Un artículo al paso. Escribe Carlos Penelas.

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Si veis al futuro dile que no venga. Juan José Castelli


No quiero ser pesado, amigo lector. Le prometo ser breve.  Sólo un mínimo informe. Deben tomar el contexto de éste territorio, de esto que alguna vez fue un país. Hay corrupción en un gobierno como nunca, populismo – peronismo en todas sus variantes – ineptitud, picaresca, hipocresía, amoralidad, inmoralidad, anomalía institucional, hegemonía, oportunismo, fracasados, testimonios, regentes y reinas, patriotas y antipatriotas, verdugos y traidores, disciplinas y dogmas, infectólogos, próctologos, notables, charlatanes, borrachines,  proyectos imaginarios y de los otros, voces confusas entre pucheros y mondongos. A esto, que es parcial – prometí ser breve – agregarle relatos, lenguaje inclusivo, estrategias pérfidas, pandemia y cuarentena (son dos cosas distintas)  , confesiones, homenajes,arrepentimientos,alcahuetes y lacayos, ignorantes y matones, barras bravas, fantasmas y pragmatismo, villas y barrios marginales,  mantras y catarsis…


Bueno, vamos a sonreír  un poco. Resulta que el gobernador de la Provincia del Chaco – que ocupó en sus diversos momentos todos los cargos posibles – como tiene problemas serios económicos resolvió vender la casa de gobierno de su provincia. No deja de tener talento e ingenio. Cuando sea grande quisiera ser progresista como él. No se si me da el cuero.


En este contexto donde hay gobernadores, intendentes, sindicalistas y demás yerbas que están en su cargo diez, veinte y treinta años sin respiro -buscando siempre lo mejor para el pueblo y la unidad nacional bajo su mando – hoy leo un informe sobre el delito en el país.


Los datos son de 2019 de la Provincia de Buenos Aires: un millón de delitos en un año. Vamos por más. Téngase en cuenta que se trata de delitos que fueron denunciados. Nadie denuncia el robo de un celular o una cartera.


Ahora algunos datos de 2020, siempre en la Provincia de Buenos Aires, en el resto del país es un poco menor, pero vale como ejemplo. Se realiza un delito cada tres minutos. Se cometieron en lo que va del año – tengamos en cuenta nuestra interminable cuarentena – doscientos  homicidios en seis meses. Salieron de la cárcel – por temor al contagio dijeron las altas autoridades – cuatro mil quinientos presos. Sólo mil doscientos tienen tobilleras, no hay más.


 Por el tema del coronavirus hay menos policías, están encargados de controlar  trenes y colectivos. Preguntan a la gente por la papeleta que lo autoriza a movilizarse. Pero hay un poco más. Estamos ante nuevas modalidades de robo: los deliverys. Son asaltados (comida, dinero, moto o bicicleta). Gatillan con facilidad y a estos pobres  les roban monedas, lo poco que tienen. También se disfrazan de deliverys, de policías, de médicos y de personal municipal. También, en el tumulto, hay bandas de policías y de ex policías, desde sargentos hasta comisarios. Caballeros: hay un femicidio cada treinta horas.


 El 70% de los ladrones estuvieron presos. Quiero decir, entran y salen. Aquí se nos viene la puerta giratoria de la justicia. Los robos son cada vez más violentos. Por esta razón en muchos municipios los vecinos comienzan a armarse y patrullar las calles del barrio. Armas, palos y linternas. En ciertos barrios más alejados los vecinos patrullan a caballo. ¿Entiende lo que le digo? En uno de esos barrios pusieron un pasacalle que dice: «Chorros aquí no llamamos a la policía, lo arreglamos nosotros». 
Hay dos ejemplos para que usted vea un poco. A una mujer embarazada de nueve meses le pegaron un tiro en el vientre para robarle. El niño murió después de una larga agonía y la mujer sobrevivió luego de numerosas operaciones. La semana pasada robaron un auto con un niño de seis años dentro, la madre fue colgada de la puerta del coche gritando por su hijo. La arrojaron, se rompió el brazo y al niño lo dejaron en la calle a las dos cuadras, llorando y sangrando. Fueron apresados, habían salido de la cárcel por la pandemia. Estos dos criminales tenían antecedentes, condena firme y estaban libres. Lo aterrador: en la policía y en la prisión figuraban con nombres diferentes.


Todos estos datos pertenecen a la Provincia de Buenos Aires, sobre todo al segundo y tercer cordón. Le debemos sumar los soldaditos de la droga – comienzan a ser de ocho y nueve años – las bandas de narcos, la pobreza, la falta de educación, el deterioro feroz con falta de luz, calles sin asfaltar, carencia de cloacas. Y aguas servidas para no ser menos alrededor del la casilla de chapas.
Estimados, fui breve. Bueno, el problema económico – quiebras, cierres, desocupación,  redes sociales, planes y piquetes –   es otro cantar.  No me pida que se lo explique. Hasta más ver.


Carlos Penelas

Buenos Aires, año de la cuarentena eterna. Julio.

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