En el Nivel 1 del MALBA, en pleno Palermo Chico, más de sesenta obras vuelven a encender una pregunta incómoda y necesaria: ¿para qué sirve el arte cuando la realidad arde? La respuesta la ensayó durante décadas Margarita Paksa (1932–2020), una de las figuras centrales del arte conceptual argentino, cuya muestra Ideas correspondientes, 1964–1984 puede visitarse hasta el 16 de febrero de 2026.
La exposición no es una retrospectiva tibia ni un homenaje de vitrina. Es una recuperación política, estética y ética de una artista que jamás separó forma y contenido, belleza y conflicto, tecnología y calle. Letras de neón, instalaciones con materiales industriales, dibujos, objetos, performances y videos componen un recorrido donde el arte no decora: interviene.
El arte como campo de batalla
“Justicia” y “libertad” vistas a través de la mirilla de un fusil. Frases como “Run, Rush, Run”, “es tarde, vuela” o el inolvidable “El arte ha muerto, viva el arte” brillando en neón amarillo, celeste y rojo. Desde los años sesenta, Paksa entendió algo que hoy vuelve a discutirse: el lenguaje artístico también es un dispositivo de poder.
Obras como Tupamaros (1966), Buscamos armas (1976), Primit vita (1980) o Lo decía Kafka (1983) revelan una producción atravesada por la violencia política, la represión, la urgencia histórica y el deseo de transformación social. Nada de neutralidad. Nada de distancia irónica.
Di Tella, cuerpos y comunicación
Un núcleo clave de la muestra remite al Instituto Di Tella, laboratorio de las vanguardias argentinas. Allí Paksa presentó en 1968 Comunicaciones, una obra hoy mítica: un arenero con las siluetas de dos amantes y un wincofón que reproducía jadeos. El MALBA reconstruyó y reactivó esta instalación pionera, donde el cuerpo, el sonido y la intimidad se vuelven lenguaje político.
En tiempos de censura, Paksa exploró la comunicación no verbal, lo gestual, lo sensorial. El cuerpo como mensaje cuando la palabra estaba prohibida.
Arte, dictadura y riesgo real
Paksa no habló de la violencia desde lejos. Denunció la dictadura de Onganía, participó de Homenaje a Vietnam (1966) y de Tucumán Arde (1968), uno de los hitos más radicales del arte político latinoamericano. En los años setenta, su obra se volvió más codificada, más urgente, más peligrosa.
En 1976, mientras producía la serie Escrituras secretas, los militares fueron a buscarla a su casa de Castelar. Logró escapar con su familia. Ese mismo año realizó Es tarde, una obra en aluminio con rueditas que condensa el clima de persecución y asfixia social. Lo experimental nunca fue ajeno al miedo.
Materiales industriales, ideas incómodas
Acrílico, acero, caños, plástico, luces, neón, vinilo. Paksa incorporó materiales industriales cuando aún no eran moneda corriente en el arte local. Lo hizo sin fetichismo tecnológico: cada soporte estaba al servicio de una idea.
En los Dibujos Rorschach y en obras como Polo sur (1983), un mapa invertido de América Latina expone la lógica de dominación política y económica. La geografía como síntoma. El dibujo como denuncia.
Diversidad, género y ética
El MALBA subraya un aspecto clave: la necesidad de revisar hoy la obra de Paksa desde una perspectiva de género y diversidad. Ella misma se lo preguntó sin eufemismos:
“¿Qué sentido tenía expresarme con el minimalismo frente a las profundas revueltas del mundo y el hambre y la miseria en nuestro país?”
Su arte se debatió siempre entre el goce y la tragedia. Entre obras lúdicas como Relaxing Eggs (1967) y piezas durísimas como Diagrama de batallas, donde mapas urbanos reconstruyen acciones guerrilleras reales. Para Paksa, el arte también podía arder.
Video, performance y legado
La muestra incluye la recuperación de Identidad en dos situaciones (1967), una obra de videoarte temprana con tótems de acrílico y tubos fluorescentes, y ambientaciones reconstruidas gracias al trabajo conjunto con su familia.
Su reconocimiento internacional llegó en 2006 en Turín, con la performance Tiempo de descuento (1978): un hombre corre sin avanzar, metáfora precisa de una dictadura que inmovilizaba a toda una sociedad.
Además de artista, Paksa fue formadora: profesora titular e investigadora en la Universidad Nacional de La Plata y docente en el IUNA. Su influencia atraviesa generaciones.
Una obra que no envejece
En 2019, volvió a mostrar Comunicaciones durante la Semana del Arte, resignificada con nuevos dispositivos sonoros. La intimidad ya no era privada: se volvía política otra vez. En 2014 participó en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. En 2006 denunció la Guerra de Irak con Víctimas y victimarios. En 1996 alertó sobre la ecología con El avance urbano.
Paksa nunca se quedó quieta. Nunca bajó el volumen.
Información útil
Muestra: Margarita Paksa. Ideas correspondientes, 1964–1984
Lugar: MALBA – Av. Figueroa Alcorta 3415, Palermo
Fechas: hasta el 16 de febrero de 2026
Horarios:
- Jueves a lunes: 12 a 20
- Miércoles: 11 a 20
La exposición está acompañada por un libro bilingüe publicado por el MALBA, con textos curatoriales, ensayos críticos y escritos de la propia Paksa.
Margarita Paksa no buscó consensos ni comodidad. Pensó el arte como una herramienta de intervención, como una forma de decir lo que no podía decirse. Hoy, en un mundo otra vez crispado, su obra no suena a pasado: suena a advertencia.
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