Maquiavelo

Milei dejó de garpe a Jorge Macri y a la Vice

Milei dejó de garpe a Jorge Macri y a la Vice: la política como campo de batalla personal

El Tedeum del 25 de Mayo —símbolo histórico de unidad nacional— se convirtió en una escena de despecho presidencial. Javier Milei, fiel a su estilo de tuitero implacable, despreció el saludo del Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y evitó cualquier contacto con su vicepresidenta Victoria Villarruel. La escena fue tan explícita como incómoda: el Presidente pasó de largo, como si estuviera más atento a su propia narrativa de cruzado justiciero que a los mínimos protocolos de institucionalidad.

Desde la Catedral Metropolitana hasta la red social X (ex Twitter), Milei transformó el feriado patrio en un reality show vengativo, dejando a sus (aún formales) aliados políticos parados, solos y en silencio. En un tuit demoledor escribió: “Roma no paga traidores”, mientras repostea imágenes que lo muestran dándole la mano a Jorge Macri en el pasado y luego ignorándolo con frialdad en el presente.

Y si algo le sobra a Milei es verbo: “Saludos para chantalán Gutiérrez Rubí y otras basuras varias”, lanzó sin filtro, apuntando al asesor catalán del PRO y, por elevación, a todo el aparato político que antes cortejó y ahora desprecia.

¿Aliados? Solo mientras convenga

El telón de fondo de esta puesta en escena es el incipiente (y contradictorio) acercamiento entre La Libertad Avanza y sectores del PRO, como Ritondo y Santilli, que siguen jugando a la rosca con Karina Milei. Pero los mensajes son claros: si alguien traiciona a Milei, lo espera el escarnio público. No importa si es socio, funcionario, vice o jefe de gobierno. El que no responde al guion libertario, queda marcado.

Lo curioso es que Villarruel, lejos de reaccionar, se limitó a declarar con resignación: «Yo siempre saludo». Como si la Vicepresidenta, de peso institucional enorme, ya estuviera acostumbrada a los desplantes del jefe. Jorge Macri, por su parte, optó por no responder a la agresión. Silencio de radio. O de sumisión.

¿Quién es el traidor? ¿Quién el traicionado?

Milei justifica su desplante bajo la premisa de que ser amable con los “malos” es ser injusto con los “buenos”. Pero, ¿quién decide quién es quién en esta república de egos? En su nuevo posteo, el Presidente escribió con ironía salvaje:
“Día glorioso para ver como lloran los imbéciles de las formas (…). Aquí el zoológico que va desde periodistas corruptos hasta ñoñosh republicanos”.
Un mensaje que combina provocación, desprecio institucional y superioridad moral autoasignada.

Este tuiterpresidente gobierna desde el teclado. Desafía, humilla, castiga con palabras. Y lo hace como quien lanza flechas en un coliseo romano lleno de gritos y sangre. Pero la pregunta que late en los pasillos de Balcarce 50 y Uspallata es la misma: ¿hasta cuándo los “aliados” tolerarán la humillación pública a cambio de un poco de poder o una cuota de visibilidad?

El show continúa… y la política se degrada

En vez de convocar al diálogo o liderar desde el ejemplo, Milei prefiere la confrontación constante. Construye su relato como una guerra entre “honestos y traidores”, “castos y corruptos”, donde el único juez es él. Todo lo demás —formas, historia, alianzas, instituciones— es cartón pintado. Solo sirven si lo legitiman. Si no, los prende fuego.

Mientras tanto, la economía cruje, la pobreza crece, y los verdaderos traidores a la Patria —esos que venden dólares mientras planchan el BCRA, recortan jubilaciones y rifan la obra pública— caminan libres, intocados.