julio con Jorge Macri y agitó la semana cultural porteña
El actor estadounidense compartió una cena en una de las parrillas más famosas del barrio antes de su agenda en Buenos Aires, que incluye una charla abierta en calle Corrientes y una única función de El infame Ramírez Hoffman en el Teatro Ópera.
Palermo volvió a hacer de Palermo. Mientras media ciudad sigue discutiendo baches, mugre, alquileres imposibles y veredas detonadas, en una mesa de Don Julio se sentaron este viernes por la noche el actor John Malkovich, el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri y María Belén Ludueña. La postal, por supuesto, no pasó inadvertida: una figura mundial del cine y el teatro, una parrilla convertida hace rato en santuario turístico y político, y el barrio más mirado de Buenos Aires funcionando otra vez como vidriera obligada de la ciudad.
Según trascendió, Malkovich llegó a la Ciudad en el marco de la gira internacional impulsada por el productor Diego Kolankowsky, y su paso por Buenos Aires no quedó reducido al ritual del asado premium. En estas horas también recorrió puntos emblemáticos porteños, entre ellos el Obelisco y el Teatro Colón, en una agenda que mezcla promoción, cultura de alto vuelo y esa vieja costumbre de mostrarle al visitante ilustre una Buenos Aires que todavía sabe seducir cuando se lo propone.
La visita no es menor. Malkovich, a los 72 años, aterrizó en la capital argentina para presentar una propuesta escénica poco convencional: El infame Ramírez Hoffman, una obra basada en textos de Roberto Bolaño que cruza literatura, actuación y música en vivo. La pieza está anunciada para el viernes 27 de marzo en el Teatro Ópera y fue presentada como una función única en Buenos Aires. Sobre el escenario, el actor estará acompañado por un trío musical, en una puesta que enlaza a Bolaño con compositores como Astor Piazzolla, Antonio Vivaldi, Erik Satie y Alberto Iglesias.
Antes de eso, el jueves próximo Malkovich participará de una charla abierta al público en el Teatro Alvear, presentada en varias coberturas como la única de ese tipo en toda su gira por el país. Ahí se espera un encuentro más íntimo con el público porteño, centrado en su trayectoria, su mirada sobre el cine y el teatro, y su vínculo con esta obra extraña, oscura y elegante que trae a Buenos Aires.
Lo interesante, en clave barrial, es otra cosa: Palermo ya no solo es el barrio de los turistas con paciencia para hacer fila, de las mesas imposibles y de la foto obligatoria con el plato humeante. También es el territorio donde se mezclan sin rubor la rosca política, la farándula internacional, la gastronomía de exportación y la cultura convertida en evento. Don Julio no fue esta vez apenas una parrilla: fue escenario. Y Palermo, una vez más, actuó de salón principal de la ciudad.
No deja de haber algo bastante porteño en toda esta escena. Malkovich, un actor asociado a personajes intensos, ambiguos, filosos, cenando en Palermo con el alcalde de una ciudad que vive discutiéndose a sí misma. De fondo, la carne, la lluvia, la política, el teatro y esa obsesión local por convertir cada cena importante en mensaje. Porque en Buenos Aires nadie come solamente: también se muestra, sugiere, negocia, posiciona.
La llegada del actor también confirma que, cuando Buenos Aires quiere jugar en la liga cultural grande, todavía tiene con qué. Un teatro sobre Corrientes, una obra basada en Bolaño, un nombre de peso internacional y un barrio como Palermo que sigue funcionando como imán de celebridades, marcas y cámaras. Después, claro, vendrá la discusión de siempre: si la ciudad real acompaña a la ciudad que se promociona. Pero esa ya es otra parrilla.
