Hay dos supuestos que instalaron los medios, que no por eso dejan de ser ciertos, que Cristina Kirchner conserva el 30% de intención de votos y que si la oposición no se une, por esas artimañas que tan bien sabe utilizar este kirchnerismo póstumo que es el cristinismo, puede seguir siendo gobierno en la persona del nunca “bien ponderado”, Daniel Scioli.
A pesar de esto, Cristina no les va a hacer las cosas fáciles al gobernador de Buenos Aires, está tan ciega de poder y tan llena de caprichos que es posible que hasta boicotee con algún carpetazo al único candidato que puede hacer que el kirchnerismo conserve el poder o un buen bloque de diputados.
Es que Scioli, al igual que el resto de dirigentes K, no orina agua bendita, pero el ex motonauta despierta bronca porque sigue conservando cierta imagen positiva debido a que la gente no lo asocia a la corrupción reinante, ni hace efecto en él que a pesar de que Buenos Aires sea el segundo presupuesto más grande del país no pueda solucionar problemas estructurales como la educación, la salud, la cada vez más grave inseguridad o que le haya otorgado el monopolio del juego al empresario kirchnerista, Cristóbal López. Sin dudas son temas que podrían hacer mella en cualquier dirigente, pero nadie sospecha de él y eso molesta en el interior del cristinismo.
Entonces sin dudas la oposición está ante una situación inmejorable, depende de si misma para sacar al gobierno K del poder, pero hay algo que cae de maduro, para que eso ocurra la oposición se tiene que unir, pero no por una cuestión electoral, porque venga quien venga, va a necesitar un gran acuerdo para gobernar. Eso es mucho más que el latiguillo que le gusta repetir a Eduardo Duhalde sobre “un gran pacto de la Moncloa”.
Tal vez los que dieron el primer paso fueron Macri y Carrió, apoyada para muchos por el sector de la UCR afín a Ernesto Sanz, que dejaron sus diferencias de lado y dicen buscar un cambio, a pesar de que parezca que esto tiene que ver más con el antiperonismo que con otra cosa.
Pero probablemente este acuerdo del que hablamos no tenga que trasladarse a una gran interna, porque como dice un amigo, “no todo es lo mismo”, entonces mezclar al Frente Renovador con el radicalismo, el Pro, el peronismo y el socialismo tal vez no sea lo mejor. Por lo tanto lo que se necesita es un gran acuerdo de Estado, porque la gente se merece saber qué país vamos a hacer, cuál es la Argentina que viene y que todos los candidatos de los partidos se pongan de acuerdo en que hay temas que son irrenunciables e impostergables.
Además, pensar en un acuerdo político así es más lógico que uno electoral, porque si las cosas siguen como hasta ahora, con la economia en problemas y empeorando, con el papel que están tomando jueces y fiscales, dando a conocer los “chanchullos” del gobierno, que van desde Hotesur hasta la AMIA, incluyendo la muerte de Alberto Nisman, demostrando que el cristinismo no tiene límites, Scioli no podrá hacer pie, entonces ¿para que pedir una especie de unión transitoria entre Massa y Macri si entre ellos, cada uno por su lado, pueden definir la próxima elección presidencial?.
Ambos con sus estrategias y aliados definidos, pero con el apoyo del resto de la oposición trabajando para un país de vanguardia, que finalmente pueda llevar a cabo las transformaciones que necesita. Para eso es necesario dejar las mezquindades personales de lado, un proyecto que trascienda lo electoral, con un nuevo modelo, con la oposición unida…pero no revuelta.
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*Dirigente de Peronismo Para Todos – Universidad Para Todos – Partido Acción Común
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