La primera afeitada: un momento único

Schick quiere ser parte de la primera afeitada que un padre enseña al hijo y brinda algunos consejos para que sea una experiencia para el recuerdo.
La primera afeitada es símbolo de crecimiento. Todo niño espera ese momento en que tiene que acercarse al padre y contarle que llegó la hora de aprender a usar la máquina de afeitar. Para el padre es un acontecimiento importante porque representa uno de los tantos momentos de enseñanza que tienen juntos.
El vello de la cara empieza a aparecer aproximadamente entre los 14 y los 16 años, aunque existen casos de niños que ya a los doce comienzan a notar esa pequeña “sombra” que con orgullo no dejan de mirar en el espejo. El bigote suele ser lo primero que empieza a notarse, mientras que el mentón y las patillas vienen después.
La genética entra en juego al influir en el nivel de andrógenos circulantes en chicos y chicas, lo que afecta directamente sobre la cantidad, calidad y distribución de vello en cada individuo. No hay que extrañarse si el bigote sale un poco más oscuro que el pelo, sobre todo si uno es castaño claro o rubio.
La decisión de afeitarse depende exclusivamente del chico: es su momento y una de sus primeras decisiones como adulto. Puede creer que así se verá mayor y podrá lucir un pequeño bigote ante sus amigos, o quizás decida afeitarse para sentir ese hermoso placer de ser grande por lo menos durante diez minutos.
Si la decisión es afeitarse la recomendación más importante es que no lo haga con cualquier máquina que encuentre en la casa. La afeitadora debe ser nueva o muy limpia.

Se debe aplicar una capa gruesa de crema o gel de afeitar, y permita que se sienta en la piel durante aproximadamente tres minutos. Esto mantiene la humedad en la piel para mejorar el ablandamiento, reduce la fricción causada por la maquinilla de afeitar pasando sobre la superficie de la piel, y se lleva los desechos eliminados por la hoja de afeitar. Dato importante: El uso de la crema permite ver el área ya afeitada.

Recordar afeitar en la dirección del crecimiento del vello. Tomarse su tiempo y afeitarse con cuidado sobre las zonas sensibles.

Historia de la afeitada

Desde la edad media hasta, pasando por Alejandro Magno, el coronel Schick y las nuevas y modernas afeitadoras; las máquinas de afeitar fueron siempre una necesidad en nuestra vida diaria

El vello existe desde siempre. Sirvió para cubrir la cara en momentos de frío, y molestó en días en el que el sol derretía todo lo que encontraba. Muchos años antes de que nazca Jesús, allá por el 4000 a.C., el hombre descubrió que con una piedra pómez sobre la piel podía quitarse por completo lo que no pudo hacer con un cuchillo. El ser humano descubrió la libertad, la frescura y los primeros cambios de look antes de siquiera imaginarnos que habrían barberos.

Ya por el 1500 a.C. en Dinamarca nacen las primeras cuchillas para rasurar con inscripciones mitológicas en la hoja y una funda de piel que era digno de colección y de herencia de padre a hijo. Era un objeto único y necesario para aquellos que les molestaba tener que ingeniarse tratando de sacar tanto pelo.

Fue así hasta que llegaron los griegos (cuando no) que en un intento de plantar la moda entre el pueblo, popularizaron el pelo corto y la cara lavada en toda Europa. Sin ir más lejos, Alejandro Magno tenía obsesión por las caras rasuradas. Y si al rey le gustaba, el pueblo no lo iba a contradecir. Fue así como se popularizó la afeitada que llegó hasta Roma, donde se abrieron las primeras barberías del mundo.

Teníamos un mundo sin vellos hasta la llegada del emperador Adriano, quien puso de moda la barba para derribar cientos de nuevos oficios que comenzaban a cosechar los frutos de la moda impuesta por Magno. La barba dominaba el mundo hasta la época de las Cruzadas europeas allá por el año 1000, donde los orientales impusieron nuevamente las caras rasuradas luego de cientos de años de pelaje occidental.

Uno de los grandes responsables de innovar la afeitada fue el barbero francés Jean-Jacques Perret quien en 1770 creó una afeitadora con un sistema de seguridad que protegía la hoja de afeitar con guardas de madera para que el corte no sea demasiado profundo y así evitar lastimaduras.

En 1921, el coronel Schick inventa un nuevo tipo de máquina de afeitar más seguro, la navaja con recámara de repetición. Inspirada en el rifle de repetición del ejército, este invento tenía cuchillas de repuesto almacenadas en el mango, listas para ser recargadas en posición de afeitar sin la tarea y el peligro de manejar una cuchilla afilada.

Poco tiempo después, el coronel inventa la primera afeitadora en seco con hojas vibrantes, que si bien tuvo un éxito mundial, fue en 1939 cuando Alexander Horowitz la hizo con hojas giratorias para evitar el fuerte sonido e incrementar la rapidez en el corte.

De aquí en más, las máquinas de afeitar fueron mutando en diferentes formas y colores, con más cuchillas que proporcionaron seguridad y exactitud en la rasurada. Las modas fueron y vinieron, y hoy ya no tenemos reyes que decreten el uso del vello ni leyes que exijan la depilación definitiva.

ACERCA DE:
Schick es una de las marcas internacionales líderes en el mercado de filos que desembarca en Argentina en el año 2004. Se destaca por su diseño e innovación, logrando lanzar la primera máquina descartable de tres filos (Xtreme3) y la única descartable de 4 hojas en Argentina. Schick apuesta a la creación con productos de alta tecnología ofreciendo un amplio portfolio para cada uno de los segmentos de mercado.