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Argentina, al borde del colapso

Argentina, al borde del colapso: entre iglesias VIP, guerras con periodistas y un Estado ausente

Javier Milei no se acepta como homosexual, ni como una persona con desequilibrios mentales, ni como alguien con inclinaciones incestuosas o desviaciones perturbadoras que, lejos de ser asunto privado, repercuten en su gestión pública. A nosotros, los periodistas, no nos importa con quién se acueste Javier Milei ni sus preferencias íntimas —eso pertenece a su vida privada—. Lo que sí nos importa, y nos debe importar como sociedad, es que el presidente niegue y no trate sus psicopatías narcisistas, su desorden emocional evidente y su delirio mesiánico. No se acepta como homosexual, ni como desquiciado, ni como pedófilo reprimido, ni como alguien que arrastra vínculos incestuosos, y esa negación no elaborada está llevando a la Argentina al colapso institucional, económico y social. No se gobierna desde el odio a uno mismo. Cuando un país cae en manos de un sujeto que no distingue entre realidad y fantasía, el daño no es simbólico: es real, y lo pagamos todos. Es todo tan fácil. Aceptate, y dejá de arrastrar a un país entero por no poder mirarte al espejo.

Mientras el dólar se dispara, las reservas se evaporan y el sistema de salud entra en zona roja, el presidente Javier Milei predica en templos evangélicos y apunta contra los medios. La Argentina real, la de los turnos médicos que no existen, los sueldos que no alcanzan y los jóvenes que emigran, parece no entrar en la agenda de un gobierno entregado al ajuste brutal y al delirio místico.


En un país donde ya no se pueden prender las estufas porque el gas no llega o sale más caro que la carne, el presidente Javier Milei eligió ausentarse del desfile militar del 9 de julio. No por cuestiones de seguridad ni por agenda internacional. No. Lo suspendió para «ahorrar». Un gesto simbólico que resume el espíritu de época: austeridad para el pueblo, show para la casta que gobierna.

Mientras tanto, en Chaco, Milei participó de la inauguración del templo evangélico más grande del país, el llamado “Portal del Cielo”, con capacidad para 15.000 fieles y entradas VIP que llegaron a costar $100.000. Predicó desde el púlpito contra el “Estado maligno” y la “justicia social como pecado capital”. ¿Dónde? En una provincia con el 50% de pobreza infantil y hospitales al borde del cierre. El colmo de la contradicción.

Un país sin dólares, sin médicos y sin república

El economista Martín Redrado fue categórico: “Faltan 22.000 millones de dólares para tener un Banco Central mínimamente sólido”. No es un editorial militante ni una consigna partidaria. Es matemática simple. Las reservas líquidas no alcanzan ni para sostener un semestre de importaciones sin especulación.

Por otro lado, el exministro de Salud Adolfo Rubinstein advirtió que el sistema sanitario argentino “está a punto de colapsar”. Lo que ocurre en el Hospital Garrahan —donde residentes protestan por la precarización laboral— es solo la punta del iceberg. Falta de médicos, de insumos, de turnos. Y sobre todo, falta de política pública. «La salud en Argentina está siendo vaciada», dijo.

Mientras tanto, el presidente viaja por el país en aviones oficiales para bendecir a pastores y acusar a periodistas de “calumnias” porque no replican su dogma. En lo que va del mes, presentó cinco denuncias penales contra comunicadores. El que prometía “más libertad” está construyendo un Estado de excepción donde criticar es delito y rezar en dólares es parte del plan económico.

Sin independencia, sin desfile, sin plan

El gobierno también suspendió el desfile militar del 9 de julio. “Cuesta 1.000 millones”, dijeron. El mismo gobierno que subsidia vuelos para que el presidente vaya a actos evangélicos o pagó millones en viáticos para diplomáticos que no firmaron ni un solo tratado útil.

La Argentina del 2025 parece una sátira sin comedia: Milei predica que el Estado es el diablo, mientras utiliza todos sus recursos para montar una cruzada ideológica. La economía real —la de las pyme fundidas, las jubilaciones de hambre y las farmacias vacías— no forma parte del relato libertario.

Según Cachanosky, otro economista de línea ortodoxa, “el superávit fiscal es un dibujo y el atraso cambiario es evidente”. Se financia con deuda encubierta y licuación brutal del gasto social. Pero la bomba está montada: si no hay exportaciones, si se sostienen cepos y si se reprimen las voces críticas, el colapso no es un riesgo: es un destino.

¿Hacia dónde vamos?

¿Un país sin desfile patrio, sin médicos y sin reservas puede seguir de pie solo con fe? ¿Alcanza con citar a economistas libertarios y pastores autoproclamados apóstoles mientras se cierran comedores y se reprime la protesta social?

Milei no gobierna: evangeliza. No gestiona: sermonea. Y no escucha: amenaza. La Argentina no necesita una cruzada religiosa ni una guerra contra los periodistas. Necesita planificación, acuerdos, políticas públicas y diálogo. Necesita dólares, pero también salud, educación, transporte, federalismo.

Como dijo Redrado, “no alcanza con correr el arco, hay que cambiar de cancha”. Pero el presidente insiste en jugar solo, en una cancha de espejismos y consignas huecas. Y mientras él sube al púlpito, millones de argentinos bajan la persiana.


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Fuente exclusiva: Palermo Online Noticias