“Yo vi llorar a Cafiero”. Por Leo Anzalone

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Hace unos días en una reunión con militantes de nuestro espacio político hablábamos de la proyección presidencial de los distintos candidatos peronistas, especialmente la de Sergio Massa, de la expectativa que él despertaba en la gente, y también de la soberbia y lo destructivo de algunos entornos, cuando un compañero pidió la palabra y nos dijo “yo vi llorar a Cafiero” y contó una anécdota que me hizo pensar en lo que pasa hoy en el massismo.

Este compañero contó que en el año 1988, Antonio Cafiero era el favorito para ganar las elecciones presidenciales del año siguiente, que en 1987 había ganado la elección a gobernador de la provincia de Buenos Aires situación que daba por concluido el ciclo radical que lideraba Raúl Alfonsín, pero en ese mismo momento empezó la típica historia de la pelea por el poder dentro del peronismo.

Por una lado, nos cuenta el compañero, estaba lo que se llamó “la renovación peronista”, que tenía a Cafiero como candidato a presidente y cuyo núcleo más cercano estaba compuesto por el porteño Carlos Grosso, el mendocino José Luis “chupete” Manzano, y el cordobés José Manuel “gallego” De la Sota. Por el otro lado aparecía Carlos Menem por quien nadie daba dos pesos, que carecía de estructura, pero tenía una gran humildad y voluntad de poder. Pasó algo en ese momento que para muchos cambió la historia política argentina, horas antes del cierre de listas para la interna entre Cafiero y Menem. Lorenzo Miguel pensaba aportarle la estructura y la movilización de la que carecía la renovación, ya que ellos eran, trazando un nuevo pararelismo, “la nueva política”, operadores más que movilizadores.

Según nos contaban, en el momento de decidir, el lider metalúrgico le ofreció toda la estructura de las “62 organizaciones” a Cafiero con la condición de que lleve como compañero de fórmula al ex gobernador de Santa Fe, José María “Tati” Vernet. Por otro lado Grosso, Manzano y De la Sota le pedían a Cafiero que se sacara de encima a Miguel y que llevará como compañero al “gallego” De la Sota, que Lorenzo Miguel y los suyos eran “la vieja política”. Si bien Cafiero dudó por un momento, ante la posibilidad de que “la renovación” se rompiera tras las amenazas del trio, cedió y le dijo que no al sindicalista. Lorenzo Miguel jamás comprendió la actitud de quien era gobernador de la provincia de Buenos Aires, rápido de reflejos y con el olfato de poder que lo caracterizaba le dio su apoyo a Carlos Menem. Lo que sigue es historia conocida, el riojano arrasó en las urnas.

Cerca de las 21 horas del 9 de julio de 1988, cuando el resultado era irreversible, este compañero nos dijo que Antonio Cafiero estaba encerrado en la sede del PJ bonaerense, que en ese momento estaba en la Avenida Belgrano de la Ciudad de Buenos Aires, y nos contó que “yo vi llorar a Cafiero” y recordó que le escuchó decir “me equivoqué, priorice el egoísmo y la soberbia de algunos por sobre el proyecto, jamás me lo voy a perdonar”.

Salvando las distancias, al escuchar esta historia, pensé en la situación que se encuentra el Frente Renovador de Sergio Massa, espacio del que, vale aclarar, simpatizamos pero no somos parte, es asombroso el parecido que notamos entre dirigentes de aquel entonces que le jugaron una mala pasada a Cafiero, con ciertos dirigentes actuales del Frente Renovador, sobre todo en la construcción del poder y la prioridad del proyecto más allá de los hombres.

El caso mas puntual es el de Darío Giustozzi, que hoy prefiere perder una elección a gobernador antes que incorporar a Martín Insaurralde, quien como candidato ganaría en Buenos Aires, con lo significativo que es para el proyecto encabezado por Sergio Massa ganar en el distrito más importante del país. Pero es sabido que esas situaciones no solo se dan en suelo bonaerense, pasa también en la Ciudad de Buenos aires, o provincias como como en Santa Fe, Misiones o Chaco, donde hay operaciones de dirigentes del entorno del ex intendente de Tigre para entorpecer el armado de un gran esquema nacional, que por el temor de quedar fuera del poder, rapiñar algo de más, o hasta para ponerle presión a Sergio Massa, son capaces de destruir un proyecto que dice ser la voz de la gente. De profundizar esas diferencias, por creer que algunos tienen más derechos que otros, por sentirse todos referentes y operadores, pero ninguno militante, puede darse el caso de que la gente crea que el massismo es un espacio mas, con egoísmo, con soberbia y lo mas triste, puede ocurrir que un día nos lleve a decir “nosotros vimos llorar a Massa” y el sueño del Frente Renovador quede destruido.

*Dirigente de Peronismo Para Todos – Universidad Para Todos

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