Chiche Gelblung Chiche Gelblung

Chiche Gelblung internado

La vida y obra de un periodista que convirtió la provocación en estilo

La salud de Samuel “Chiche” Gelblung volvió a encender las alarmas este lunes luego de que se conociera que el periodista permanece internado en terapia intensiva desde hace seis días. Aunque desde su entorno buscaron transmitir tranquilidad y señalaron que se trata de controles vinculados a una intervención reciente, el cuadro generó preocupación en el ambiente periodístico y político argentino.

Según trascendió, el conductor había sufrido semanas atrás un episodio cardíaco que derivó en la colocación de dos stents. A eso se sumaron complicaciones circulatorias derivadas de un infarto en el pie, una condición médica poco frecuente pero potencialmente grave, producida por la obstrucción del flujo sanguíneo hacia los tejidos.

En las últimas horas también se supo que Gelblung habría sufrido una caída en su domicilio, lo que le dejó una marca visible cerca del ojo izquierdo. Aunque en un primer momento el periodista no le habría dado demasiada importancia al golpe y continuó con sus actividades habituales, el hecho quedó bajo observación médica junto con el resto de sus complicaciones recientes.

Pero hablar de Chiche Gelblung no es solamente hablar de un conductor internado. Es hablar de una de las figuras más polémicas, influyentes y reconocibles del periodismo argentino de las últimas cinco décadas. Un hombre que hizo de la televisión un ring, del micrófono un bisturí y de la incomodidad un género propio.

De inmigrantes judíos al periodismo porteño

Samuel Gelblung nació el 14 de octubre de 1944 en Buenos Aires, en el seno de una familia de inmigrantes judíos. Su historia tiene mucho de aquella Argentina de posguerra donde los hijos de trabajadores soñaban con ascender a fuerza de oficio y obstinación.

Comenzó en el periodismo gráfico cuando todavía las redacciones olían a café recalentado, tabaco negro y tinta fresca. Pasó por revistas, diarios y radios hasta encontrar su gran escenario: la televisión argentina de los años 80 y 90.

Allí apareció “Chiche”. No el periodista tradicional de saco gris y tono solemne. Sino un personaje eléctrico, filoso, confrontativo y obsesionado con la primicia.

Mientras otros conductores buscaban cordialidad, Gelblung construía tensión. Donde había silencio, él metía preguntas incómodas. Donde había protocolo, él pateaba el tablero.

El hombre que entendió antes que nadie la televisión del escándalo

Mucho antes de que existieran las redes sociales, los streamings o los recortes virales, Chiche ya entendía algo fundamental: la televisión necesitaba conflicto para sobrevivir.

Programas como “Memoria”, “Hola Chiche” o sus ciclos de actualidad política y policial marcaron una época. Su estilo mezclaba denuncia, espectáculo, periodismo de investigación y dramatización televisiva en dosis explosivas.

Fue amado y odiado casi en partes iguales.

Para algunos, representó la decadencia del periodismo convertido en show. Para otros, fue un tipo capaz de hacer preguntas que nadie se animaba a formular.

En una televisión argentina donde muchas veces reinaba la corrección diplomática, Gelblung aparecía como un viejo boxeador del Luna Park: entraba pegando.

Un entrevistador feroz

Por los estudios de Chiche pasaron políticos, delincuentes, vedettes, empresarios, jueces, artistas y personajes marginales. Y todos sabían algo antes de sentarse: la entrevista podía terminar en escándalo.

Su manera de preguntar tenía un tono casi teatral. Interrumpía, repreguntaba, ironizaba y llevaba al entrevistado al límite.

Ese estilo le generó incontables críticas, pero también construyó una marca personal inconfundible.

En los años noventa y principios de los 2000 fue uno de los periodistas más vistos del país. Supo leer como pocos el costado emocional de la audiencia argentina: el miedo, la indignación, el morbo y la fascinación por el poder.

Polémicas, excesos y contradicciones

Hablar de Chiche también implica hablar de controversias.

A lo largo de su carrera protagonizó fuertes cruces con colegas, dirigentes políticos y figuras públicas. Muchas veces fue acusado de cruzar límites éticos, exagerar relatos o transformar tragedias en espectáculo televisivo.

Sin embargo, incluso sus detractores reconocen algo: Gelblung nunca pasó inadvertido.

En una Argentina donde abundan los personajes fabricados por marketing, Chiche siempre pareció genuinamente incómodo. Un periodista de otra época. De esos que crecieron en redacciones feroces y no en cursos de coaching comunicacional.

Hay algo profundamente porteño en su figura. Algo de café de avenida Corrientes, de debate político a los gritos, de madrugada radial, de humo espeso y teléfono fijo explotando de llamados.

La salud, una batalla recurrente

Durante los últimos años, Gelblung atravesó distintos problemas de salud e internaciones. Aun así, cada vez que pudo volvió rápidamente al trabajo.

Esa obstinación por seguir frente a cámara parece formar parte de su ADN profesional. Como aquellos viejos periodistas que sentían que dejar el aire era casi una forma de desaparecer.

En las últimas semanas, pese a las recomendaciones médicas posteriores a la colocación de stents, retomó rápidamente sus actividades laborales.

Hoy, mientras permanece internado bajo observación, el mundo del periodismo vuelve a posar la mirada sobre una figura que, guste o no, dejó una huella imposible de borrar en la televisión argentina.

Chiche y una pregunta incómoda para el periodismo argentino

La trayectoria de Gelblung también obliga a discutir algo más profundo: ¿qué lugar ocupa el espectáculo dentro del periodismo?

Muchos de los códigos televisivos actuales —la confrontación permanente, el dramatismo, la búsqueda del impacto instantáneo— fueron moldeados décadas atrás por conductores como él.

Chiche no inventó el sensacionalismo. Pero sí entendió antes que muchos cómo convertirlo en un formato masivo y exitoso.

Hoy, en tiempos de algoritmos, fake news y clips de 30 segundos, su figura parece casi la de un precursor salvaje de una lógica mediática que terminó devorándolo todo.

Porque antes de Twitter ya existía Chiche Gelblung interrumpiendo a alguien en vivo.

Y eso, para bien o para mal, también es parte de la historia de los medios argentinos.