Las situaciones discriminatorias derivadas de la gordofobia implican una enorme cantidad de derechos vulnerados y experiencias violentas que atraviesan la vida de las personas gordas: durante la infancia en la escuela; durante la adolescencia, en los boliches; durante la juventud, en la dificultad de conseguir trabajo; el disfrute de una obra de teatro en salas con sillas pequeñas; bares con baños estrechos; tomógrafos solo para personas flacas; consulta médica en un camilla angosta y podríamos describir muchos más ámbitos, momentos y dimensiones de la vida en los que el estigma se hace presente. Las situaciones son múltiples y están profundamente naturalizadas.
«La gordita de la oficina»
Esto pasó en televisión en el 2022. pic.twitter.com/83m2a8YkUa
— zoso (@antozoso) August 24, 2022
¿Qué es la Obesofobia?
La diferencia entre ‘gordofobia’ y ‘obesofobia’ Si la obesofobia es el terror a engordar y padecer obesidad, la gordofobia podría definirse como una cierta repulsión hacia las personas con exceso de peso.
Gordofóbico: Alberto Cormillot
La modelo Mar Tarrés salió a responderle a Alberto Cormillot , quien fue ser repudiado por «misógino» y «gordofóbico» por decir: «Si sos una chica que pesa 120 o 130 kilos en la oficina, muy posiblemente tus amigos, si te ponen la mano encima, te la ponen como un buen compañero».
En TikTok, la modelo compiló un fragmento sobre los dichos del médico nutricionista, y acto seguido posó luciendo un body de encaje negro. “Aquí la ‘gordita de la oficina’ levanto una baldosa y me sale un chongo”, escribió en la publicación que posteo en su perfil.
También pidió que terminen con las «creencias retrógradas», como que las mujeres gordas no pueden tener pareja, ser amadas o gustarle a otra persona.
“Con todo respeto, pero así como Cormi nos enseñó muchas cosas, hoy me toca a mí -como activista- enseñarle a él que el amor y el sexo que merecemos tener no se miden en una balanza. Todos tenemos derecho sin importar el cuerpo que habitemos a disfrutar del amor y del sexo”, expresó.
Mar Tarrés también expresó que, gracias a ese tipo de comentarios o pensamientos, hay mujeres que sienten mucha vergüenza por su cuerpo: “No las traumen más por favor. Dejen ser felices a las personas gordas porque antes que gordos somos personas y tenemos los mismos derechos que las personas flacas”.
Para cerrar, se sinceró sobre lo difícil que es hacer una dieta y el esfuerzo que viene pasando a lo largo de su vida. También detalló que en 35 años subió y bajó kilos muchas veces, pero jamás volverá a dudar de la capacidad de ser o hacer cosas, a pesar de la mirada ajena.
Gordofobico: Alberto Cormillot
En sentido amplio, la discriminación es el mecanismo mediante el cual se jerarquizan personas o grupos de personas por alguna característica arbitraria a la que se le atribuyen condiciones de superioridad (o inferioridad). Este mecanismo, construido alrededor de las corporalidades, instala un modelo único, hegemónico, que funciona como ordenador social. Este modelo hegemónico de normalidad es uno de los dispositivos de poder más naturalizados de nuestra sociedad.
La discriminación hacia los cuerpos no hegemónicos puede ser entendida como uno de los efectos del disciplinamiento de los cuerpos, obstaculización de una vida libre de violencias que se expresa a través de distintos dispositivos como la estigmatización, la violencia, la discriminación y la patologización en tanto expresiones sociales e institucionales de eso que –con Foucault– podemos llamar biopoder normalizador contemporáneo. El disciplinamiento de los cuerpos no solo opera en lo que dice y hace, sino también en lo silenciado. Se expresa en las instituciones, en los discursos, en los enunciados científicos; incide en las políticas públicas; opera en la exclusión, en la marginalización y fundamentalmente en la estigmatización y modificación de los cuerpos. Es así como los “cuerpos que no entran en la norma” –particularmente, los cuerpos gordos– son objeto de discriminación, burlas, exclusión, violencia y vulneración de derechos.
Es así como los “cuerpos que no entran en la norma” –particularmente, los cuerpos gordos– son objeto de discriminación, burlas, exclusión, violencia y vulneración de derechos.
En este artículo, ofreceremos un acercamiento a la identificación de una de las múltiples aristas que presenta la discriminación; en este caso, la gordofobia. Gordofobia es un término que, en su utilización, presenta ciertas complejidades. Hay quienes, por ejemplo, prefieren hablar de gordo-odio; pero independientemente de cómo se nombre, existe un acuerdo general con relación al fenómeno al que intentamos referir: se trata de un tipo específico de discriminación profundamente complejo y absolutamente naturalizado. Es en este hecho en el que radica su urgencia de abordaje. A veces mencionada como sobrepeso u obesidad, la gordura es motivo de un estigma social que atraviesa de modo determinante y transversal a todos los segmentos etarios y socioeconómicos de la población, y afecta en mayor medida a las mujeres, personas LGBTIQ+, afrodescendientes, indígenas, migrantes y demás personas racializadas. Nos referimos entonces a la gordofobia, para precisar y describir todas aquellas prácticas, discursos y acciones que burlan, marginan, estereotipan, prejuzgan, rechazan e implican la obstaculización o vulneración de los derechos de las personas bajo el pretexto de la gordura.
La que se conoce como perspectiva pesocentrista es un enfoque reduccionista que concibe al peso como un indicador suficiente para segregar entre personas “sanas” y “enfermas”, sin detenerse a considerar otros aspectos que hacen a la salud integral. Es una mirada simplista y estigmatizante que considera a la gordura no ya como un posible factor de riesgo (como también lo son el tabaquismo, el consumo de alcohol y de drogas, la hipertensión, etc.), sino como una enfermedad en sí misma.
