Redes sociales y violencia de género.

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El objetivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres no solo es llamar la atención sobre la desigualdad, la discriminación, los femicidios y las distintas formas de violencia machista, sino también reclamar la implementación de las políticas públicas que aún faltan para prevenirla y extirparla.

Solemos asistir en los medios de comunicación a denuncias de violencia de género que, en general, tienen que ver con agresiones físicas. La violencia psicológica es una variable menos visible y menos detectable de maltrato, pero que puede ser tan dañina como los golpes.

Las redes sociales, cuando son mal utilizadas, pueden ser campo fértil para agresiones de esta índole. Cuando son bien usadas, por el contrario, pueden resultar fundamentales en la asistencia de las personas víctimas de violencia doméstica, y en la denuncia pública de sus casos.

Es importante no caer en la demonización de las redes pero sí conocer los peligros que entrañan cuando brindan a un violento una “herramienta“ de poder sutil e invasiva contra su víctima.

El auge de las nuevas tecnologías ha propiciado nuevas formas de violencia que muchas veces comienzan de manera imperceptible y van in crescendo si no se las denuncia o no se les pone fin de algún modo. Muchas mujeres – y también hombres – sufren el acoso o el control de otras personas a través de su teléfono, una red, etc. Para quien padece de celos enfermizos controlar a su actual o ex compañero virtualmente puede convertirse en una conducta compulsiva que deja atrapada emocionalmente al receptor de la misma.
Si no se detiene a tiempo al acoso online, éste puede terminar en una situación de grave estrés para su receptor o, peor aún, de violencia física.

Hay situación de acoso o violencia virtual cuando:

· No hay “registro” de que el otro no desea tener más contacto persistiéndose en la conducta invasiva, haciendo caso omiso a advertencias, bloqueos, etc.

· Existe violación a la intimidad por medio del hackeo, la suplantación de identidad, el robo de datos personales, el contacto insistente con el entorno de la víctima, etc.

· Se difama, ofende o ridiculiza a la otra persona por medio de posteos tendientes a desacreditarla, agresiones virtuales, comentarios ofensivos, manipulación de sus datos personales, etc.

· Se intenta generar un daño a la reputación de ese hombre o de esa mujer o generarle presión psicológica.

· Hay hostigamiento, amenaza o persecución por medio del envío de mensajes intimidatorios, por ejemplo.

· Existe chantaje emocional. Una de las variables más nuevas de esta conducta es la “sextorsión”, en la que un individuo es amenazado con la publicación de imágenes íntimas, videos sexuales, etc. que generalmente han sido compartidas previamente por medio del sexting. Quien recibe estas amenazas suele ser presionado con la difusión de estas fotos o videos si no responde de una manera determinada.

Cuando de vínculos sentimentales y vida online se trata, es importante diferenciar lo que es una red social de un sitio de citas. Las redes son comunidades virtuales en las que los usuarios registrados interactúan con otros usuarios con los que tienen afinidad o vínculos en común.

¿Qué se recuerda y por qué este día?
El 25 de noviembre fue declarado Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer en el Ier Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe celebrado en Bogotá (Colombia) en julio de 1981.

En este encuentro las mujeres denunciaron la violencia de género a nivel doméstico y la violación y el acoso sexual a nivel de estados incluyendo la tortura y los abusos sufridos por prisioneras políticas.

Se eligió el 25 de noviembre para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y Maria Teresa), tres activistas políticas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 en manos por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana.

En 1999, la ONU dio caracter oficial a esta fecha.

Contra la violencia
En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer a la que definió como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”.

En 1999, la ONU apoyó que el 25 de noviembre sea, en todo el mundo, una jornada de reivindicación a través de la resolución 54/134 e invitó a gobiernos, organizaciones internacionales y no gubernamentales a convocar actividades dirigidas a sensibilizar sobre el problema y a reclamar políticas en todos los países para su erradicación.​

Año a año, la violencia contra las mujeres es más visibilizada. En Argentina, así como en muchos otros países latinoamericanos, el movimiento “Ni una menos”, que nació para protestar contra la escalada de femicidios que se producen en todo el país y tuvo su primera marcha el 3 de junio de 2015, puso el tema en agenda definitivamente. A las manifestaciones cada vez más masivas se le sumó el primer Paro Internacional de mujeres, el 8 de marzo de 2017.

Pero aunque en los últimos 60 años –del asesinato de las hermanas Mirabal a la actualidad– se ha avanzado en materia de legislación, todavía existen normas y políticas que no solo omiten, sino que accionan mecanismos que generan mayores desigualdades de género, como por ejemplo la que condena la interrupción voluntaria del embarazo. Son, precisamente, las políticas públicas impulsadas por los Estados las que tienen la posibilidad de erradicar todos los tipos de violencia contra las mujeres, o al menos bregar por eso.

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