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Misiones votó, Buenos Aires sangra

La Renovación ganó con lo justo, los libertarios se pelearon con las urnas, y la oposición tradicional ni siquiera encontró la escuela.


En una jornada que parecía escrita por un guionista de «Polka» venida a menos, la provincia de Misiones volvió a demostrar que el federalismo argentino existe, pero en versión Netflix: capítulos sueltos, tramas confusas y personajes que no se cruzan nunca. El Frente Renovador de la Concordia (FRC), ese engendro pragmático dirigido por el siempre eterno Carlos Rovira, se impuso con un discreto 28,47% de los votos. Ganaron, sí, pero apenas. Y como diría un viejo puntero: ganar por poquito también es perder con miedo.

En segundo lugar, con el 21,82%, llegó el circo libertario encabezado por el ex tenista Diego Hartfield, quien ahora parece querer jugar de revés con las instituciones democráticas. No aceptó los resultados, denunció fraude con la soltura de un influencer despechado y hasta culpó a los medios de “reírse” de su epopeya. Qué le vamos a hacer, muchacho, si las urnas no te acompañan, volvé al polvo de ladrillo.

Pero lo más insólito no vino del campeón de dobles sino del tercer puesto: Ramón Amarilla, un ex policía detenido por sedición, metió una banca desde la cárcel. ¿Argentina? No, Misiones, el laboratorio de la democracia distorsionada, donde un convicto por enfrentarse a la propia fuerza que lo empleaba se vuelve legislador. A esta altura, solo falta que el Guasón arme una lista con el Jokerismo Popular y meta concejales en Oberá.

Mientras tanto, el peronismo —o lo que queda de él— ni siquiera participó con su sello por culpa de la intervención nacional. Confluencia Popular por la Patria, un rejunte con olor a cenicero húmedo, quedó séptimo con un humillante 2,46%. El viejo movimiento, que supo llenar plazas y repartir poder como caramelos, hoy no junta ni fiscales.

El radicalismo, por su parte, volvió a demostrar que perdió el mapa y el GPS. Se presentó dividido, confundido y de la mano de figuras como Martín Arjol y Santiago Koch, que son como dos suplentes tratando de entrar en un partido que ya terminó. Entre todos apenas alcanzaron un triste 13%. Si Leandro Alem resucitara, se vuelve a suicidar.

En el fondo, Misiones no votó por ideas. Votó por estructuras, rostros conocidos y miedo al vacío libertario. La Renovación se impuso porque mantiene el aceite en la maquinaria, aunque ya huele a motor fundido. LLA no arrasó como Milei soñaba, y eso les duele más que la inflación a un almacenero. Porque el mileísmo necesita ganar en todo, y salir segundo para ellos es como leer un libro: no sirve para nada.

Y del lado del Gobierno nacional, ni una palabra. Porque en el fondo, a Milei le importa Misiones lo mismo que la cultura: nada. Enviar a Karina, Bullrich y Menem fue solo una puesta en escena. No movieron la aguja, no ganaron terreno, y lo peor: tampoco aprendieron nada. Milei gobierna con el dedito en Twitter y los pies lejos del barro.

La participación fue del 55%. Es decir, la mitad del electorado ni siquiera se tomó el trabajo de votar. Ni el choripán, ni la promesa de venganza libertaria, ni la carta desde el calabozo sedujeron al votante promedio. Quizás haya algo más triste que un país sin rumbo: un país al que ya no le importa quién lo maneje.


Palermo Online es juez, el periodista es fiscal, y el pueblo es jurado.

¿La Renovación es un modelo de gobernabilidad o una cooperativa de cargos?
¿Los libertarios están creciendo o se están achicando con excusas?
¿El peronismo resucita o ya firmó la defunción?

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