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Leopoldo Luque, el cinismo sin diagnóstico, finalmente lo espera la cárcel

Luque, la bestia mediática: entre la violencia y el cinismo sin diagnóstico

Leopoldo Luque es el médico que tenía a su cargo la salud de Diego Maradona durante sus últimos días, y cuyo nombre quedó manchado para siempre tras la muerte del 10. Se presentó como amigo, pero actuó como un irresponsable con licencia. Fue acusado de negligencia, abandono y mala praxis, mientras él jugaba al rockstar de la medicina en plena tragedia nacional. En vez de rendir cuentas, se pasea con soberbia, agrede periodistas y victimiza su figura. No mostró arrepentimiento, ni respeto por la memoria de Diego. Ni médico, ni humano: un sujeto que eligió la fama antes que el cuidado. Cada aparición pública suya es un bochorno, una muestra más de su incapacidad ética y emocional. Luque no cura, contamina. No explica, reacciona. No dignifica, arrastra. Un personaje menor en la historia, pero trágicamente inolvidable por todo lo que no hizo cuando más se lo necesitaba.


Se lo volvió a ver. Gritando, empujando, exigiendo cámaras apagadas mientras arremetía con violencia simbólica y física. Leopoldo Luque, el médico que se hizo famoso por ser el último en ver a Diego Armando Maradona con vida y por quedar bajo sospecha en su oscura muerte, volvió a ser noticia. Pero no por una autocrítica o un paso al costado, sino por agredir —una vez más— a periodistas, cronistas y hasta vecinos que simplemente estaban haciendo su trabajo. Otra vez, la escena grotesca: micrófonos por el aire, insultos, amenazas. Y la prensa, como de costumbre, corriendo entre la ética y el sensacionalismo.

¿Quién es este personaje que cada vez que aparece deja una estela de violencia verbal y emocional? ¿Qué tipo de individuo, acusado de negligencia médica, decide enfrentarse al mundo con prepotencia en vez de silencio, introspección o decencia?


El ex médico de Diego y su espejo roto

Luque se convirtió en figura pública durante los días más oscuros de la vida de Maradona. Fue señalado por un amplio sector de la opinión pública como uno de los responsables de su decadencia final. Grabaciones filtradas, pericias médicas, chats entre médicos, enfermeros y custodios. Todo lo dejó mal parado. Sin embargo, ni un gesto de humildad. Ni un perdón. Ni un análisis ético. Nada. Solo furia. Solo él.

Y ahora reaparece en escena con la misma receta. Frente a cámaras y cronistas que esperaban su testimonio, reaccionó como un energúmeno. Manoteó el micrófono, empujó al camarógrafo, gritó como si estuviese en plena guerra de trincheras. ¿Su argumento? Que estaban en la puerta de su casa. Que sus hijos estaban presentes. Que se sentía “acosado”. ¿El problema? Luque no entiende —o no quiere entender— que cuando uno está en el centro del escándalo social, y no da explicaciones, la prensa va a buscarlo. Y que si su nombre aún tiene peso, es por el rol que él jugó en una de las muertes más tristes de nuestra historia.


Un idiota con título

“Luque es un tarado mental”, escribió uno en redes. Otro lo llamó directamente “asesino”. Las redes explotaron con mensajes cruzados. Algunos lo defienden, dicen que los periodistas fueron invasivos. Otros —la mayoría— lo repudian por su falta de templanza, su cinismo y su incapacidad de asumir su lugar en la tragedia. La verdad es que Luque no parece entender el rol que juega en la sociedad. No es víctima de una cacería, es protagonista de un drama que aún no encuentra justicia.

¿Qué se espera de un médico involucrado en la muerte de un ídolo nacional? ¿Reclusión? ¿Reflexión? ¿Algo de autocrítica? Luque eligió el camino opuesto: confrontar, desestabilizar, victimizarse. Como un adolescente con poder. Como un irresponsable con matrícula.


La ética periodística y el límite del escrache

No todo es blanco o negro. La escena también pone sobre la mesa un debate necesario: ¿hasta dónde puede llegar la prensa? ¿Es ético plantarse en la puerta de una casa, con niños adentro, solo para obtener una reacción? ¿No es eso también una forma de violencia?

La cobertura de escándalos requiere olfato, pero también humanidad. La prensa no puede actuar como jauría, pero tampoco debe retroceder ante la intimidación. Luque no fue perseguido por una opinión. Fue buscado por una causa penal que aún sigue abierta. Y eso es información de interés público.


Cierre

Luque es el resultado perfecto del narcisismo médico cuando se mezcla con la impunidad social. Un profesional que, en lugar de sanar, lastima. Que no dialoga, grita. Que no piensa, reacciona. ¿Cuánto más debe tolerar la sociedad estos espectáculos? ¿Cuándo llegará el día en que los que dañaron vidas ajenas respondan con decencia, no con violencia?

En la Argentina de hoy, parece que la ética se fue de vacaciones y la moral está haciendo home office.

¿Vos qué opinás? ¿Fue violencia periodística o simplemente se cayó la careta de un médico que nunca mereció el título?