Por Fabián Galdi
A George Orwell se lo conoce como autor de obras fundamentales de la posguerra mundial a partir de 1945, especialmente a través de sus novelas “Rebelión en la granja” y “1984”. Pero es a partir de su origen como británico en India, su país de nacimiento (donde fue inscripto como Eric Arthur Blair) desde donde parece convenir tomarlo como punto de partida para analizar su influencia en la narrativa del siglo XX.
Orwell, como cronista de época, sitúa valores sustanciales para el ser humano por sobre los regímenes circunstanciales que gobiernen las naciones; es, ante todo, un crítico tan directo de las conductas de quienes abusan de la toma de decisiones, como la de aquellos que apartan la mirada para no involucrarse especulando con buenos dividendos.
En su excepcional relato “Recuerdos de la guerra de España”, escasamente difundido a pesar de su valor conceptual y contextual, Orwell reflexiona respecto del papel de la prensa en la comunicación de masas, haciendo hincapié en su poder distorsionador y negador vigente en pleno franquismo. Un texto demoledor y escrito sin eufemismos ni frases en tono barroco.
“Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas líneas de partido”, escribe al inicio.
“Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. ¿Cómo se escribirá la historia?”, se interroga.
“Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad”, prosigue.
“El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas, y después de las experiencias de los últimos años no es una conjetura hecha a tontas y a locas”, cierra, haciendo hincapié en las variables generadoras de pensamiento atravesadas por la Guerra Civil.
El Día del Periodista no es sólo el 7 de junio. Es todos los días, en cualquier tiempo y lugar. Hasta para quienes encorsetan a Orwell como un escritor de ciencia ficción, como si esto fuera una fragmentación acomodada a las pretensiones de los poderosos. ¿Cuál es la ficción y cuál la realidad, entonces?
