Aunque oficialmente se llama Plazoleta Julio Cortázar, para vecinos, turistas, feriantes y habitués de Palermo Soho sigue siendo Plaza Serrano. La historia del lugar mezcla literatura, memoria porteña, calles que cambiaron de nombre y una identidad barrial que resistió más que cualquier cartel oficial.
Durante décadas, Plaza Serrano fue uno de esos nombres que Buenos Aires adoptó sin pedir permiso. Está en el habla cotidiana, en los mapas mentales de los vecinos, en las salidas nocturnas, en las ferias de diseño y en la memoria afectiva de Palermo. Sin embargo, su nombre oficial es otro: Plazoleta Julio Cortázar, en homenaje al autor de Rayuela.

El cambio no borró el nombre popular. Y ahí aparece una de esas rarezas porteñas tan nuestras: la ciudad puede cambiar una placa, pero no siempre logra cambiar la costumbre. Plaza Serrano sigue siendo Plaza Serrano porque así la llama la gente, y en Buenos Aires la calle muchas veces manda más que el expediente.

El viejo nombre viene de la antigua calle Serrano, una arteria clave del barrio que luego pasó a llamarse Jorge Luis Borges en el tramo cercano a Honduras y avenida Santa Fe. Ese cambio sumó otra capa literaria al lugar: de un lado Borges, del otro Cortázar, y en el medio una plaza que nunca terminó de soltar su nombre original.
Serrano tampoco era un apellido cualquiera. La calle recordaba a José Mariano Serrano, figura vinculada a la independencia sudamericana, diputado por Charcas en la Asamblea del Año XIII y participante del Congreso de Tucumán de 1816. Es decir: detrás del nombre que hoy muchos asocian a bares, ferias y diseño, también hay historia política, independencia y memoria nacional.
Con los años, el viejo Palermo de casas bajas, talleres y comercios barriales fue transformándose de Palermo Viejo a Palermo Soho. Primero llegaron artistas, artesanos y bares; después, galerías, locales de diseño, restaurantes y turistas. La plaza quedó en el centro de esa mutación urbana: de punto barrial a postal internacional.
El homenaje a Cortázar, oficializado en los años noventa, intentó ponerle un sello literario a ese espíritu bohemio. La rayuela pintada en el piso terminó funcionando como símbolo perfecto: Palermo salta de casillero en casillero entre la tradición y la moda, entre el barrio viejo y la vidriera global.
Pero el dato más porteño de todos es que el nombre oficial nunca ganó del todo. Para el Gobierno será Plaza Julio Cortázar. Para los mapas, también. Pero para buena parte de Buenos Aires sigue siendo Plaza Serrano o Placita Serrano, como antes, como siempre, como esas cosas que sobreviven porque la gente las dice.
En tiempos en que los barrios cambian rápido, Placita Serrano recuerda algo simple: la identidad no se decreta. Se camina, se nombra, se repite y se hereda. Palermo cambió de piel muchas veces, pero todavía guarda en esa esquina una prueba de que la memoria barrial, cuando prende fuerte, no la mueve ni Cortázar jugando a la rayuela.



Plaza Serrano funciona una feria de artesanías en la que participan los mejores artistas plásticos del barrio, y está declarada de Interés Turístico y Cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Igualmente funciona a tope a partír de las 16 horas los días de semana.

Conocida como Plaza Serrano por estar ubicada en la intersección entre las calles Serrano y Honduras, la plaza fue rebautizada en el año 1994 como Plazoleta Julio Cortazar, en homenaje a este escritor argentino que dedicó gran parte de su obra al barrio de Palermo, donde vivió durante muchos años.