La importancia de garantizar el acceso a la salud de aquellas personas con factores de riesgo es importante, pero la existencia de índices de estandarización que permiten medir y clasificar a las personas según su peso y altura como con “sobrepeso” u “obesas” –como el índice de masa corporal (IMC) u otros estudios antropométricos– nos aparta de la atención de la salud en forma integral, y –lejos de eliminar el estigma– produce una patologización y medicalización sobre los cuerpos. Que aún haya profesionales de la salud que tengan esta mirada sobre la gordura se vuelve preocupante y peligroso. Cuando este sesgo impide que las personas sean atendidas integralmente, se vulneran sus derechos en nombre de una preocupación médica, anteponiendo el descenso de peso a otras preocupaciones. Al utilizar prioritariamente índices estandarizados (IMC) para clasificar a las personas en términos de delgadez/gordura – normalidad/anormalidad, solo se refuerzan y reproducen las prácticas y los discursos discriminatorios, violentos y gordofóbicos.
Sabemos que la gordofobia se extiende a casi todos los ámbitos sociales y que no está circunscrita a la interpretación médica. Es importante destacar que el tipo de discriminación que estamos describiendo no se acota a aquellas personas que ven afectada su salud por las diferentes enfermedades, sino que alcanza también a todas las demás personas que se ven (nos vemos) forzadas a encajar en un modelo único de cuerpo “normal”. Resulta fundamental desentrañar el núcleo de esta interpretación, ya que sobre la justificación “esto es por un tema de salud” se sostienen prácticas discriminatorias gordofóbicas. Así, nos proponemos analizar el discurso social ineludiblemente vinculado a la mirada pesocentrista alrededor de la gordura, para repensar los prejuicios y estereotipos instalados como parte del abordaje institucional impulsado desde el INADI.
Alberto Cormillot otro empleado de TN miente, Clarín y el malévolo Héctor Magnetto
Activistas y usuarias de redes sociales criticaron al médico Alberto Cormillot por expresiones que tuvo durante un programa de televisión, en el que se refirió a «la gordita de la oficina», al considerar que se trata de dichos «gordo-odiantes» que contribuyen a la «discriminación y estigmatización de las personas gordas».
«Es quizás la persona que más ha contribuido en la Argentina a la estigmatización y discriminación de las personas gordas», señaló a través de las redes sociales el colectivo Mujeres que No Fueron Tapa (MQNFT), que busca «hackear» la reproducción de estereotipos de género y mandatos de la cultura masiva.
Durante el programa «La Puta Ama» del martes pasado, conducido por la actriz Florencia Peña en América TV, Cormillot se refirió a «la gordita en la oficina».
El ejemplo que yo doy es ‘la gordita de la oficina’. Si sos una chica que pesa 120, 130 en la oficina muy posiblemente si tus amigos te ponen la mano encima te la ponen como un buen compañero. Si vos bajás 30, 40 kilos ya dejan de ponerte la mano encima como un buen compañero y te ponen la mano encima con pretensión», dijo el nutricionista.
En ese marco, desde MQNFT también sostuvieron que el médico construye y refuerza «la cultura de las dietas, el hambre, la restricción que tanto daño nos ha hecho especialmente a las mujeres».
En este sentido, señalaron: «‘La gordita de la oficina’ somos todas las que ya no queremos que nos toquen los compañeros de trabajo ni nadie, todas las que no queremos hacer esas dietas de estafa, somos todas las que ya aprendimos que no hace falta pasarse la vida privándose del placer de la comida para que nos quieran».
La periodista Marcela Ojeda también apuntó contra el especialista en nutrición. «Con toda mi historia personalísima sobre mis hombres que sí han sido tocados, con consentimiento y disfrute», desacreditó la idea de que «las personas gordas no somos deseadas y tampoco tenemos el derecho a disfrute de nuestras sexualidades».
Además, compartió una experiencia que evidencia las situaciones que viven personas gordas a lo largo de sus vidas. «Tengo 45 años y a mis 12 fui a un Hospital y, como no había balanza para alguien de mi edad/peso me pasearon hasta la cocina y me subieron a una báscula. Hoy día hay otras situaciones de la medicina que siguen siendo violentísimas. Esa corporación de la que AC (Alberto Cormillot) forma parte».
En la misma línea, a través de un video de la red social TikTok, la modelo Mar Tarrés mostró un fragmento de las declaraciones de Cormillot y subrayó: «Aquí la ‘gordita de la oficina’ levanto una baldosa y me sale un chongo».
«Basta de creencias retrógradas de que las mujeres gordas no podemos gustar y que para ser amadas y aceptadas tenemos que ‘encajar’ en un estereotipo de belleza», compartió desde su cuenta de Instagram.
Las críticas también apuntaron a que los dichos promueven «la deseabilidad del otro como algo a lo que hay que aspirar».
«Pone en el centro de su discurso misógino y gordofóbico la mirada masculina como validación. A la par, dice que las mujeres gordas no pueden ser deseadas o amadas y naturaliza que te toquen en la oficina con intención sexuales», advirtió la politóloga y escritora Florencia Freijo.
Luego de las críticas, el médico se disculpó a través de sus redes sociales: «Perdón! Di un ejemplo antiguo!!!!! Me traicionó el haberlo escuchado, sin compartirlo, centenares de veces. Lo de la mano era simbólico! Perdooooon si alguien se molestó!!!!!».
