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Julieta Makintach: La Jueza OnlyFans el juicio por Maradona un reality lamentable

OnlyFans, cámaras y escándalos: el juicio por Maradona se convirtió en un reality judicial.

Este juicio es nulo de toda nulidad porque la jueza Julieta Makintach perdió toda imparcialidad al participar en la producción de un documental sobre el mismo proceso que debía juzgar. Eso contamina el expediente con fines ajenos a la verdad jurídica. El principio de objetividad está quebrado: la jueza devino actriz de su propia causa. Además, los testimonios se ven condicionados por la presión mediática y la exposición pública indebida. El juicio no garantiza un debido proceso ni un entorno libre de interferencias externas. Hay vulneración del artículo 18 de la Constitución Nacional: no hay juez imparcial, no hay garantías mínimas. La justicia se transformó en show, y cuando el tribunal se vuelve espectáculo, el fallo es circo. Todo lo actuado queda viciado. El proceso está manchado. Esto, ya no es justicia: es televisión basura con toga.

Lo que debería ser un proceso judicial serio y reparador por la muerte de Diego Maradona se ha transformado en una puesta en escena escandalosa, donde la jueza Julieta Makintach protagoniza un documental personal mientras la sala llora, se insulta y se desmorona la confianza en la justicia. Una farsa con ribetes de farándula, en la que la única certeza es la ausencia de verdad.


Cuerpo de la nota:


El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona, que prometía esclarecer responsabilidades médicas, se ha convertido en un sainete institucional, una tragicomedia jurídica con aroma a escándalo mediático. La protagonista del nuevo capítulo es la jueza Julieta Makintach, conocida en los pasillos no sólo por su desempeño en tribunales, sino por un costado más controversial: su presencia en redes sociales y plataformas para adultos.

Mientras en la sala del Tribunal Oral Criminal N.º 3 de San Isidro se proyectaba el tráiler de un documental sobre el juicio que ella misma impulsó, el abogado Rodolfo Baqué —visiblemente indignado— se levantó y gritó, sin pelos en la lengua:

“¡Basura! Sos una basura. ¿Por esto me echaste?”

La escena fue digna de una obra de Discépolo: un abogado indignado, una jueza con vocación de actriz, y al fondo, Verónica Ojeda y Gianinna Maradona llorando desconsoladas. La sala era una mezcla de set de filmación y velorio emocional, donde el dolor real se enfrentaba a la banalización escénica.

Los jueces co-legisladores, Maximiliano Savarino y Verónica Di Tomasso, intentaron recuperar algo del decoro perdido exigiendo orden. Pero el daño ya estaba hecho. Baqué, que ya había sido apartado por “conflicto de intereses” en la defensa del enfermero Ricardo Omar Almirón, pidió perdón:

“Cuando uno es humano se equivoca y pide perdón.”

¿Equivocación o síntoma?
Porque acá nadie se equivoca: esto está guionado. La magistrada Makintach no sólo permitió la filmación del juicio, sino que se la acusa de haber tomado decisiones procesales orientadas al drama más que a la justicia. ¿Es jueza o es actriz? ¿Defiende la ley o su propia imagen?

La Fiscalía, según fuentes del expediente, no descarta pedir su apartamiento definitivo por falta de imparcialidad y, en paralelo, investigar si hubo uso indebido de su función pública para lucrar con una producción audiovisual privada.

Esta situación abre un debate urgente sobre el rol de la Justicia como espectáculo. ¿Qué pasa cuando los jueces dejan de ser árbitros silenciosos y se convierten en protagonistas con marca personal, cuenta de Instagram verificada y cámara propia? ¿Qué pasa cuando el dolor de una familia se transforma en parte del guion?

Y como si fuera poco, las redes sociales se inundaron de memes y comentarios sobre la jueza, donde su pasado (y presente) en OnlyFans y plataformas de contenido erótico volvió al centro de la escena. La discusión se desvió, como siempre, hacia lo irrelevante, mientras la muerte de Maradona sigue sin justicia ni verdad sólida.