Casa Redonda

La Casa Redonda de Palanti ahora como restaurante exclusivo de Palermo Chico

Un ícono arquitectónico que vuelve a brillar

En el señorial barrio de Palermo Chico, entre casonas aristocráticas y jardines escondidos, una joya arquitectónica de comienzos del siglo XX volvió a despertar. Se trata de la Casa Redonda, obra del célebre arquitecto Mario Palanti, autor del inmortal Palacio Barolo, quien en 1922 levantó esta residencia de espíritu vanguardista que hoy, más de un siglo después, se reinventa como un restaurante de alta cocina bajo el nombre Casa Palanti.

La historia de este edificio es un viaje entre el mito y la materia. Palanti, siempre fiel a su estilo de inspiración dantesca y medieval, talló en los portones los rostros de Dante Alighieri y Beatriz, el amor imposible inmortalizado en la Divina Comedia. La conexión simbólica con el Barolo no es casual: ambas obras condensan la obsesión del arquitecto por el simbolismo, la geometría y la espiritualidad del diseño.


Restauración y nuevo esplendor

Tras años de abandono, la residencia fue recuperada y restaurada respetando su diseño original. Fachadas, vitrales, boiseries y casetonados de techo fueron meticulosamente restaurados, en una tarea que requirió artesanos especializados y materiales importados para reproducir las texturas y colores de la época.

El resultado es un espacio que conserva su identidad histórica pero respira contemporaneidad: una casa-museo convertida en experiencia gastronómica.

El proyecto fue diseñado por Eme Carranza Studio, mientras que la propuesta culinaria está a cargo del chef Juan Ventureyra, reconocido con una estrella Michelin por su trabajo en la bodega Riccitelli, Mendoza.

Actualmente, el restaurante funciona bajo una etapa de “marcha blanca” con invitaciones privadas, y pronto abrirá sus reservas al público general. Su capacidad es limitada: apenas unas mesas en el salón principal y un puñado distribuidas entre el jardín y los salones del primer piso.


Un recorrido por su interior

La planta baja conserva el gran salón central —el antiguo living familiar—, una barra integrada y una cocina adaptada al espacio original. El primer piso mantiene la distribución de las habitaciones, convertidas en salones íntimos y elegantes, cada uno con un estilo y una paleta de colores distinta.

El patio, rodeado de vitrales originales y puertas con herrajes de bronce, funciona como expansión natural del restaurante. Allí, bajo copones y macetas con vegetación autóctona, el visitante puede disfrutar de un entorno sereno que parece suspendido en el tiempo.

Desde la torre mirador —de inconfundible estilo hindú— se accede a la terraza, coronada por una cruz del sur metálica, detalle que remite al mismo simbolismo cósmico que Palanti empleó en el Barolo.

Todo el conjunto respira la búsqueda espiritual del arquitecto: una arquitectura que no solo se habita, sino que se contempla.


Palanti, el rebelde del academicismo

Nacido en Milán en 1885 y formado en la prestigiosa Accademia di Brera, Mario Palanti desafió el academicismo de su tiempo. Su lenguaje arquitectónico mezclaba elementos medievales, místicos y futuristas. Era un visionario incomprendido: mientras el resto de los arquitectos porteños seguían las modas neotudor o francesas, él soñaba con crear una arquitectura simbólica, cargada de mensajes ocultos y geometrías sagradas.

La Casa Redonda, conocida originalmente como Petit Hotel Eduardo Resta, fue un encargo de la familia Resta, propietaria de la concesionaria Chrysler, ubicada justo enfrente. Curiosamente, Palanti también diseñó para ellos el Palacio Alcorta, famoso por tener una pista de autos en la terraza.

En esta residencia, el italiano desplegó una síntesis perfecta de sus obsesiones: torres circulares, balcones semicirculares, balaustres ornamentados y arcos de inspiración medieval. El círculo, figura predilecta del arquitecto, domina el diseño de planta.

La arquitecta e investigadora Virginia Bonicatto —autora de la tesis “Mario Palanti, la búsqueda de una nueva arquitectura”— explicó que esta casa “no es redonda en sentido estricto, sino que responde a la forma irregular del lote, pero Palanti la vuelve única recurriendo a la geometría, la torre y el equilibrio entre las líneas rectas y curvas”.


El valor patrimonial y la polémica vecinal

El inmueble posee protección estructural patrimonial: no puede alterarse su volumetría ni su fachada, solo realizar mantenimiento y obras interiores. En 2018 ya había sido habilitado con uso comercial como galería de arte y diseño.

Sin embargo, su reapertura generó debate en el barrio. En esta zona de Palermo Chico, de perfil residencial y familiar, varios vecinos manifestaron su preocupación por el avance de emprendimientos gastronómicos y comerciales.

Mientras tanto, desde la Agencia Gubernamental de Control (AGC) confirmaron que Casa Palanti cuenta con habilitación definitiva y cumple todas las regulaciones de seguridad e impacto ambiental.

En un contexto donde otras aperturas —como un centro de yoga y pilates— fueron frenadas por reclamos vecinales, este restaurante promete ser un ejemplo de convivencia entre el patrimonio y la vida contemporánea.


Una joya entre dos épocas

La Casa Redonda de Palanti vuelve a brillar como un símbolo de resistencia arquitectónica. Sobrevivió al olvido, al paso del tiempo y a la especulación inmobiliaria. Su reapertura no solo devuelve vida a una pieza histórica de Palermo Chico, sino que recupera una parte del espíritu rebelde de su autor.

Palanti, el arquitecto que soñó con tocar el cielo desde la Avenida de Mayo, vuelve a hacerlo ahora, discretamente, desde un rincón verde de Palermo.


Fuente: Palermo Online Noticias
Palermo, Ciudad de Buenos Aires, Octubre de 2025
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