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Lula Da Silva visitó a Cristina Kirchner

Lula Da Silva visitó a Cristina Kirchner: un gesto de humanidad que contrasta con la soledad política de Milei

En una Buenos Aires marcada por el frío invernal y el fuego cruzado de la política, el jueves 3 de julio de 2025 pasará a la historia por una postal tan simbólica como incómoda para el oficialismo. El presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” Da Silva, concluyó su participación en la Cumbre del Mercosur con una visita inesperada —aunque cuidadosamente planificada— a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien cumple prisión domiciliaria en su departamento del barrio de Constitución.

El encuentro se extendió por 50 minutos. No hubo flashes oficiales, ni discursos, ni fotos protocolarias. Solo un gesto: un líder regional que, tras asumir la presidencia pro tempore del Mercosur, dedicó su tiempo a ver a una ex mandataria caída en desgracia judicial, pero no en el afecto de quienes aún la consideran una figura clave del movimiento nacional y popular.

Una visita cargada de significados

Lula llegó a las 12:34 al edificio de la calle San José 1111. Fue recibido por militantes que, con banderas argentinas y carteles de apoyo, esperaban desde temprano. La reunión fue autorizada por el juez Jorge Gorini, quien puso como condición evitar cualquier disturbio. A esa hora, Javier Milei ya estaba redactando tuits desde el helicóptero presidencial, ajeno al gesto político que se tejía en la vereda de enfrente del tablero regional.

La conversación se mantuvo en estricta reserva. Se presume que giró en torno a la situación judicial de Cristina, la coyuntura regional y el lugar de la política en tiempos de neoliberalismo sin anestesia. Pero no es lo dicho lo que importa, sino el hecho mismo: un presidente en funciones se acerca, en persona, a visitar a una dirigente condenada, en nombre de una amistad política y personal que trasciende los cargos.

Milei, el gran ausente de la escena política regional

Mientras Lula abrazaba con palabras a quien fuera dos veces presidenta de la Argentina, Javier Milei optaba por el mutismo estratégico. En la Cumbre del Mercosur saludó a Lula con la cordialidad de un empleado bancario aburrido y luego se retiró sin pena ni gloria, dejando atrás una gestión pro tempore sin avances concretos. La diferencia fue notoria: uno construyó puentes de carne y hueso; el otro, muros de frases hechas y desplantes ideológicos.

Milei, atrapado entre la radicalización libertaria y el desgaste prematuro de su figura, fue ninguneado con elegancia diplomática. Ni una palabra sobre su “plan motosierra”, ni menciones sobre su cruzada contra el Estado. El foco estuvo en Lula, que asumió con diplomacia el compromiso de avanzar en el tratado con la Unión Europea que Milei no supo —ni quiso— encarar.

La política del afecto contra la frialdad del Excel

Cristina Kirchner, pese a su situación judicial, continúa operando como una referencia inevitable del peronismo. Lo que la Justicia le impide, el simbolismo político lo devuelve. Su prisión domiciliaria no le quitó voz, ni respaldo internacional. Lula lo demostró con su presencia. Y esa postal dejó en evidencia a un Milei más aislado que nunca, rodeado de asesores marketineros pero sin el pulso popular que late en la calle San José.

Lula, recordemos, también fue condenado, también fue detenido y también volvió. Su visita a Cristina fue más que un gesto de cortesía: fue un recordatorio de que los ciclos políticos no se escriben en el Excel de Caputo ni en el feed de Instagram de los trolls libertarios. Se construyen —y reconstruyen— con lealtades humanas.

¿Dónde está Milei?

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Mientras todo esto sucedía, ¿dónde estaba el presidente argentino? ¿Reunido con empresarios? ¿Trabajando en reformas estructurales? No. En silencio, dejando pasar un acto de alto contenido político sin emitir palabra, como si no supiera cómo responder a una jugada que lo dejó pintado.
En su lugar, sus seguidores en redes se encargaron de desprestigiar la reunión, olvidando que Lula representa hoy la presidencia del Mercosur y que, mal que les pese, sigue teniendo más peso político que un economista que se pelea con periodistas y cita a Conan como si fuera Sun Tzu.

Epílogo

Cuando el futuro repase este 3 de julio de 2025, recordará dos imágenes: Lula cruzando la puerta del departamento donde Cristina cumple prisión domiciliaria, y Milei, desde algún búnker sin ventanas, escribiendo otra frase vacía para sus redes. Uno construye historia; el otro meme.


¿Qué opinás de este gesto político? ¿Un acto humanitario o una jugada estratégica de Lula? ¿Milei quedó desdibujado o simplemente no supo estar a la altura?